Lucas Ospina.

Crítica de arte en el Gótico Tropical

Lucas Ospina hace uns analisis sobre la crítica del arte en la actualidad con motivo de la inauguración de dos exposiciones en el Museo de La Tertulia de Cali.

2015/09/16

Por Lucas Ospina

En Carne de tu carne, la película de 1983 de Carlos Mayolo, una familia afectada por una gran explosión en Cali, debe partir temporalmente al campo, a la hacienda de donde proviene su riqueza a costa de la relación feudal entre señores y señoras, señoritos y señoritas, y lacayos y sirvientes. A los

protagonistas, Margaret y Andrés, una pareja de medio hermanos quinceañeros que apenas se conocen, los une el interés por lo desconocido, el pasado turbio de su familia y el cuerpo del otro.

La primera parte de la película es expositiva –el realismo histórico–, la segunda es delirante –la imaginación como amenaza de lo real–. Tras la primera explosión sigue una segunda, el acto sexual entre los jóvenes, observado por los fantasmas, vampiros y espectros de la familia. La endogamia del poder y los mitos campesinos de terror se trenzan en una mezcla de artificio y naturaleza con desmesura religiosa. Al final, los dos jóvenes no logran sobreponerse al malestar culposo que sienten y son devorados por la manigua del pasado, son un par de muertos vivientes anegados en la trama de un género incipiente inventado sobre la marcha: el Gótico Tropical. Mayolo, con la misma seriedad con que los niños juegan, definía así la moraleja de su experimento: “Al final quedan los dos amantes sanguinarios erguidos en frente de su tumba, mirando al infinito. Entre la niebla, se oculta la maldad que llega hasta nuestros días. Están vivos”.

En julio, en Cali, se inauguraron dos exposiciones en el Museo La Tertulia: Las cosas en sí, un sistema frágil y Tautatropía, metodología del engaño, de los curadores Herling Ferla y Riccardo Giacconi. Ambas muestras formaban parte del xv Salón Regional de Artistas, Zona Pacífico, del Ministerio de Cultura, y fueron criticadas con dureza. Se les reconocía uno que otro atributo, pero el dictamen general era negativo y los ataques venían por lo alto y por lo bajo.

Por un lado, Miguel González, antiguo curador de La Tertulia, ofició de guía espiritual del arte regional, dejó el hábito de la reseña elogiosa, tan propia de la corrección política del gremio curatorial, para hacer, por esta vez, crítica incluyente y excluyente, homeopática en elogios y generosa en calificativos negativos. En su breve texto, que algunos correveidiles hicieron circular por redes –González no parece ser dado a lo cibernético–, el alto y veterano sacerdote colmó de adjetivos a los jóvenes curadores: ignorantes, insignificantes, banalizadores, mutiladores, peregrinos, atrevidos, groseros, abusadores, opacos, oscuros, improvisadores, engañadores, anacrónicos, derivativos, facilistas, burdos, refritos, esforzados, ágrafos, analfabetas, mudos, ignorantes, tramadores…

Una guerra de memes, tan reaccionarios como juveniles, criticaba por lo bajo la exposición con libelos, frases alarmistas, y uno que otro montaje tan malo, que de lo malo daba la vuelta y se volvía divertido. En la mitad del espectro estaba la prensa, sobre todo el periódico El País, que tomaba parrafadas enteras para confrontarlas con tibieza pero sin cotejar críticas con hechos.

El problema no es que haya o no crítica, el problema es que solo haya una crítica, un tipo de crítica. Por fortuna, con el paso de los días, en internet circularon varios textos que se alejaban de la criticadera inicial y le hacían contracrítica a la crítica, interpretaciones que encontraban actos legibles en las exposiciones, acciones concretas y aciertos de la curaduría que, por astucia o ignorancia, fueron omitidos en las primeras reacciones. La información está disponible en la red (en esferapública.org), pero todavía es pronto para saber si en el teatro del arte en Cali el vampirismo del pasado devoró a los jóvenes del presente, si estamos ante un gamonalismo zombi tan esteticista como estático o ante una singular apertura de sentido, si el Gótico Tropical continúa como género ominoso o si la ciudad podrá salir del eterno retorno de lo mismo de siempre.

A uno no se le ocurre que las pugnas sociales puedan replicarse de manera tan esquemática en el universo de lo sensible. Quizá las palabras del artista George Clark podrían servir para entender algunas de las aristas de este nuevo episodio en las batallas de la cultura: “La dialéctica artística funciona como lo hace un pueblo oprimido que, empuñando la bandera de la libertad, hace la revolución contra sus tiranos, pero que luego, cuando sus dirigentes toman el poder, oprimen a su vez al pueblo que alguna vez los apoyó. La novedad y primicia en el arte deben luchar contra los prejuicios del arte establecido que le negarán el derecho de ser arte por no adecuarse a los ‘criterios establecidos’; luego, una vez aceptada la primicia, esta se vuelve norma y luchará por impedir la emergencia de nuevas primicias que querrán a su vez destronarla. Por ello, quien se atreva a ser primicia participa de una naturaleza heroica y trágica, pues se dirige con determinación hacia su posible fin como lo hace la primera fila de una carga de infantería. El oponente es la incomprensión (y el temor) de lo ‘normal’. Como dijo Nietzsche en boca de Zaratustra: “Oh hermanos, quien es primicia es siempre sacrificado. Ahora bien, nosotros somos primicias”.

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