Sanjay Fernandes Domecq

Cultura digital: ¿Cómo se Come?

Sanjay Fernandes Domecq habla en su columna sobre la cultura digital.

2014/08/22

Por Sanjay Fernanades Domecq* Consultor en Cultura Digital

En el discurso sobre tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se habla de “cultura digital” para hablar de todo aquello que tiene que ver con “lo digital” y lo que suena a tendencia. Como casi todo lo que está de moda, por lo reciente de su aparición –cerca de 20 años– y la velocidad a la que se masifica–, a la televisión le tomó más de medio siglo y ningún otro medio tiene la capacidad de almacenamiento y transmisión de datos que tiene internet–, el término no tiene una única definición.

  Dentro de los entusiastas de la tecnología –en particular los gobiernos– existe la creencia de que la promoción de la cultura digital hace que vivamos mejor. Los que somos críticos a esta fe creemos que la idea de vivir mejor debe ser analizada con cuidado, no limitarse a que la promoción de la cultura digital sea embutirle tecnología a la gente, pensando que su vida es menos si no tienen Facebook. Al Estado le serviría una definición de cultura digital que permita digerir este tema sin presiones, sin sucumbir a la avalancha comercial de las grandes empresas de telecomunicaciones y tecnológicas.

 Propongo una definición de cultura digital como el “conjunto de prácticas y relaciones sociales en donde se crea sentido y se re-significan las formas de interacción social, por la mediación de tecnologías digitales inter-conectadas como el uso de internet y dispositivos como computadores, tabletas y celulares, entre otros”. Es decir, hay prácticas sociales que se han transformado por la era digital, como la producción musical, y otros que se crearon específicamente por el mundo digital, como el arte de internet (web art). Hay relaciones sociales que se han resignificado en la era digital como el social media o el activismo, y hay otras que han emergido de la cultura digital como los hackers y el código abierto.

 Así, el Estado puede tener un camino sencillo: primero, mapear esas prácticas diseñando sistemas de escucha de las necesidades e intereses de la gente que le permitan construir políticas públicas desde la base. Las tic permiten hacer esto de manera económica, colaborativa, descentralizada y de rápida retroalimentación entre la gen-te y su gobierno. Luego, pueden promover las prácticas existentes apoyando la formación de lo ciudadanos en lo que estos consideran valioso para su vida, y apoyando la creación de contenidos y tecnologías de aquellos que están logrando transformaciones para vivir mejor. Así, por ejemplo, las mujeres indígenas y campesinas de Cauca y el Cesar pudieron generar una red de víctimas del conflicto que buscan acceso a la justicia. La cultura digital les sirve para intercambiar sus experiencias y hacer más eficientes sus reclamos en grupo, con el uso de internet y sus teléfonos celulares. Estas acciones deben ser acompañadas de una política de uso y manejo de información que respete los derechos a la libertad de expresión, la privacidad y la transparencia estatal.

  Si esto es lo que hace el Estado, es posible que la cultura digital nos permita vivir mejor, no solo por el aporte a nuestra productividad sino a nuestra libertad, identidad, ocio, afecto, participación, entendimiento y protección, en lo que somos, hacemos y tenemos.

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