El top de la no ficción en Colombia

Nicolás Morales hace un listado de los mejores libros de no ficción que se han escrito en Colombia.

2010/11/18

Por Nicolás Morales

Vaya, vaya. Algunos personajillos andan diciendo que Íngrid escribió la mejor crónica del siglo. Ante estas inusuales expresiones producto del furor del momento, deseamos proveer a nuestros lectores de un listado con los mejores libros de la “no ficción” de los últimos tiempos para que la memoria bibliográfica no falle. El orden es aleatorio y debo anotar que evitamos libros académicos o universitarios. Maryluz Vallejo y Juan Andrés Valderrama me dieron algunas pistas que, por supuesto, agradezco.

 

Trochas y fusiles.

 

Es un libro del canon de la no ficción. Escrito por Alfredo Molano en 1994 quedará como un libro de referencia, de esos difíciles de superar que inauguró un género. Es una lección de escritura sociológica para la posteridad.

 

El Bogotazo.

 

Texto que da cuenta de un Arturo Alape lúcido y combativo con el tema del 9 de abril del 48. Apareció en una época donde la politización no dejó que fuera suficientemente apreciado, pero fue ganando terreno hasta ser un indispensable de la gran biblioteca colombiana.

 

El mensajero.

 

La impresionante biografía sobre Barba Jacob que alimentó la estela de un escritor de marca mayor. Vallejo puede ser criticado por todo o por nada. Pero quien no reconozca en este documento la grandeza del escritor puede comprar un cursito de lectura Coquito y empezar de nuevo.

 

El oro y la sangre.

 

Poco recordado fue Premio Planeta cuando estos eran dignos. Relato crudo y bello de Juan José Hoyos sobre los indígenas embera que trabajaban en las minas del Chocó y que fueron arrasados por el “progreso”. Un indispensable.

 

El jefe supremo.

 

Una de las parejas más fructíferas del pensamiento investigativo —Silvia Galvis y Alberto Donadío— escribió un documento implacable sobre los delitos de la dictadura de Rojas que hoy valdría la pena recordar hablando de sus delfines.

 

El olvido que seremos.

 

Un clásico contemporáneo. El libro más intimista de este listado pero con ramificaciones que explican una época de la nación tan dolorosa como la historia personal de este magnicidio. Puso a un Héctor Abad en la difícil posición de volverse best-seller y tener que responder por un futuro literario masivo.

 

Camilo. El cura guerrillero.

 

Un australiano escribió una de las mejores biografías contemporáneas probablemente de la historia editorial colombiana: la del cura guerrillero Camilo Torres. Joe Broderick nunca se imaginó la trascendencia de este relato para la escritura de no ficción colombiana.

 

El río.

 

Wade Davis es poco conocido en Colombia. Sin embargo escribió un auténtico gran libro que, mucho más que una biblia de la etnobotánica inspirada en Shultes, es un viaje digno de un Kerouak pero en la selva. Es un libro instalado en la larga duración.

 

La cueva de Morgan.

 

José Alejandro Castaño realizó este libro a partir de las historias de un grupo de indigentes que vivían en unas cuevas en Barrio Triste, Medellín. Pudo compartir con ellos 24 horas lo que se puede soportar en ese infierno. Un relato tan impresionante que merece estar en este listado

 

De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas.

 

Ya sabemos que Alberto Salcedo es un nombre en la crónica colombiana. Pues bien, este es su mejor libro. Los que prefieren la del boxeador están fríos.

 

Crónicas de la vida bandolera.

 

Pedro Claver Téllez, el autor, hizo un mix de relatos con pasajes sublimes y otros no tanto. Pero clasifica de lejos entre los libros más importantes.

 

Mi alma se la dejo al diablo.

 

Tal vez algo envejecido, hay que decir que gracias a este libro una generación supo qué era la no ficción. Germán Castro hizo cosas buenas y no tan buenas. Esta nos gustó y cuando teníamos 14 años nos hizo pensar que los libros periodísticos y de crónicas requerían dosis altas de suspenso y una escritura menos parroquial que las toneladas de libros que lo precedieron.

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