Euforia en las casas de edición independientes. Los críticos destacan a las pequeñas editoriales colombianas como las vedettes del año cultural en 2011. Muchos piropos a un grupo de editores que con las uñas ha intentado darle otro color al alicaído mundo editorial de nuestro país. Boom de libros inesperados (los trillizos de ciencia ficción de Laguna Libros) nuevas y prometedoras casas de edición con títulos muy apetitosos (El peregrino editores, Editorial Destiempo), confirmación de la experticia del quehacer de algunos sellos (Mesa Editores, La Silueta, Rey Naranjo, Tragaluz) y títulos fuertes de los más grandecitos (La Carreta, Ícono o Taller Editores). Nada que nos alegre más. Ante el difícil camino de las editoriales comerciales clausuradas, refundadas o en crisis de identidad comercial, da gusto este bonito panorama indie. Y sin embargo, debemos proceder con cuidado. No porque quiera destemplar este ambiente de euforia, sino porque creo que el camino aún es largo y está lleno de falsas rutas y recompensas pírricas. El inhóspito territorio de lo editorial es más delicado para los productos con denominación de independencia; tienen que cuidarse más ante sus lectores a pesar de tener un ejercicio comercial más complejo y un flujo de caja escaso. Van unas ideas, muy modestas, basadas en el trabajo de estas editoriales para potenciar su nuevo brillo.
Hay que editar más proyectos. No importa que no todos sean perlas. Primero, las editoriales tienen que consolidar un catálogo, lo que no es fácil. Y eso exige editar más libros y más títulos. La Carreta y en menor medida Ícono ya tienen un consolidado envidiable. Hay que evitar incorporar al sello los productos de los servicios editoriales pero deben seguir haciendo libros por encargo. Los libros de Tragaluz para la Alcaldía de Medellín, como anota Mario Jursich, son estupendos. Pero en este sector La Silueta tiene mucho consolidado.
Hay que incluir libros bandera. Sin un grupo de libros fuertes o muy comerciales es difícil ser realmente visible. Roca Editores e Ícono son buenos ejemplos de fichajes importantes que le dan mucha visibilidad al catálogo. Hoy es más fácil romper los temores de autores hacia editoriales pequeñas. Y es más probable cazar estas estrellas, incluso sabiendo que no son autores fáciles.
Hay que editar muy bien. Un libro editado artesanalmente debe ser perfecto, pues el tiempo está a favor del sello independiente. Al respecto, y a manera de ejemplo, me decepcionó un poco el trabajo de edición de uno de los libros de ciencia ficción de Laguna (Viajes interplanetarios en zepelines…) No se puede bajar la guardia.
Hay que hacer libros bonitos. Esa es una condición sine qua non del trabajo editorial independiente. Algunas como Tragaluz, La Silueta, Laguna, Rey Naranjo o Mesa Editores lo hacen muy bien. Son libros de catálogo, muy bellos como objetos. Pero otros, como por ejemplo La Carreta, podrían tener mejor propuesta gráfica haciendo justicia al contenido poderosísimo de sus libros. Hoy se sabe que ese es un costo de inmediato retorno. Un buen diseñador de portadas hace muchísimo por el sello.
Hay que ser guerrilleros para distribuir. Todo vale para mover los libros. Los libreros pequeños pueden ser útiles pero la ficha fuerte está en los lanzamientos, eventos y ágapes literarios. Buenas páginas en internet y muchas, pero muchas redes sociales.
El trabajo de Sexto Piso, la editorial independiente mexicana, es el norte. Cantidad, imaginación, cuidado gráfico, fe de los públicos y un trabajo de mercadeo editorial envidiable. Nuestras editoriales están en un cuarto o quinto piso. Pero pueden subir. O en todo caso –y si el mercado responde bien– tienen todo para hacerlo.
¿Cuál de los siguientes museos hay que conocer antes de morir?