Bienal Iberoamericana de Medellín

Andrés Ramírez comenta lo que vendrá a la Bienal Iberoamericana de Arquitectura de Medellín.

2010/09/11

Por Andrés Ramírez

Hace dos años escribí un ensayo sobre el estado de la arquitectura contemporánea en Colombia durante la última década, texto que se publicó en el libro de conmemoración de los primeros diez años de las Bienales Iberoamericanas de Arquitectura. Redacté ese texto meses antes de iniciarse la Bienal, y en él planteé la siguiente tesis: “El principal avance de la arquitectura contemporánea nacional consiste en el trabajo coordinado entre los sectores público y privado, hecho que ha permitido adelantar obras de gran escala, la mayoría de ellas adjudicadas a través de concursos democráticos y transparentes”.

 

Puse como casos particulares de estudio a Bogotá y Medellín: “Ciudades que durante este período han puesto en marcha revolucionarios planes arquitectónicos y urbanísticos, la mayoría de ellos de carácter educativo construidos en sectores deprimidos”. El jurado de la Bienal estuvo de acuerdo con esta idea y seleccionó entre los finalistas cuatro proyectos públicos y educativos construidos en Medellín, entre ellos el ganador: la Biblioteca Santo Domingo, diseñada por el arquitecto Giancarlo Mazzanti. Este logro arquitectónico y político le significó a Medellín ser la sede de la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura, evento que se celebrará entre el 11 y el 14 de octubre próximo.

 

Para esta edición el jurado seleccionó 35 proyectos entre 128 propuestas presentadas. Las obras finalistas plantean un panorama objetivo sobre la arquitectura contemporánea iberoamericana. En ellas se lee una arquitectura local insertada dentro del circuito de la arquitectura internacional; propuestas más interesadas en los efectos que los edificios producen en las personas y en el entorno que en la búsqueda de un lenguaje formal que represente una “identidad regional”. No es arquitectura iberoamericana, es arquitectura universal.

 

Colombia se encuentra representada con dos proyectos: el Colegio Santo Domingo de Medellín, de la firma Obranegra —ganador del Premio Nacional de Arquitectura 2010—, y el Jardín Infantil El Porvenir, en Bogotá, de Giancarlo Mazzanti. Ambos edificios tienen como características en común el haber sido adjudicados mediante concursos públicos, con una función pedagógica y construidos en barrios marginales. Además plantean como solución formal una arquitectura universal, audaz y sugestiva, generosa por igual en el tratamiento de los espacios interiores y exteriores.

 

Todo está listo para la apertura de la próxima Bienal de Arquitectura. Solo me resta hacer una petición a los organizadores del evento: es contradictorio promover un evento de arquitectura en el que se premian obras por su sencillez y capacidad de síntesis utilizando un lenguaje grandilocuente y rococó. La página web oficial de la Bienal presenta el evento de la siguiente manera: “Se abordará la noción de ‘una arquitectura de valores’ en estos escenarios de alto potencial, donde las intervenciones públicas y privadas han de plantearse como elementos de una planificación rigurosa y crítica que debe lograr, desde posicionamientos éticos, la necesaria integración ciudadana”. Aparte de eso, bienvenida la Bienal.

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