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La metamorfosis

Para Marta Ruiz "la suerte del periodismo está echada. Vamos hacia el entretenimiento"

2010/03/15

Por Marta Ruiz

“Amigo: tengo algunas noticias importantes que quiero hacer oficiales. He elegido a Joe Biden para ser mi compañero de carrera...”. Así comenzaba el mensaje de texto que envió Barack Obama a sus seguidores la víspera de la convención demócrata. Esa madrugada los periodistas de CNN estaban en vilo esperando la noticia frente a una pantalla de celular. La sensación de todos era que citar a una rueda de prensa, de aquellas en las que se agolpan periodistas para preguntar detalles sobre la elección, era algo añejo y obsoleto. Un indicio más de que estamos en medio de una transformación rápida y vertiginosa de la prensa, que no sabemos donde irá a parar, pero que en todo caso, revolcará mucho de lo que conocíamos como democracia.

En un reportaje recientemente publicado en El País de España se habla de una verdadera masacre en las redacciones, y de diarios convertidos en cadáveres. De hecho ya hay una página en la red que hace de cementerio de la prensa: www.newspaperdeathwatch.com. Allí se registra por ejemplo cómo el Chicago Tribune recortó 70 puestos en su redacción de un tajo, y Los Ángeles Times, 150. El Washington Post y el New York Times no han escapado al vendaval. Revistas como Time y Newsweek viven una brutal transformación hacia contenidos más ligeros buscando nuevos lectores. Al parecer, el único lugar del mundo donde crecen los periódicos es en Asia. En realidad, allí todo está creciendo.

Detrás de las cifras hay una realidad aún más inquietante. En el recorte se han ido muchos de los reporteros más experimentados y serios. Estos se han vuelto una carga difícil de sostener, no solo porque cuestan más, sino porque los editores no tienen suficiente interés en historias tan profundas. Sí. En sus patadas de ahogado, la prensa está buscando cautivar a nuevos lectores. En ese camino se está produciendo un engendro que combina noticias con entretenimiento, y que se caracteriza por la ligereza. Los periodistas en gente que corre más que nunca, y piensa menos que antes.

Lo inquietante no es que el “negocio”, como llaman ahora a la prensa, se transforme, sino el costo que por ello tendrá que pagar la democracia.

Los periódicos han sido fundamentales para la política. No solo por su línea editorial, sino porque parte del concepto humanista y liberal de que el ciudadano merece tener una mirada global, que le permita entender no solo estar informado, sino entender los contextos. La prensa le da un orden y un sentido a la realidad. Contrario a esa tradición, ahora se impone la información y los medios de nicho. Lo que nos espera, tal vez, es una ciudadanía fragmentada. Apolítica.

La prensa ha cumplido un papel de contrapeso a los poderes del Estado que por alguna misteriosa razón no cumplen ni la televisión ni la radio. Por algo será que algunos presidentes que aman las cámaras y las largas alocuciones televisadas, así como se toman los micrófonos radiales, jamás le hablan a los medios escritos. La felicidad de muchos gobiernos es tener una prensa débil. Unos partidos débiles. Una justicia débil. Y una masa cautiva. Que la prensa se convierta en un espacio de ínfimas minorías es grave para una democracia que necesita contrapesos.

En Colombia todavía no se siente con fuerza la inexorable caída pero ya hay síntomas graves de la metamorfosis que vendrá para evitar el derrumbe. Juan Manuel Lara, el español que ahora es dueño de El Tiempo, lo anunció tácitamente en una entrevista que el año pasado le hizo su propio diario: “Hoy el editor es aquel que va a preguntarle a la gente qué quiere leer, qué es lo que le interesa y después busca al especialista serio que lo haga”. El mercado como jefe de redacción.

Los más optimistas analistas de medios piensan que los buenos contenidos, serios e investigados salvarán del naufragio al periodismo. Yo soy más pesimista. Si la política, que es el alma de la prensa liberal, se convierte en un espectáculo de masas, cada vez más banal, la suerte del periodismo está echada. Vamos hacia el entretenimiento. Y sospecho que no hay mucho que hacer.

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