Carátulas asesinas

Nicolás Morales hace un conteo de las carátulas más feas de libros publicados en Colombia.

2011/05/03

Por Nicolás Morales

Dicen los manuales de edición que no hay nada peor que una carátula frondia para vender un libro. Sin embargo, hemos sido testigos una y mil veces del horror hecho portada, un horror que se vende por millares. Los cinco libros que presentamos a continuación se han saltado estas simples pautas de decencia y sus diseñadores, si es que existen, deberían pagar con cárcel la afrenta que le hacen con sus adefesios a la sociedad, pues, si todos los libros se vieran como estos, tendríamos una muy sólida explicación de porqué la gente no lee en este país.

 

Como un bolero, de Fernando Quiroz (Planeta). Solo Dios sabe si nos gusta este escritor, pero los buenos diseñadores no se cruzaron en su camino. En la portada vemos a una mujer de vestido rojo satinado. Sobre ella, una tipografía plana, pero arandeluda y con partes derretidas pone el título. Esta portada softcore puede cautivar al lector viudo, en plena crisis de los cincuenta y con pocas probabilidades de ligue, pero estamos seguros de que hay para este libro muchos otros lectores a quienes todo este rollo visual les parecerá sencillamente inmundo.

 

Mi viaje al infierno, de María Jimena Duzán (Norma). Un buen libro cuya carátula se hizo infierno ella misma. Parecería que el diseño se hubiera trastocado con el del cd Corridos prohibidos: Banda Machos en vivo. Hagan la prueba de sustituir los textos y podrán darse cuenta de que así tendría todo más sentido. Lástima, porque este libro realmente merecía algo que pudiera llamarse “diseño editorial”.

 

El mundo al revés. Más que sobrevivir al secuestro, de Alan Jara (Norma). Al revés quedó el diseño de esta portada en la que complotaron una mala diagramación, una pésima fotografía y una revisión de carátula nula. Todos sabemos que Alan Jara no es uno de los colombianos más guapos que conocemos pero, por favor, como lo sabemos, no usemos un primer plano de su rostro para promocionar un libro. Por otro lado, ¿hasta cuándo nos van a atormentar con letras puestas al revés en los títulos de todo lo que se nos cruza por delante? Señores diseñadores, si no lo pueden evitar, váyanse a Rusia a diseñar en cirílico.

 

9 Maneras de morir, de Carolina Cuervo (Planeta). El dibujo mocho, la tipografía cercana a Comic Sans pero un poco peor, el 9 gigantesco en el título (se supone, según la RAE, que ese nueve debería ir en letras y no como número, lo que comprueba que no solo le faltó diseño, sino también corrección de estilo) y el “talento” de Betty la fea como ilustradora, han aunado todos sus esfuerzos para matarnos “9” (nueve) y más veces antes de abrir siquiera el libro.

 

El don de la vida, de Fernando Vallejo (Santillana). A diferencia de las otras portadas de este listado, esta no tiene nada de chistoso. El diseño es pésimo, a secas, porque confunde al lector: no ofrece elementos para saber si hablamos de una novela, de un libro de ensayos o de una tesis de Vallejo sobre la erosión y el cuidado del ambiente. Nos tropezamos con esas letras de tierra seca y se acabó. La ecuación Fernando Vallejo = aridez, tras de obvia es injusta con un autor que merece un poquito más de cuidado pensando, por lo menos, en el prestigio con el que sus obras alimentan la reputación de esta editorial.

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