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El top pirata

Nicolas Morales hace un listado de los boletines de libros piratas incautados por la Policía Nacional y de algunos hallazgos.

2010/03/15

Por Nicolás Morales

Apartémonos por un segundo de los listados de libros más vendidos de la planetuda prensa oficial y del lector típico de clase media que visita una librería en el norte de la ciudad guiado por Arcadia, Número o El Malpensante. Hundámonos en los listados que la Cámara del Libro proporciona sobre el universo de la lectura pirata. Por supuesto, hablamos de una lectura más regional, de estratos populares y de ciudades intermedias. Doy cuenta pues de los suculentos boletines de libros piratas incautados por la Policía Nacional y de algunos hallazgos.

PiratAracataca

Si Gabo cree que el pirateo de su obra es cosa del pasado, está muy equivocado, pues sigue siendo el rey de la imprenta pirata: todos sus títulos se encuentran como en botica, aunque debemos destacar Los doce cuentos peregrinos como su libro más popular en Colombia. Por estos días se habla más bien poco de Gabo, como si estuviera muerto. Pero para los piratas seguirá, afortunadamente, vivito y coleando, cada vez que un profesor de español y literatura les ponga a leer a sus estudiantes el Relato de un náufrago y los consabidos peregrinos. Habría que rotar periódicamente los planes curriculares de lectura, a ver si se incorporan al acervo cultural pirata de la juventud algunos títulos un poquito menos fosilizados.

El discreto encanto de la filosofía pirata

La ética es un asunto que gusta entre los piratas, y más aún si es para Amador. Es por eso que Savater está en casi todos los listados con sus megabestsellers. Calculo que uno de cada tres colombianos tiene en su biblioteca este manualito de ética más bien pacato, fruto también de alguna tarea escolar, o de alguna convivencia de reflexión oficinesca. Por supuesto, me muero de ganas de contarle a Savater que en un país de Suramérica va gente a la cárcel por vender ilegalmente su máxima obra de la reflexibilidad tolerante.

Historias de torcidos vendidas torcidamente

Pueden perder las esperanzas todos quienes pensaron que El cartel de los sapos, DMG, El cartel, Simón Trinidad y toda esa basura que un grupito de editoriales crearon en este siglo no estaba siendo pirateada. Los piratas no filtran calidad y en todos los listados de antipiratería encontramos los best sellers oficiales del mundo narco que parecen ser el Corín Tellado del nuevo milenio en nuestro país.

Cultura general

Da gusto ver que Ernest Hemingway o Juan Rulfo conviven con los un poco menos ortodoxos.

Patrick Suskind (El perfume) y Jostein Gaarder (El mundo de Sofía). Pero el libro pirata más leído es definitivamente El secreto, de Rhonda Byrne. Como se sabe, este mediocre exitazo expone la hipótesis más o menos tonta sobre nuestro poder de atraer cosas buenas o malas. Pues bien, los piratas no dejan de atraer incautos crédulos de tan “original” teoría.

El pirata que seremos

Héctor Abad Faciolince (El olvido que seremos), Fernando Vallejo (La virgen de los sicarios), Andrés Caicedo (Que viva la música) y Gustavo Álvarez Gardeazábal (Cóndores no entierran todos los días) merodean la lista de piratería “made in Colombia”. Habría que dar mención especial a Cuatro años a bordo de mí mismo, de Eduardo Zalamea Borda, presente en muchas de las incautaciones, lo que da gusto, por supuesto. Me sorprendió la ausencia significativa de William Ospina, quien solo aparece en un boletín con su obra cumbre, El país de la Canela. Espero que sus acérrimos defensores no me culpen de esta lamentable situación, que a juzgar por el dinamismo de la industria editorial ilegal, en unos meses estará arreglada.

Los amigos del hombre

Los piratas no parecen ser los mejores amigos de Celso Román. Su libro para públicos infantiles es hiperpirateado sin conmiseración. Creo que esta obra puede estar en el top ten de los libros más leídos de toda nuestra historia editorial. Y bueno, termino con la polémica: un niño en el norte de Bogotá compra la edición legal de Editorial Panamericana por 23.000 pesos y una niña en Tumaco, la pirata, por 5.000. Ya sé, tarde o temprano le caerá el peso de la ley al pirata de Nariño. Pero habría que darle vuelta al asunto y pensar, por fin, cuáles son los motivos estructurales que hacen que una edición como esta tenga un desfase de 18.000 pesos en su precio al público. Viendo la cosa objetivamente, no hay mucha diferencia entre la calidad de ambas ediciones y, creo, Celso Román no se está haciendo millonario con las regalías de su libro. ¿No será que el día en que se reduzca la brecha entre los precios de venta de una edición pirata y una legal, quizás “el hombre” se volverá más amigo de los libros que de la piratería?

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