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Buen viento de Guerra

Nicolás Morales escribe piropos a Los viajes del viento del director colombiano Ciro Guerra

2010/03/15

Por Nicolás Morales

Tanto va el cántaro al agua que al final se rompe. Ciro Guerra ha realizado la primera película colombiana decente —no televisiva— de este milenio. Atrás han quedado los serial killers de Chapinero, las vendettas de narcos, los Miguelitos perdidos en el cartucho, las ministras eróticas y los recogelatas colombianos de Nueva York. Atrás han quedado toneladas de seriados de televisión en cine, pésimos guiones y ensayos de hijos de papi con las cámaras de video del tío Armando.

La postulación de Los viajes del viento a la muestra de “Una cierta mirada” en el festival de Cannes no es gratuita aunque, aquí entre nos, algo habrá ayudado el maquinado lobby de funcionarios colombianos y franceses. Pero es comprensible. Había que jugársela, pues no existe ninguna certeza de que este milagro se vuelva a repetir. Para la muestra, los lectores recordarán, solo este mes, las dos particulares películas colombianas de nuestra cartelera: El arriero, realizada, creemos, por algún Body Channel de segunda categoría, y Riverside, financiada probablemente por la sección de cine B de un canal ecológico de cable latino de Nueva York.

Volvamos a Los viajes del viento. Arcadia, en portada, se les adelantó a todos los medios y lo predijo un año antes: “Una de las más prometedoras películas de los últimos tiempos”. La triada de críticos de cine Chaparro, Silva y Laurens la certificaron en las últimas semanas. Y la taquilla, por lo que nos cuentan, respondió. Qué bien: públicos y críticos reconciliados como desearía un crítico de un laboratorio local que espero perdone alguna vez mi pluma despiadada en una anterior columna.

Es obvio que la película de Guerra tiene el tufillo grato de una soberbia obra maestra de Jim Jarmusch, llamada Dead Man. El viaje en clave de introspección en el marco de un paisaje sobrio, en el que las atmósferas y lo visual reinan. Guerra, a mi juicio, construyó un film arriesgado, de ritmo lento, que no busca gustar sin exigir. No es un producto empacado bajo la franquicia de lo real maravilloso, aunque no desconoce sus vínculos. Se trata de una película en la que la ambientación es impecable y en la que, por fin, se pensó en el guión, los diálogos y la continuidad.

Los viajes del viento no es una película perfecta: las postales indígenas no son convincentes, algunas actuaciones secundarias flaquean peligrosamente, algunos planos exageran el esteticismo y la película no despega tan bien como uno quisiera. Tampoco se trata de una obra maestra. Y es bueno decírselo a un director joven del que dicen que tiene un ego poderoso. Esta aún no es una película como La Ciénaga, de Lucrecia Martel, ni tampoco La teta asustada, de Claudia Llosa, o Batalla en el cielo, de Carlos Reygadas, por mencionar solo tres perlas de la reciente cinematografía latinoamericana. Pero, Ciro, lo reconocemos: tu cinta está hecha con dignidad, con ambición y con altura. Por cierto, no es que Apocalipsur, de Javier Mejía, no me haya gustado, pero es que la película de Guerra es mucho más contundente: es un paisaje con relojería, como diría Guillermo Cabrera Infante.

Y por supuesto esta película vuelve a disparar la polémica de los guiones en Colombia. Porque este es un buen guión. Es un guión y no un infomercial de hora y media sobre las futuras telenovelas de RCN. Muchos de los proyectos financiados con aportes de las deducciones tributarias o con el dinero de los fondos para el desarrollo cinematográfico deberían tomar ejemplo de este. Los jurados deberían premiar proyectos de calidad, y parar los que son un desastre. Se supone que ya superamos la época del sobreprecio y, en consecuencia, la calidad debería ser el criterio para evaluar las propuestas que llegan a los concursos.

Creo que David Melo, director de cinematografía, y Claudia Triana, directora de Proimagenes y sus equipos pueden estar satisfechos. Las cosas comienzan a salirles bien. Y tiene que ser así, porque han trabajado mucho por hacer despegar el cine nacional. De lo que se trata ahora es de financiar y premiar más cortos y medios de jóvenes con la ambición y la calidad de Guerra y no tantos largometrajes de “porno realismo mágico”.

Piropos para Los viajes del viento. Para que no vayan a decir mis contradictores que solo escribo sopores contra editoriales planetarias.

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