RevistaArcadia.com

El fin (probable) de El Malpensante

Nicolás Morales escribe sobre el posible fin de la revista 'El Malpensante'.

2014/08/21

Por Nicolás Morales

Andrés Hoyos, fundador de la revista El Malpensante, podría tirar la toalla. No es un rumor de pasillo, es el resumen ejecutivo de una serie de declaraciones que circularon en la gran prensa y en las redes sociales estas últimas semanas: “El déficit mensual de la revista

no puede seguir siendo cubierto por el patrimonio familiar, o no por lo menos toda la vida”, dijo Hoyos. Con la cosa así, no es difícil imaginar que, entre salvar el patrimonio familiar y salvar el proyecto cultural, hay que salvar el patrimonio familiar y darle santa sepultura a la revista. Aunque, hay que decirlo, El Malpensante lo logró por bastante tiempo, tuvo emprendimientos, pareció crecer, tuvo noviazgos provechosos, etcétera, haciéndonos pensar que había caso, que sí se podía. Algunas conclusiones, muy mías, sobre el asunto.

1. Los publicistas no están suscritos a El Malpensante. (Seguro no la conocen). Las centrales de medios y las agencias no entienden ya el mundo de los impresos. Así que patinan. Soportados por herramientas vetustas, como los egm, recomiendan un abanico pobre de revistas para que todos los clientes pauten, sin realmente analizar de manera fina los nichos de circulación de las publicaciones. Y ahí la revista de Hoyos pierde. Solo los medios muy taquilleros sobreviven, muchas veces gracias al mito infundado de que tienen una amplia circulación. Desaconsejar revistas con poderosas bases de suscriptores es un error craso. Y es un error que todas las agencias han cometido con El Malpensante. Sabemos, en todo caso que, de diez publicistas, solo uno va a cine-arte, 0,3 lee un libro y ninguno va a teatro.

2. Nadie certifica la circulación
. ¿Quién cree en las cifras de circulación? Nadie. Internet arrasó con buena parte de estas medidas, incorporando otras que aún no se entienden. ¿Alguien revisa de manera sistemática lo que pasa con las visitas, las lecturas y los clics en los sitios web de cultura en Colombia? ¿Cómo es posible pensar, por ejemplo, que los importadores de alcohol crean que solo seis revistas circulan en Colombia? La pauta en esos medios está completamente sobredimensionada, mientras en otros, mucho más idóneos para ciertos productos (no me digan que un single malt whiskey se vende mejor en Esquire de lo que se vendería en El Malpensante), es escasa, cuando no inexistente. No se trata solo del tiraje, sino de los nichos.

3. Los empresarios cultos, ¿en retirada? La figura del gran empresario culto parece desaparecer. El mecenazgo empresarial es cada vez más pragmático y menos humanista. Es claro que en algunos colegios y universidades de elite se pierde la prioridad de mostrarles a sus estudiantes las bondades de leer una tragedia griega, o una novela sudafricana o una colombiana (que no sea, de por dios, María), ni fomentar la escucha de músicas que no sean Daddy Yankee. Obviamente, cuando no se forja un interés personal en la cultura, cuando la cultura se empieza a definir como algo que entorpece la cultura gerencial, es poco lo que esos futuros gerentes van a querer hacer por la cultura. Y los Isaza, en Mazda, los Hoyos, o los Cortés, en Seguros Bolívar, se vuelven una especie en vías de extinción. Y solo queda un declive de la cultura en los ámbitos empresariales y de las visiones empresariales del fomento cultural.

4. La cultura es menos sexy que la pobreza. En un país pobre la cultura no las tiene tan fácil como en el primer mundo: un comedor comunitario o un centro de atención a neonatos siempre lucirá mejor que una publicación cultural a punto de quebrar. Y probablemente eso sea razonable. Sin embargo, un país también es pobre sin revistas. Y muy pobre.

5. El Estado no entiende de prioridades en cultura
. Me gustaría saber cuántos de los estímulos y becas a publicaciones que el Ministerio de Cultura y el Distrito han otorgado durante los pasados 20 años se han convertido en proyectos editoriales duraderos o en plataformas sostenidas más allá de la edición de un fanzine, un par de pasquines o un librito solitario. Miles de millones de pesos en libros que no funcionan, en obras pésimas y en publicaciones mediocres. Pero, más allá, ¿dónde está el apoyo a lo que sí funciona? Dónde está el apoyo a un festival Entreviñetas, con la mejor selección de invitados de cómic en América Latina; a un grupo de teatro fundado por unos suizos locos que son soberbios, o a una revista como El Malpensante que, perdónenme si exagero, por encima de toda consideración económica, bien podría ser, así a secas, una de esas cosas que me gustaría salvar si me preguntaran, como les preguntan a las reinas, qué salvarían si se incendia la casa.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com