Las imágenes del tuit de Daniel Mejía.

De los “grafitis artísticos” a los “rayones”

¿Cómo se debe manejar el tema de los grafitis en Bogotá? Sandra Borda hace una análisis de la secuencia de tuits del nuevo alcalde Peñalosa y el anterior profesor de economía de los Andes, Daniel Mejía, sobre este tema.

2016/01/27

Por Sandra Borda

Quisiera en esta columna discutir una secuencia de tuits del nuevo funcionario de la administración Peñalosa y anterior profesor de Economía de la Universidad de los Andes, Daniel Mejía. Los citoa continuación.

El primero: “Respetaremos grafitis artísticos en zonas autorizadas, pero no se tolerará el vandalismo que deteriora espacios públicos y bienes privados”.

Y el segundo: “Diferencia enorme entre grafitis artísticos en zonas autorizadas y los que no lo son y deterioran el espacio público” y está acompañado de dos fotos que parecen ilustrar, a criterio del funcionario, cuál es la diferencia entre lo que él considera grafitis artísticos y los que no lo son.

Hay una parte de estos dos tuits con la que estoy de acuerdo y tiene que ver con la diferenciación que se hace entre el espacio público y el privado. Efectivamente, el derecho a la expresión artística de los grafiteros no está, de ninguna forma, por encima de la voluntad del dueño de que las paredes de su edificio o casa no sean pintados. Ahí no veo mayor debate.

Sin embargo, lo que sí considero problemático es el intento por diferenciar los “grafitis artísticos” de los que no lo son. La pregunta obvia que subyace los tuits citados tiene que ver con los criterios implícitos que usa Mejía para diferenciar el grafiti artístico del que no lo es. A juzgar por las fotos que usa para ilustrar su segundo tuit, tengo la impresión de que habla de aquello que a él, en particular, le parece “bonito”, estéticamente aceptable digamos, y aquello que no. Alguien diría que una cosa son esos dibujos enormes fruto de horas de trabajo y diseño, y otra muy distinta son los “rayones” y “firmas” que se encuentran por doquier.

Sobre la base de ese criterio, los bodegones o los cuadros de los perros jugando póker en el comedor de la casa de la tía o de la abuela son mucho más arte que Miró, Kandinsky y ni incluyamos los “rayones” de Rothko en la lista. Y puede que sí: si a la tía le parecen bonitos será por algo... La pregunta es bien vieja: “¿Qué clasifica como “arte” y qué no? y no tengo la menor aspiración y mucho menos la formación para siquiera intentar contestarla. Simplemente quisiera sugerir que un funcionario público como Mejía tampoco debería intentar responderla en dos tuits y con la ilustración de dos fotografías.

Ahora bien, cada cual es libre de decidir si cuelga en su casa (su espacio privado) un bodegón o si contrata un grafitero para que trabaje sobre una de sus paredes. Y hasta allí todo está bien. El problema surge cuando un funcionario, investido de la autoridad que le confiere su cargo, intenta zanjar semejante problema con un simple “no se tolerará”. Porque allí lo que tiene lugar es un ejercicio de poder que intenta definir unilateralmente y de un brochazo (o dos tuits) lo estéticamente aceptable en el espacio público, un espacio que nos pertenece a todos.

A mí, como a muchos de ustedes, no me gustan varias de las cosas que veo pintadas en las paredes de Bogotá. Pero no creo que la solución a este problema pase por trazar una gruesa línea entre aquello que es posible pintar en las paredes porque a un funcionario público le parecen bonitas y aquello que no porque no satisfacen ese criterio.

A veces creo (imposible probarlo) que ese es uno de los efectos colaterales de no haber tenido una dictadura en este país: creo que nos cuesta mucho trabajo reconocer el comportamiento o la actitud autoritaria cuando la vemos y al contrario, parecemos convivir relativamente bien con ella. Nos parece normal que un funcionario público en dos tuits y un par de fotos quede convertido en curador, y asociamos el orden y el progreso a cubrir las paredes con un blanco uniforme y dejar sin voz a aquellos que a través de lo “bonito” o a través del “simple rayón” encuentran en la pared el único espacio de expresión que tienen a su disposición.

Mejía tiene toda la libertad de escoger qué arte quiere para su casa, los muros públicos bogotanos son otra cosa. Ojalá la administración pronto entienda la diferencia.

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