Facebook
BUSCAR:

INICIO / OPINIÓN / COLUMNAS

La fábula de la confabulación

Willy Drews.

La viga en el ojo

Por: Willy Drews.
Publicado el: 2012-01-18

A Jean de la Fontaine

Ese invierno fue especialmente fuerte en el país de las cigarras. Se inundaron vías, fincas, barrios enteros y dos veces el hormiguero de la hormiga De La Sabana.

La primera reacción no fue reparar los daños ni auxiliar a los damnificados, sino buscar al culpable. A pesar de que el grillo Ambiental explicó ampliamente que las inundaciones se debían a un fenómeno universal llamado cambio climático, y que tenían que prepararse para manejar en adelante inundaciones y sequías, nadie —excepto la hormiga— le puso atención. Las cigarras se dedicaron a acusarse una a otra para que no las declararan culpables de la tragedia. La cigarra Gobernación acusaba a la cigarra Distrito por no haber tomado las medidas del caso; esta a su vez señalaba a la cigarra CAR como responsable; la cigarra CAR aseguraba que la culpa era de los municipios de la cuenca alta del río, y estos sostenían que la cigarra Gobernación no les había dado los recursos necesarios. Después se enfrascaron en la discusión sobre qué había que hacer y quién lo pagaría.

Entretanto el tiempo corría y la hormiga De La Sabana recogía incansable piedritas, y las acomodaba en el borde del río, construyendo una enorme muralla. Pasaron varios meses y, como lo advirtió el grillo Ambiental, regresó el invierno y con él las inundaciones. Nuevamente los dedos acusatorios empezaron a señalar a otra cigarra, y aparecieron nuevas posibles culpables: a la cigarra Ministro la acusaron de ser la causante del Cambio Climático, y a las constructoras de las vías, de no haberlas hecho más altas. Y mientras la gente flotaba rodeada de colchones, gallinas y electrodomésticos y algún Simón el Bobito proponía rellenar todas las vías un metro con cincuenta, la directora del Fondo de Calamidades sacó la cabeza para decir: “El Gobierno no va a permitir que el país se ahogue”.

Mientras seguía la lluvia de agua, ideas y disculpas, alguien descubrió que el hormiguero de la hormiga De La Sabana, protegido por la muralla, no se había inundado. Y ahí fue Troya. ¿Cómo era posible que mientras todos se ahogaban en improvisación y aguas negras, la hormiga estuviera seca y tranquila? ¿Quién la había autorizado a defenderse de la tragedia? Muchas se confabularon, la acusaron de causar la inundación de sus vecinas y propusieron demoler su muralla, por el principio de igualdad consagrado en la Constitución. O todos en la cama…

MORALEJA: Si ve venir una avalancha, no se quite. Es problema del gobierno. Si se salva lo acusarán de falta de solidaridad.

Comente aquí

1 COMENTARIOS

(0) (0)

carlitos

Publicado el 2/26/2012 3:30:16 PM
Buen artículo. En realidad hay quienes se han autoasignado el papel de preservadores del patrimonio de la estupidez nacional.