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Oda a CM&

Nicolás Morales destaca la labor periodística del noticiero que dirige Yamid Amat, "el más potable de los telediarios en la franja entre semana de nuestra pobre provincia informativa".

2013/09/12

Por Nicolás Morales





Ahí está, discreto en su horario, como una pequeña perla que aguanta la embestida de las mareas del gran rating. Aunque poco visto, dice siempre estar muy bien calificado por su audiencia. Antes que nada, y para no espantar a mis lectores, afirmo sin ninguna ambigüedad (aunque esto ya lo sabe todo el mundo) que este noticiero está a años luz de ser perfecto. Pero hoy me gustaría limpiarle el ojito al tuerto, porque se lo merece en este lodazal de ciegos. Por eso y solo por eso, aquí van las ocho cosas que hacen de CM& el más potable de los telediarios en la franja entre semana de nuestra pobre provincia informativa.

Está ordenado. Es decir, tiene un guion. Las noticias se dividen por secciones y por relevancia. No como en los notis de la gran audiencia, donde el estilo y el entretenimiento deportivo se salpimentan con un poquito de uribismo sobre la salsa de muertos.

Hay periodistas. Casi todos los periodistas desarrollan las notas con un esquema juicioso. Hay un protocolo en la noticia que hace claro, dentro de una estructura narrativa aristotélica, su sentido. En CM& hay jefe de redacción. Y ese jefe de redacción se diferencia con claridad del séquito de jóvenes de buena familia con la vocación confundida que optan por el periodismo en las grandes cadenas nacionales.

Cero sangre. El amarillismo, por lo menos el básico, está desterrado. Aquí el noticiero no arranca con la violación múltiple o el motociclista decapitado. El peso lo pone otro universo, más relevante y rico en grises.

No hay vedettes. Los presentadores se limitan a dar noticias, sin dárselas de ingeniosos y sin intentar demostrar que son un mar de desparpajo ni que van al gimnasio. Un noticiero es para las noticias, no para los presentadores, y por eso CM& les da sopa y seco a los otros.

Es ligeramente progresista (aunque). CM& logra moderar la información sin tomar partido excesivamente por ninguno de los contendores. Cierto, no es un noticiero muy crítico ni tampoco está en la zona de la independencia de los poderes políticos o económicos. No es Noticias Uno, está claro, pero es moderado. Y eso se aprecia. Salvo, claro está, en el odio que en ellos suscita Gustavo Petro, posición en la que sí están alineados con... bueno, con todo el mundo, según afirmaría RCN.

Respeta el status de lo internacional. En los noticieros de pacotilla lo internacional se limita a mostrar el video tomado de YouTube, en la peor resolución posible, de un niño filipino alcohólico que baila con un panda. Aquí, en cambio, hay rigor en la presentación de tres o cuatro noticias de primer nivel, algunas complementarias –siempre mirando en dirección a Latinoamérica– y un par de notas de salud y tecnología. El mundo, en CM&, es un poco más parecido al nuestro y mucho menos parecido al aterrador panorama de miedo que los otros ven de Bolivia a Bangladesh.

Cree en la investigación. Mauricio Gómez es ya una institución. Es bueno y sus informes son legendarios. Pero ¿por qué no rotar periodistas con la misma contundencia? ¿Por qué esperar a que Gómez se inspire cada tanto tiempo?

Es web-adicto. Las secciones web plantean ya la complementariedad. El noticiero busca noticias en la Red (en distintas redes) y es juicioso con las aplicaciones, aunque a veces tienda a caer en la pseudotecnología y en la pseudociencia.

Obvio, en CM& no todo es sublime. Las secciones de cultura son muy flojas. Eso sí, como toda la televisión nacional, prefiere privilegiar eventos que parecen sacados de la agenda de la revista Caras. Y, obvio, para terminar, las notas políticas del 1, 2, 3 que no son más que un puñado de favorcitos, zancadillitas y chistecitos internos. Pero, con todo y eso, cada noche espero ese espacio para tener algo de claridad sobre lo que sucede y no sucede en este país. Y eso, créanme, yo lo agradezco.

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