Antonio Caballero
  • Joseph Blatter y Michel Platini.

¡TRIUNFAMOS!

Hay en el arte magníficos ejemplos de representación de la perversidad humana: caricaturas de Leonardo, esbirros pintados por el Bosco, Papas aulladores de Bacon. En la literatura nada puede parangonarse con el relato evangélico de las treinta monedas de Judas...

2015/06/19

Por Antonio Caballero

Hay en el arte magníficos ejemplos de representación de la perversidad humana: caricaturas de Leonardo, esbirros pintados por el Bosco, Papas aulladores de Bacon. En la literatura nada puede parangonarse con el relato evangélico de las treinta monedas de Judas. Pero tal vez nunca se haya visto prueba gráfica tan inmediata y elocuente como esta foto de la AFP que publicó El Tiempo el día 30 de mayo en su página 2 para ilustrar el más estruendoso escándalo de corrupción de los últimos tiempos. A la izquierda, Joseph Blatter, presidente de la FIFA. A la derecha, Michel Platini, presidente de UEFA, su presunto sucesor.

Toda en tonos de azul: las chaquetas, las camisas, las corbatas, el pelo cano azulado de los dos retratados, las venas de la mano del más viejo de los dos. Y creo que tanto este, el suizo Blatter, como el francés Platini, tienen los ojos azules, aun que aquí no se les ven porque se los cierra la risotada. El azul es el color de la ambigüedad y la sospecha. En las técnicas recientes de publicidad se usa el azul para sugerir, engañosamente, la limpieza, la transparencia, la pureza, para anunciar detergentes para la ropa blanca o lociones para después de afeitar. Es el color del agua, el del cielo. Es el color de la FIFA: Fédération Internationale de Football Association, en su completo nombre bilingüe. La organización que maneja los turbios destinos del inmenso negocio del fútbol mundial. “Eres una mentira con los ojos azules”, sentenció con contundencia el poeta Guillermo Valencia en un soneto sobre una “ponzoñosa alimaña”.

Volvamos a la foto.


Joseph Blatter y Michel Platini.

Se tomó cuando Blatter acababa de ser arrolladoramente reelegido por quinta vez a la cabeza de la FIFA, a raíz del gigantesco escándalo de corrupción revelado por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Reelegido “a pesar del escándalo”, según informaron, no sé qué tan ingenuamente, los periodistas deportivos. Yo, que no lo soy, hubiera pensado lo contrario: reelegido a causa del escándalo, y por sus cómplices en él. Tres días después tuvo renunciar al cargo porque la justicia norteamericana insistió en perseguirlo por toda suerte de delitos. Y es probable que en el lapso trascurrido entre cuando escribo esto y el día en que se publique hayan pasado más cosas: órdenes de captura, suicidios, asesinatos. Pero lo que esta foto del 30 de mayo muestra es por qué fue reelegido el corrupto Blatter: por corrupto. Y por quienes fue reelegido: por los corruptos. Platini, que hace veinte años fue uno de los mejores futbolistas del mundo, era ahora el más severo crítico de Blatter en un juego distinto, el de los negocios del fútbol, y esperaba sucederlo. Pero véanlos juntos a los dos, convertidos, como los llamaría el poeta, en ponzoñonzas alimañas. Vean con qué júbilo se estrechan el puño, ciegos de risa cómplice. Una risa de fieras carroñeras: menudos y afilados los dientes de Blatter, más gruesos carniceros los de Plattini: donde Blatter roe, Plattini desgarra. Vean cómo el uno y el otro atraen la mano ajena hace el respectivo corazón. Casi se les oye romper a cantar a dúo:

¡Une tu voz a mi voz
para gritar que triunfamos!
El mundo ya se cansó:
y aquí seguimos los dos
sin renunciar ni ocultarnos…

Y, ya fuera de cámaras, los imagina uno en torno a la larga mesa de juntas de negocios del deporte más popular del mundo. Discuten de precios de partidos y de árbitros, de costos de transmisiones, de tajadas sobre ingresos publicitarios. Se cruzan airadas palabrotas: ¡Conmebol!, grita uno. Y otro lanza: ¡Concacaf! Y un tercero: ¡Uefa! Y ¡Coca-Cola! Y ¡Adidas! Y ¡Hyundai! Y ¡Budweiser! ¡FIFA!, brama el de la cabecera. Y todos se levantan con risotadas de plácemes y se abrazan como en la foto, y se reparten unos cuantos miles de millones de euros y de rublos y de reales y de petrodólares. Como ladrones en feria.

Todo esto se sabía desde hace años: el suizo Blatter, su antecesor el brasileño Havelange. Y no solo en el fútbol. La misma corrupción chorrea del Comité de los Juegos Olímpicos, de las Federaciones de Ajedrez, de Ciclismo, de Pentatlón, de Vela, de Boxeo, de Billar. Tan corruptas son todas que parecen iglesias bendecidas por Dios.

Pero que no vengan ahora con que la ministra norteamericana de Justicia que destapó este último pastel es, como dijo un famoso comentarista de fútbol colombiano, “una berraca”. Sólo vino a destaparlo cuando los Estados Unidos, vencidos por los sobornos de Qatar, perdieron la designación como país sede de la Copa Mundo para el año 2022. Veremos si ahora, cuando se vuelva a barajar, la ganan –oh, limpiamente, eso sí– los Estados Unidos.

Porque el negocio sigue igual. Futbol, sí: pero sobre todo pagos, cobros, porcentajes sobre hoteles y aviones, balones y camisetas. Me acaba de llegar de mi banco un correo electrónico no pedido. Me preguntan, solícitos: “¿ya tienes la camiseta de tu Selección?”.

Siguen triunfando.

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