Dos teatros Colón

Andrés Ramírez inaugura su columna de arquitectura con una reflexión en torno al Teatro Colón de Buenos Aires.

2010/04/21

Por Andrés Ramírez

El Teatro Colón de Buenos Aires parece hoy una monumental máquina cubierta por andamios y grúas. Cerca de mil personas trabajan a todo vapor para culminar el proyecto argentino de restauración más ambicioso del último siglo. La meta es reabrir las puertas el próximo 24 de mayo, dando inicio a las festividades del Bicentenario de la Independencia.

El Colón es uno de los edificios más representativos del período republicano argentino y uno de los principales íconos culturales de la nación. Fue inaugurado en 1908, tras dos accidentadas décadas de construcción. Cuenta con 58.000 metros cuadrados de área cubierta –el Teatro Colón de Bogotá posee 10.000 metros cuadrados aproximadamente–, y un particular estilo neorrenacentista italiano que lo posicionan como el recinto de ópera más importante del continente.

Por eso, hace una década las autoridades de la ciudad emprendieron un complejo plan maestro de restauración que dividió aplausos y críticas entre la prensa y la ciudadanía. Las denuncias, que van desde el retraso de las obras hasta supuestos malos manejos en los presupuestos, se diluyen cuando se ingresa al edificio y se comprueba la magnitud del proyecto.

El escenario –35 metros de largo por 34 metros de fondo y 48 metros de altura– ahora muestran un reluciente piso de madera, dos plataformas de elevación mecánica, un nuevo disco giratorio y un segundo puente de luces. Los asientos, pasamanos, entelados de muros y cortinas de los palcos se tapizaron con terciopelo de lana ignífuga (a prueba de incendios) y se instalaron puertas contra incendios en todos los accesos.

La sala principal recuperó su brillo de antaño con sus tonalidades rojas y doradas bajo la tradicional cúpula celeste pintada por el artista Raúl Soldi. Maestros orfebres recuperaron las pátinas doradas, estucos, yesos, bronces y mosaicos del hall, salones, palcos y corredores. El tradicional telón de terciopelo rojo se restauró y será utilizado en ocasiones especiales. Para el resto de funciones se dispone de un telón diseñado por el artista argentino Guillermo Kuitca y la escenógrafa Julieta Ascar. Otro frente de trabajo permanece oculto al público bajo las ocho plantas subterráneas que posee el teatro. Con un diseño contemporáneo que armoniza con la arquitectura antigua, allí se dispusieron nuevas salas de ensayos y talleres.

En pocos días se reabre el Teatro Colón de Buenos Aires. Esa noche la ópera La Bohéme, de Giacomo Puccini, dará inicio a una de las celebraciones más fastuosas del continente. Mientras tanto, en nuestro país nos estaremos preguntando: ¿En qué van las modestas obras de restauración del Colón de Bogotá? ¿Se reabrirán sus puertas con ocasión de nuestro Bicentenario de la Independencia?

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