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Chuzar

En su columna de este mes, Carlos Castillo Cardona habla de la palabra más popular de marzo.

2010/03/15

Por Carlos Castillo Cardona

Chuzar, acción consuetudinaria, es la palabra más popular de marzo. Vale la pena hundirse en sus orígenes y significados variopintos para comprender qué le pasa a alguien cuando está chuzado.

Corominas dice que un chuzo, palabra en uso desde 1607, es un palo armado con un pincho de hierro. Se dice que es de origen incierto. Según el DRAE, quizá es metátesis de zucho, del árabe hispano zúgg, y este del árabe clásico, Zugg. Pero Corominas dice que quizás es un “derivado regresivo de chuzón, (1525-47), que a su vez sería alteración de suizo o zuizo, porque la soldadesca suiza usaba esta arma”. Es decir, ¡oh paradoja!, que en la más modernas de las acepciones el chuzar también se ejerce por miembros de las armas y de la inteligencia del Estado, sin saber que están usando una antigua arma de guerra.

Sobre ese moderno sentido, muy ligado a los avances de la tecnología, y en especial al de la electrónica, chuzar se ha convertido en la palabra que describe la acción de interceptar con mala intención las conversaciones telefónicas de las personas con el fin de denunciar públicamente sus actos o acusarlas ante las autoridades o simplemente chantajearlas. Parece ser que esa práctica ocurre en varios países, aunque se usan palabras distintas como pinchar en España o to bug en el idioma inglés. Famoso fue el escándalo de Watergate que acabó con la caída del presidente Nixon. El verbo to bug viene de bug, es decir, insecto, por el ruido de fondo que hacen los insectos, que se oía cuando alguien tenía el teléfono intervenido, especialmente en esas épocas electrónicas atrasadas. En España, en cambio, el verbo pinchar se usa igual a chuzar, a pesar de que un pincho parece ser más delgado o fino que el chuzo. Pero, la práctica de la intromisión en la vida ajena parece ser tan brutal como en otros países, especialmente si se tiene en cuenta que los miembros de un mismo partido, el PP o Poder Popular, de la derecha española, se pinchan y espían entre sí.

Es verdad que también existen acciones de chuzar, pinchar o to bug con autorización legal, con propósitos limpios, aunque a mi entender son las más escasas.

Resultan muy reveladoras las palabras que guardan afinidad con chuzar. Por ejemplo, chuzazo, que es el golpe dado con un chuzo. En este estado de cosas, el sentido de otras palabras son muy creíbles, como el de chuzón, que es un ser astuto, difícil de engañar o, diríamos nosotros, difícil de pescar cuando está tan protegido por el Estado. Por el contrario, otros sentidos de chuzón son inaceptables, como eso de que es el que tiene gracia para burlarse de otros en la conversación. O pensar que una chuzonería es una burleta. A ningún chuzado le hace gracia que lo chucen, y mucho menos el que lo chuza. Nadie quiere quedar como un chuzo de carne asada o shish kebab, como nos recuerda el Diccionario de la Che, de Arias y Troller.

Otros sentidos de chuzar son muy comprensibles, como los de punzar o herir. Y jeringuear, que es molestar, también puede ser una chuzada con jeringa. No hay que olvidar que un chuzo es el puñal rústico de las cárceles, y en Cuba es un látigo hecho de vergajo que va adelgazándose hacia la punta.

En fin, si pensamos que chuza es un lance de los bolos o del billar que consiste en que un solo jugador tumba todos los palos de un solo golpe, el sentido queda completo. Sobre las chuzadas en Colombia no vale la pena hablar. Todos sabemos que llueven chuzos o llueve a chuzos, que es lo mismo.

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