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¿El poder?

Antonio Caballero.

Mil palabras por una imagen

Por: Antonio Caballero.
Publicado el: 2012-01-18
En esta especie de multitudinaria fotografía de grado el único de los retratados que no va vestido de uniforme militar es Kim Jong-un, el nuevo amo de Corea del Norte. En términos oficiales (y esta fotografía también es oficial: todo en este país es oficial), el joven Kim concentra en sus manos la totalidad del poder, en su calidad de heredero de su padre, el “Querido Líder” (tal era su título oficial) Kim Jong-il, fallecido hace un mes, y de su abuelo, el “Presidente Eterno” (aunque también difunto) Kim il-Sung, forjador de la actual Corea del Norte en medio siglo de guerras civiles y de liberación que dejaron varios millones de muertos. Una particularidad del régimen instaurado por Kim il-Sung es que, aunque oficialmente comunista, es dinástico. Así que su nieto Kim Jong-un ocupa a la vez los cargos de Presidente de la Comisión Militar Central, Secretario General del Partido de los Trabajadores y Comandante Supremo del Ejército Popular de Corea del Norte. Antes de recibir, a la muerte de su padre, el de Líder Supremo, su título oficial era otro: el de Gran Sucesor.

En la foto es fácil reconocerlo. Está en la primera fila, y en el centro. Aunque sorprende —dado su grado de general y su puesto de Comandante en Jefe— su atuendo de civil en medio del apretado enjambre de uniformes militares, abrigos verdegris y pantalones caqui, quepis y correajes. Lo flanquean dos hileras de altos oficiales en posición de firmes, rígidos como soldados de plomo: doce de cada lado. Seis van embutidos en pesados chaquetones blancos de montaña, y dos de ellos visten pantalones de civil, aunque no pretendo saber si eso tiene algún significado sólo comprensible para los iniciados en coreadelnorteología. Me limito a reseñarlo. Salvo esos mismos dos, todos los de las tres primeras filas se cubren con altas gorras de visera, verdes con franja roja, realzadas algunas con galones de pasamanería dorada. Más atrás, desde la cuarta hasta la décima fila, el tocado cambia: gorros, al parecer de piel, con una chapa o una estrella. Serán unos 250 hombres en total (aunque en el empedrado de rostros inmóviles tal vez hay dos o tres de mujer, casi indistinguibles; y tampoco sé si eso tiene algún significado especial). Pero es tal la solidez de legión romana o de falange macedónica que muestran los retratados que parece que estuviera formado ahí, en torno a su Comandante, la totalidad del Ejército Popular. Del cual se dice (aunque no es verosímil) que consta de siete millones de soldados: casi la cuarta parte de la población del país.

Detrás se ven unos incongruentes tubitos pintados de azul. Y unos altos y delgados abedules melancólicos, y un blanco cielo de invierno. Se nota que está haciendo mucho frío.

Y abajo, en la primera fila, Kim Jong-un, todo de negro, forrado en un abrigo cruzado de doble abotonadura, descubierta la cabeza con el pelo negro, duro y vertical sobre una cara inexpresiva y pálida. A derecha e izquierda lo mantienen firmemente atrapado por las mangas dos generales de enorme quepis y ancho cinturón de cuero. Es el Líder Supremo. Pero parece como si se lo estuvieran llevando preso.

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