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El ETESA de la cultura

Nicolás Morales afirma que el Archivo General de la Nación, con su nuevo director, se ha convertido en una especie de ETESA.

2010/03/16

Por Nicolás Morales

El Archivo General de la Nación tiene nuevo director. Un desconocido de nombre Armando Estralgo, al parecer abogado, pero con capacidades gerenciales (según asegura Estralgo cuando se le pregunta cómo diablos llegó a ese cargo). Aceptémoslo: su profundo conocimiento mercadotécnico y su capacidad gerencial lo llevaron a ser elegido el nuevo jefe de la entidad nacional rectora de la preservación de la memoria histórica en Colombia. Este asunto fue destapado por el columnista Jorge Orlando Melo, y es igual o más suculento que el nombramiento del director de la Radiodifusora Nacional.

En cabeza de este tinterillo al parecer vuelve la politiquería al sector cultural. Los últimos ministros y ministras habían preferido politizar mínimamente las instituciones adscritas por lo que, salvo contadas excepciones, se nombraron funcionarios calificados -mucho más eficaces e interesantes que los amigos de la clientela–. Pues bien, se rompió la buena costumbre de las prácticas meritocráticas, por puras presiones políticas externas. Dicen que el nombramiento no llegó del Ministerio de la Cultura sino de la Presidencia de la República. Cecilia Orozco Tascón, columnista de El Espectador, afirmó hace poco que Estralgo era una cuota del senador Samuel Arrieta y que tiene nexos con Luis Alberto Gil. En todo caso, hace mucho que no veíamos algo así: ¡el Archivo Nacional convertido en una especie de ETESA!

Como volvemos a la fórmula del país de la ignorancia donde “para gerenciar cultura no hay que saber de cultura” propongo un cambio de cabezas en las instituciones culturales más importantes. Dejemos atrás la idea de que es necesaria gente competente para liderar un sector que, como lo sugiere el propio jurista Estralgo, lo pueden manejar unos asesores por honorarios.

En el Instituto Caro y Cuervo propongo nombrar a un gramático conservador que sea cuota de José Galat. Su primera tarea será limpiar el idioma de la correspondencia de modernismos. La segunda será sacar a los académicos y dejar solo un par de funcionarios correctores que respondan el teléfono. Nada de maestrías ni cursos que esto no es un centro académico sino un monumento a Miguel Antonio Caro. En el Instituto Colombiano de Antropología e Historia propongo nombrar un empresario hermano de un político de la Sierra Nevada de Santa Marta que esté ligado a expulsiones y desplazamiento de indígenas. Regio que tenga en su expediente exportaciones ilegales de patrimonio arqueológico disfrazado de artesanías Cano. Y que no sepa historia, como el del Archivo. En el Museo Nacional es la hora de que un galerista, cuota de algún representante coleccionista, llegue al Museo y limpie tanta basura que hay en los depósitos de artistas comunistas como Marco Ospina, Ignacio Gómez Jaramillo y Domingo Rodríguez. Una prioridad: politizar la red de museos que contiene decenas de apetitosos cargos. En la Biblioteca Nacional se requiere un anticuario de libros, cuota de algún senador de la coalición, que valorice los bienes que no deberán seguir reposando en una biblioteca pública sino en decenas de bibliotecas particulares. Por cierto, deberá eliminar las actividades culturales pues quién dijo que una biblioteca era un centro cultural.

Volviendo al Archivo, se destaca que en plena celebración del Bicentenario se le regale al país la piedra en el zapato que habrá de echar abajo el baile. En cualquier otro país para la designación de un cargo tan importante se llevaría a cabo una extensa pesquisa. Por desgracia este no es el caso. Curioso, pues los últimos nombramientos del año pasado, esos sí llevados a cabo por la ministra, fueron afortunados. Como directora de la Dirección de Cinematografía fue nombrada Adelfa Martínez, una de las joyas de esta unidad. Asimismo, en la Dirección de Patrimonio fue nombrado el académico Juan Luis Isaza. En conclusión, la señora Martínez es una experta en todo lo referente a políticas cinematográficas y producción visual; igualmente el señor Isaza es uno de los más profundos conocedores del patrimonio colombiano; en contraposición, el señor Estralgo a lo sumo sabrá elaborar y archivar contratos. Vaya, eso es precisamente lo que nos preocupa.

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