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Matando el tiempo en Irak

La guerra de Irak no solo ha producido más de tres mil bajas en el ejército estadounidense. Con la opinión pública en contra, Bush y los republicanos ahora enfrentan un nuevo fantasma: sus propios soldados se están convirtiendo en poderosas voces literarias a través de internet en un nuevo fenómeno que pasa de los blogs al papel impreso: los blookers.

2010/03/15

Por Lina María Aguirre

Colby Buzzell toma mucho café y habla entre cigarrillos. Parece un adolescente lleno de tatuajes, vestido con pantalones holgados, gafas oscuras, una cadena colgando y un par de audífonos de los que sale rock pesado. Uno de sus tatuajes podría definirlo: FTW, FuckTheWorld (algo así como ‘que se joda el mundo’). Antes de enlistarse en el ejército de Estados Unidos, Buzell había acumulado una larga lista de trabajos insulsos, y una pobre alimentación basada en fideos baratos y marihuana, aunque dejó la hierba dos semanas antes del examen de ingreso a la milicia en el 2002. Hoy, a los treinta años, es soldado convertido en autor exitoso. En mayo pasado ganó el Lulu Blooker Prize con My War: Killing Time in Iraq [Mi guerra: matando el tiempo en Irak].

El blooker (el nombre hace juego con el Booker, famoso premio británico de literatura) se otorga blooks, libros originados de blogs (diarios personales publicados en la red). El jurado y críticos diversos han señalado a Buzzell como el hombre que ha mostrado lo que realmente significa enfrentar la muerte con cientos de “hombres de negro” (guerrillas) alrededor. Lo ha hecho escribiendo en un acuciante tono en tiempo presente, lleno de angustia y urgencia. Y con la autoridad de quien ha vivido la guerra en carne propia. El suyo es, por supuesto, un recuento en primera persona, subjetivo, discutible, sin profundidad de análisis moral; un blog que se distingue del despacho fragmentario y estadístico de las agencias o cadenas de noticias. “¡Por Dios! No puedo creer que estoy disparándole a un lugar sagrado de oración”, comienza uno de los relatos del blog, justo antes de abrir fuego una vez más contra una mezquita aterrado ante la legalidad de lo que estaba haciendo.

A Buzzell le preocupa mucho la guerra y la suerte de los soldados. Pero no es el personaje que los reclutadores del ejército quisieran publicitar. Tiene opiniones y habla duro. Es sardónico. Crudo. Crítico inmisericorde. Procaz. Rápido con una prosa llena de agallas, humor negro y agresividad. Impaciente con la censura. Inmodesto. Cualidades que desestimaría una oficina de relaciones públicas o una jefatura tradicional de redacción, pero justamente las que lo han convertido en un testimonio único entre los muchos que están llegando desde el campo de batalla, y uno de los precursores de los llamados milblogs [militar blogs], diarios en línea escritos por personal militar. Su escritura sin adornos sobre un diario vivir en combate cautivó al extinto Kurt Vonnegut: “My War... es nada menos que el alma de un ser humano extremadamente interesante que está en guerra, en nombre nuestro, en Irak”, dijo el autor de la mítica Matadero 5.

Fue precisamente la lectura de cientos de recuentos erróneos en los medios lo que exasperó a Buzzell. Armado de un computador, asentado en la blogesfera, en la cual había incursionado un tiempo atrás para paliar el aburrimiento, comenzó a escribir. Buzell había llegado a Irak en noviembre de 2003 y estaba muy ocupado con su ametralladora como para imaginarse en el papel de cronista. Pero veía cómo muchos de sus compañeros pasaban horas con los portátiles conectados a internet, y no solo viendo pornografía. Muchos soldados son hábiles con el arma, con el teclado y con las cámaras digitales: están documentando Irak de una manera diferente (él probablemente no era el único con un ejemplar de Charles Bukowski en el morral).

No es el único

My War se suma a otros títulos sobre la guerra que nacieron como blogs, al estilo del incisivo y conmovedor Baghdad Burning [Bagdad en llamas], escrito por una joven anónima que firma como Riverbend y The Baghdad Blog [El blog de Bagdad], el diario de un blogger pionero: Salam Pax, un arquitecto que mostró cómo era vivir soñando un país diferente y al mismo tiempo padecer la ofensiva de las fuerzas de coalición. Su blog sentó el precedente de que la información sobre esta guerra no podría estar confinada a las fuentes oficiales. El anuncio del premio Blooker coincidió con el del Pentágono de restricciones para blogs de soldados y la prohibición de acceso a sitios como YouTube o MySpace desde los equipos oficiales. Aducen pérdida de eficiencia técnica pero para Buzzell y otros ex militares diaristas muy leídos como Matthew Burden (www.blackfive.net), es una señal de temor del ejército de perder el control de la información. Fred Minnick, ex sargento y blogger-fotógrafo, ha escrito que el día en el que los textos de Buzzell fueron suspendidos fue también “un día triste para el ejército... no sabían cómo controlarlo, entonces simplemente lo pararon”. El cantante Jello Biafra, activista legendario en favor de la libertad de expresión, se manifestó al respecto colgando un fuerte comentario en el blog de Buzzell en contra “de los gánsteres no elegidos popularmente y artistas del fraude que empezaron esta guerra”. No sorprende que a los mandos altos no les hiciera gracia la popularidad del soldado.

Buzzell ha compartido la lista final del premio con otros blooks destacados, como el segundo volumen de PostSecret, la fascinante compilación de secretos postales recibidos por Frank Warren, un artista de medio tiempo; y Washingtonienne, el diario atrevido de una mujer que repasa el Capitolio y otras recámaras importantes del poder político de Estados Unidos. Entre las candidaturas al Blooker, uno confirma la fuerza de temas eternos como la guerra y el sexo (con algunas digresiones hacia arquitectura, enfermedades y políticas anticuadas del Partido Demócrata de Estados Unidos). No son pocos los diaristas virtuales espontáneos que están capturando intensamente “la imaginación del público” y la de editores que navegan la red a la caza del diario personal que se pueda convertir en la siguiente gran revelación. No es coincidencia que el premio esté patrocinado por Lulu.com, compañía pionera en servicios de autoedición en línea. Aunque los autores premiados han publicado sus libros en el mercado editorial tradicional –que funciona mejor para grandes tirajes– está visto que el mundo electrónico sacude imprentas internacionales. De pronto, las cavilaciones íntimas se convierten en un documento virtual que le habla a mucha gente dispar y de paso cambia la vida del firmante, como en el caso de Buzzell: si no hubiera sido por su blog, “estaría todavía lavando platos en un restaurante por ahí y comiendo fideos de cartón”.

Este joven veterano, retirado honorablemente del ejército, ha confesado que la guerra le dejó una secuela de beber más y la diaria constatación de la insensibilidad casi anestésica que produce en muchas personas la información desde Irak. ¿Pero qué puede hacer en realidad la gente, agobiada ya por los años que se acumulan de batalla, muerte, febles esperanzas?, se pregunta en su blog. No lo sabe. Si acaso intentará ahora lo que más le interesa: “Ser civil por un tiempo” y reinventarse la vida como escritor colaborador de Esquire y otras revistas estadounidenses. Nada mal para un alma extraviada entre Mosul y la Bahía de San Francisco con uno de sus  héroes literarios, Charles Bukowski, resonándole todo el tiempo al oído “estas palabras [las] escribo para evitar la locura total”.

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