La Familia

Marta Ruiz reflexiona en su columna de este mes sobre el nuevo libro sobre Pablo Escobar, escrito por su hermana Alba Marina.

2010/09/11

Por Marta Ruiz

Tengo ciertas dudas sobre las bondades de la familia. No sobre la mía en particular, sino en general sobre el poder redentor que se le ha endilgado a esta institución. Pocos se atreven a desnudar sus grietas y lugares oscuros. Hace poco encontré esta frase: “No hay familias buenas y familias malas, sino un solo espacio conspirativo donde perviven las lealtades y las traiciones, los silencios y la vergüenza, y en todo caso la muerte de la verdad. Ante la familia los principios desaparecen, todo naufraga. La madre del asesino en serie siempre es una santa y nadie puede mencionar su nombre sin exponerse a morir. La familia encubre, protege y oculta las ruindades de sus miembros...”. La escribió Álvaro Delgado, un veterano intelectual de izquierda en su libro Todo tiempo pasado fue peor.

 

Sin quererlo, Delgado nos recuerda que la familia no sólo es la célula de la sociedad, sino también el núcleo básico de la mafia. Hace más de cien años lo dijo Gaetano Mosca, un insigne jurista italiano, para describir la “cosa nostra” como un “espíritu” más que una organización en sí misma, cuyo ambiente de expansión y florecimiento es el clan.

 

En su Política para Amador, Fernando Savater dice que hay dos tipos de filiación a las organizaciones sociales: o se pertenece a ellas, o se participa de ellas. Algunas, como las políticas, las elegimos. Otras nos son dadas de manera arbitraria como la nación o la familia. En unas priman el libre albedrío; en otras, la sangre. La sacralización de la familia está protegida por la ley. Nadie está obligado a declarar contra sus parientes, ni se le puede culpar por lo que hagan ellos. Ni más faltaba. Pero tampoco hay obligación de inmolarse con ellos. Ni mucho menos, acolitarles sus errores. Eso más que un destino inexorable es una elección.

 

El tema viene a cuento a propósito del libro El otro Pablo, que acaba de publicar Alba Marina Escobar, hermana del jefe del Cartel de Medellín. Más que la biografía de un capo, el libro es el retrato de una familia unida por valores harto conocidos entre nosotros: la ambición desmedida, la falta de escrúpulos y la violencia como recurso para salir adelante, pase lo que pase.

 

“Cuando Pablo empezó sus andazas (...) nosotros nos dedicamos a defenderlo. Nadie le preguntaba nada, nadie le recriminaba nada (...) Todo lo que giraba alrededor de él, así se tratara de drogas, dinero, personas extrañas o comportamientos inusuales, siempre para nosotros fue algo normal, nosotros lo cuidábamos y apoyábamos incondicionalmente”, dice la señora Escobar.

 

El libro es una especie de “versión libre” donde la autora confiesa página por página, no sólo el amor por su hermano, sino su participación voluntaria y concienzuda en muchas de sus empresas criminales. La de ella y la de todo el clan. Cuenta por ejemplo como su padre, el viejo Abelito satisface su sentimiento de venganza cuando Pablo le lleva amarrados, antes de ser torturados y asesinados, a un grupo de secuestrados que lo tuvieron durante dos semanas cautivo.

 

Ella misma le aconseja a Pablo que no mate a un muchacho en Cartagena para que no se “ensucie sus manos”, pero que si quiere contrate a otro que lo haga. Confiesa, como si fuera una pilatuna cualquiera, que se encargó de guardarle la droga, el dinero y los insumos en la escuela pública donde trabajaba como maestra. Porque de nuevo era “incondicional” de Pablo. Arribismo encubierto de sentimientos filiales.

 

Paradójicamente, aunque la intención manifiesta del libro es retratar a un Pablo Escobar íntimo, sólo logra retratar al mismo Pablo que ya conocemos. Un matón frío, insignificante y vacuo, que despreciaba todo a su alrededor.

 

Por lo demás, se trata más de la historia de una familia que cosechaba en lujos la siembra de odio de su pariente. Eso es lo revelador de libro: que muestra, quizá por primera vez, el papel de la familia Escobar en el ascenso y caída del capo. No como espectadora, sino como portadora y reproductora del “espíritu” mafioso. Para mí que Pablo Escobar se debe estar revolcando en su tumba.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.