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Un pedazo de azul

El 2007 le presenta al país una auténtica avalancha de eventos culturales cuyo insuperable cronograma no puede más que dejarnos boquiabiertos

2010/03/15

Por estos días, cada vez que se habla de política, sólo parecen verse nubarrones en el horizonte. El ambiente ensombrecido por los escándalos del maridaje de política y paramilitarismo parece no dejar resquicio para un pedazo de azul.

Pero sí que lo hay.

Porque a pesar de las duras revelaciones que han salido a flote en noviembre, que parecieran anunciar un 2007 turbio y desalentador, existe una contracara noticiosa que augura días azules para cada uno de los meses del año que entra. Y aunque aún muchos prejuicios heredados se resistan a incorporar en las prioridades de la agenda noticiosa los temas que harán del 2007 un año extraordinario, lo cierto es que sí tienen que ver con una agenda política real. Sí, hablamos de la cultura.

Fruto del trabajo decidido de cientos de funcionarios públicos del área de la cultura y de gestores culturales independientes, el 2007 le presenta al país una auténtica avalancha de eventos culturales cuyo insuperable cronograma no puede más que dejarnos boquiabiertos.

La cantidad, calidad y magnitud de los eventos del 2007 en Colombia cambiarán el clima urbano de las grandes ciudades. Formarán públicos nuevos. Y, en últimas, fortalecerán el lento proceso de transformación del individuo en ciudadano. El año se estrena en Cartagena con un evento que uno pensaría casi imposible: El Festival Internacional de Música, una idea quijotesca de Julia Salvi, y cuyo estreno a comienzos de año promete tanto a locales como a turistas unas vacaciones distintas; el año sigue allí mismo, con el Hay Festival de Literatura, que gracias al éxito de su primera versión en enero de 2006, ha impulsado a Peter Florence y a Cristina Fuentes a triplicar sus eventos, con setenta escritores y periodistas invitados. Pero éste es sólo el abrebocas: la Bienal de Arte de Medellín, que dura todo el primer semestre, tiene un programa ambicioso; en marzo, la entrega de la Gramática Consensuada de la Lengua Española, que será bautizada como la Gramática Medellín, precede la reunión de los académicos para el Congreso de la Lengua de Cartagena. ¡Y los eventos paralelos al Congreso! Las grandes editoriales españolas le han apostado al evento e invitarán a más de cincuenta escritores españoles a Colombia; en abril, Bogotá se estrena como Capital Mundial del Libro, con apuestas que buscan acercar libros y lectores en los barrios de la capital tradicionalmente considerados deprimidos; el segundo semestre acentúa la fuerza que están tomando festivales como el de jazz que se celebra en Barranquilla y al que le siguen los de Bogotá, Medellín y Manizales; o como el de Cine de Santa Fe de Antioquia. La lista es extensa: todo el año será el “año Gabo”: en marzo, el escritor cumple ochenta años; en junio, se cumplen cuarenta años de la primera publicación de Cien años de soledad; en Septiembre, los 60 años de la publicación de su primer cuento; y, en octubre, los veinticinco años de la concesión del Nobel.

A lo largo del 2007 también se inaugurarán ambiciosas obras de infraestructura para la cultura con multimillonarias inversiones como las Bibliotecas Públicas de Medellín y el centro cultural del Fondo de Cultura Económica en el barrio La Candelaria de Bogotá. El Festival de performance en Cali y la Feria del Libro del Pacífico. Además, Colombia llegará el año que viene a La Feria del Libro de Guadalajara como invitado de honor y, según se cuenta, invadirá la ciudad con un programa de lujo.

Tantos eventos revelan que existe un público ávido de ellos, un público dispuesto a comprar, a asistir, a escuchar una música distinta al ruido que emiten las informaciones que dominan los medios masivos, que han hecho caso omiso de manera casi sistemática de la crucial importancia del gigantesco torbellino de trabajo cultural.

Para Arcadia esta avalancha es un elocuente indicador del tamaño de su tarea periodística. No podemos más que celebrar que en este país paradójico y enrevesado sea tan sobresaliente la envergadura de los eventos culturales que se anuncian. Aun así, nos parece necesaria una nota final para apaciguar la euforia: no podemos olvidar que al final del día, el auténtico amor por el pensamiento, la genuina curiosidad del hombre que se pregunta y busca contenidos, son asuntos fundamentalmente solitarios. Los festivales y eventos no son sucedáneos ni de leer, ni del lento ejercicio de la contemplación de un objeto artístico, ni de sentarse a oír buena música. Invitan a hacerlo y ya está. La fiesta es la fiesta, y forma ciudadanos. Pero es sólo en soledad cuando el ser humano se interroga y se aparece en toda su pasional dificultad. Si es cierto que hay que formar públicos, no lo es menos que hay que aprender a estar, sin tanto miedo, un poco solos. Si no, de poco sirve la celebración. Feliz año nuevo, entonces, les deseamos a todos, con medio cuerpo en la fiesta y el otro medio en silencio en el sofá.

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