Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo en el Hay 2016.

El Hay: ocho consejos para su mejoramiento

Fueron momentos emotivos (los del más reciente Hay) retratados por el eterno Daniel Mordzinski. Sin embargo, difiero de la contundencia de la columnista Aura Lucía Mera, que sentenció hace algunos días: “Éxito total de este Hay”. Pues mira, Aura Lucía, como verás en estos ocho consejos, ¡podemos mejorar cositas!

2016/02/28

Por Nicolás Morales

Confieso que una vez terminado este último Hay Festival busqué los cuestionarios de Cómo le pareció el evento para plasmar mis opiniones. Pensé que era bueno sugerir lindas oportunidades de mejoramiento a un festival tan exclusivo y reputado. Debo advertir, para evitar comentarios, que muchas cosas me gustaron: lloré con la “Historia de los judíos”, de Simon Schama, por su cercanía con el público; me emocionó ver a Jorge Perugorría tan vigente; fueron muy bonitas las voces de los poetas portugueses Nuno Júdice y Filipa Leal; sucumbí con la hermosa franqueza de Lionel Shriver y compartí con asombro los aplausos de la élite cartagenera a Piketty y a los señores De la Calle y Jaramillo. Fueron momentos emotivos retratados por el eterno Daniel Mordzinski. Sin embargo, difiero de la contundencia de la columnista Aura Lucía Mera, que sentenció hace algunos días: “Éxito total de este Hay”. Pues mira, Aura Lucía, como verás en estos ocho consejos, ¡podemos mejorar cositas!

Multen las cancelaciones. Con más de diez bajas de invitados este año, es hora de sancionar a las vedettes que no acudan al Festival, pero que hayan confirmado. Sugiero multas diferenciales, no es lo mismo Luis Ospina o Joseph Stiglitz. Por cierto, cuando el autor central no asista, es mejor cancelar la conferencia: no quiero volver a ver al pobre Juan Esteban Constaín improvisando angustiosamente en solitario, en su primer stand up comedy, cuando debió estar hablando con Roberto Pombo.

Pongan martinis o por lo menos Red Bull. Cierto que parece que el último libro de William Ospina deslumbra, y parece, por fin, un ejercicio menos farragoso. Lo que sí fue un verdadero sopor fue la charla con el editor Marcel Ventura. El pobre Ventura lo intentó de todas las formas, pero el aburrimiento nos invadió implacablemente. La próxima vez intenta con unos martinis previos al encuentro, chamo.

Traigan actrices después de su renacimiento. Si el Hay quiere conservar su aura fashion, recomiendo invitar a los actores cuando hayan recobrado la fama. La charla con una tal Emma Suárez muy en la apertura fue de un total aburrimiento, muy a pesar de haber ganado un Goya en el 96 con no me acuerdo qué película. O esperen que Almodóvar haga el milagrito y la repotencie.

No interrumpan a un japonés. En la charla con el venerable Takashi Hiraide todo fue complicado: la acústica, el retorno de la traducción simultánea y, sobre todo, la interrupción de ocho minutos en pleno evento de este novelista, que aunque muy zen no entendió absolutamente nada de tan extraño ritual de frenar en seco una conferencia.

Utilicen ayudas audiovisuales. En el encuentro de libros ilustrados, pese a que había televisores, nunca llegó el material de apoyo indispensable para entender de estos asuntos. Heroico el pobre moderador, Daniel Jiménez, que debió sacar con sacacorchos los relatos de las imágenes de las dos chicas dibujantes, una de las cuales llegó 30 minutos tarde a decirnos cómo había aprendido a dibujar por YouTube.

Impidan el monopolio librero. De nuevo, la Librería Nacional, como un pulpo, cubrió con la menor variedad bibliográfica de toda su historia. Sería bonito un “festivalito” con muchos libreros y no solo chicos que no tenían idea de quién estaba hablando en la sala contigua.

No permitan fiestas que parecen Prom. Tendrán que hacer curadurías de las fiestas, pues cierto portal (no recuerdo ni quién ni qué) organizó un ágape que me llevó a mis peores 15 años.

Más libros de los independientes. Aunque los hubo, el catálogo de autores de nuestro Hay está muy impregnado de nombres afectos a los pulpos editoriales. Es hora de sacudir las puertas y mirar cómo editoriales pequeñas construyen carreras de nacionales susceptibles de interesar al selecto público que nos acompaña en cada Hay. Un festival encantador, pero que puede ya empezar a registrar el cansancio de la fórmula cultura, murallas, calor y wiskies.

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