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La fiesta de Roberto Pombo

Nicolás Morales plantea nuevos retos que debería asumir El tiempo y su nuevo director Roberto Pombo

2010/03/15

Por Nicolás Morales

Roberto Pombo entra fortísimo. Avalado por periodistas, columnistas y el establecimiento, es el nuevo director de la gran gallina de huevos de oro. No es la primera vez que dirige un órgano periodístico. Entra con historial, conociendo el medio. Está curtido. Sabe qué es comandar equipos y tirar línea. Y bueno, conoce hasta la saciedad los retos de la prensa escrita y todo ese discurso que les gusta tanto repetir a los medios electrónicos que dice que los diarios tienden a desaparecer y que los jóvenes no leen prensa ni se suscriben. Y él, de seguro, no quiere ser el sepulturero de la empresa familiar, y menos cuando hoy tiene sangre española. Se habla mucho de los retos económicos del Planeta Santos, pero más bien poco de sus retos periodísticos. Ya que quien compra periódicos está comprando palabras y no estadísticas de gestión, me gustaría plantear algunos de los retos que en ese sentido deberían asumir el periódico y sus subproductos.

Romper la escritura del tedio

Alguna vez dije que la escritura del periódico estaba tan triste y descuidada como un viejo que se corta al afeitarse. Ese tour de force, que está ganando El Espectador, debería poner a pensar a los directivos. Volver a la buena escritura; olvidar la información que parece un comunicado y acudir a la esencia periodística. Regresar a la crónica, hoy desaparecida. En fin: deleitarnos con la no-fórmula. Por cierto, como dice Julio Villanueva Chang, reportear se ha convertido sobre todo en entrevistar. Y no es lo mismo.

Meter el análisis hasta en la sopa

La página web del periódico es un caldo insípido de información factual y miniclips sosos sacados de citinoticias. Por eso hay que ponerle sustancia a la prensa escrita: pélenles papita a los especialistas, pónganles cilantro a las hipótesis difíciles, adoben las miradas menos probables para que la sopa espese y la lectura del diario sea jugosa. Recuerden que El Tiempo, a diferencia de ADN, su periódico spam, cuesta. Y que lo compramos para leerlo, no para limpiar los vidrios ni para el popó de los canarios.

Reformar la investigación para volverla reveladora

El Tiempo debe volver a tumbar ministros tontos, alcaldes corruptos o empresarios inescrupulosos. El Tiempo debe defender éticas, valores y posiciones de fondo. Con el riesgo, incluso, de ser más polémico, menos neutral. Se perderán algunos debates, se ganarán otros, pero se volverá a entender el poder del medio desde una perspectiva distinta a la de la pura acumulación de pauta publicitaria e infomerciales.

Separar entretenimiento de cultura

Los diarios mexicanos lo entendieron muy recientemente: la confusión entre cultura y entretenimiento no es conveniente, entre otras cosas porque cada vez se parece menos Carlos Fuentes a Amparo Grisales y, en esa medida, sería muy triste terminar viendo escritores a medio vestir para promocionar sus libros.

Preservar la pluralidad de firmas y la calidad de su editorial

Enrique Santos Calderón cambió la historia de una línea editorial históricamente conservadora, sintonizándola con la clase media moderna, menos ligada al discurso bipartidista; abrió la opinión como nunca nadie lo hizo en Colombia y escribió editoriales históricos. Por eso el periódico no debería retroceder en este gran logro al poner, como lo hace, a José Obdulio en Opinión. Por eso nos aterra ver a María Isabel Rueda tan empoderada en la redacción (y trocada por María Jimena Duzán). Si el cheque que Planeta le gira al periódico trae como prerrequisito la alineación a la derecha, pónganlo con claridad en los volantes para los suscriptores, y como subtítulo del periódico: Diario de Derechas.

Atreverse a romper moldes, ideas y conceptos

Hay que mejorar las secciones, incluso la de farándula (si se va a ser banal, hay que serlo concienzudamente); construir infografías consistentes; crear dossiers especializados que se lleven varias páginas; denunciar al que se cree intocable (y no quedarse apenas con la obviedad que es darle duro a la administración Moreno); escribir bien de fútbol; comprar firmas increíbles. En fin, sorprender al lector, acostumbrado a pliegos de aburrimiento, con páginas reveladoras. Ese es el reto. No quedarse con el dudoso mérito de haber recirculado una revista narco-amarillista como Elenco.

Hace algunos años escribí en El Malpensante un artículo crítico sobre El Tiempo. No fue bien recibido. Pero la idea al publicarlo fue una sola: estaba aburrido de ser el único suscriptor de mi grupo de amigos y amigas y no poder comentar en las fiestas las mieles y miserias del primer periódico nacional. Vamos a ver si Pombo nos cambia la fiesta.

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