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Cultura: el teflón de Petro

Nicolás Morales.

Sopor i piropos

Por: Nicolás Morales

Publicado el: 2012-10-30

Los guerreros atacan por mil flancos y la defensa, aunque desorganizada, resiste. Los temas, a punta de sentirlos en carne propia o de escucharlos cada mañana en las emisoras, los conocemos hasta la saciedad: de la movilidad al desarme, pasando por la asistencia a drogadictos y la defensa de los animales. Las columnas de opinión contra la Alcaldía han ido construyendo impenetrables trincheras de argumentos razonados y espectaculares intrigas. Y así con todo, menos con la cultura. ¿Dónde están las polémicas sobre las políticas culturales (o sobre su ausencia) en la administración distrital? Aunque tal vez habría con qué sazonar un pegote sabroso de calumnias y de elogios, la sartén sigue impecable con su teflón intacto por falta de uso. La hipótesis de que a nadie le importa la cultura está descartada. Mockus transformó el sector mostrando que todo pasaba por ahí y que ningún alcalde podía desdeñar su impacto. Sin embargo, el silencio es preocupante y por eso me he sentido motivado a especular, como siempre, cargado de los mejores deseos.

Del mismo modo y en sentido contrario. Con un plan de desarrollo que en lo cultural parece escrito por un ser del espacio exterior, es difícil entender las distintas iniciativas que están concebidas desde el papel. Parece que de lo que se trata es de poner a gritar a todo el mundo al tiempo sin que esos gritos se articulen a una visión de conjunto. Eventos por doquier, comparsas un día sí y al siguiente también, pero al revés, campañas publicitarias (algo tontas) y un largo etcétera, delatan un entramado incomprensible.

Mork llamando a Orson... En realidad, habría que repensar todo el organigrama del sector cultural pues la correlación de poder actual no permite entender quién manda y, a falta de una voz autorizada, abundan los chismes sobre los cruces de mando: que la Secretaría de Cultura no se mete con el Instituto de Patrimonio; que nada se mueve en el Idartes sin el permiso de la Secretaría de Cultura, que el Observatorio de Cultura es rueda suelta, que la Gerencia Audiovisual y la de Artes son las únicas que hacen la tarea; que la Secretaría de Cultura conjugó muy bien el estilo autoritario y dubitativo de Petro, que por ello hay olas de renuncias, etc. Aunque los chismes no construyen diagnósticos certeros, sí cimientan los pocos análisis que se pueden hacer.

Costa Concordia. En el sector cultura, la estabilidad general de los altos cargos sorprende. Pero esta supuesta “estabilidad” quizás no señala que el barco es guiado con pulso firme sino que fue abandonado por su capitán, como el Costa Concordia. En la estructura, mucho más técnica, hay desbandada. Algunos lamentables, como la salida de los expertos Paola Caballero, Ramón Villamizar, Pilar Lozano, Víctor Manuel Rodríguez y, parece, Adriana Urrea. Eso sí, el gobierno distrital ratificó a Ana María Alzate en la Fundación Alzate Avendaño, lo que confirma la supuesta escrituración de la entidad a tan distinguida señora de derechas.

¿La Cul qué? Los concejales radicales y los moderados adversarios del Distrito no han iniciado debates sobre el manejo del sector cultura, una discusión que desdeñan como si fuera costura. De los concejales políticos era de esperarse. Pero no de Angélica Lozano, Juan Carlos Flórez y Carlos de Roux. Los tres ya podrían meterle muela al asunto. Lo peor de todo es que a Petro pareciera que tampoco le interesa esta discusión. Todos sabemos que la izquierda mamerta siempre fue torpe con lo cultural porque creía que se trataba de una manifestación burguesa pero, la verdad, creímos que los progresistas habían roto con ese legado.

Lucho Garzón le dio continuidad a un pensamiento estructural heredado de la mejor secretaria de Cultura de todos los tiempos, Rocío Londoño. No digo que el balance de estos diez meses en cultura sea una catástrofe. Hay algunas cosas interesantes. Pero me temo que no tenemos una lectura que nos diga que tanta articulación existe en el sector. Es por eso que sería fundamental un balance concienzudo del primer año. Tenemos que ponerle ojo a lo que suceda en el sector cultura antes de que nos digan que se hundió el barco averiado de la izquierda municipal.