La mona de la cultura

Si se va Mariana Garcés del Ministerio de Cultura ¿Quién la reemplazará? En su columna, Nicolas Morales se adelanta y predice el nombramiento: "Será mujer... no será una intelectual... no importará si hace o no un buen ministerio..."

2014/07/21

Por Nicolás Morales

 

Alberto, parece que el presidente Santos ya reclutó a la nueva ministra de Cultura. “Aquí nuestros informantes nos dicen que es una mujer rubia”. (La W, martes 8 de junio 7:54 a.m.). Para no dañar la expectativa, que es tan sabrosa a esta hora del día, demos algunas pisticas pero no quitemos todo el velo para que sea más sugerente. ¿Le parece?


Será mujer. Como ya es costumbre, Alberto, y aún más para el presidente Santos, hay que nombrar a una mu-jer en el Ministerio. Eso sí, no es por cumplir la ley de cuotas, ni más faltaba. Pero, la verdad es que —los señores lo sabemos— las mujeres lo hacen mejor en todas esas vainas de cultura y esas co-sas. ¿Quién se acuerda de los ministros Juan Luis Mejía y Ramiro Osorio, o del doctor aquí presente? Nadie. Sí, está bien, los piscos montaron el esquema con el que funciona la vaina, y diseña-ron todo el modelo y las políticas a largo plazo, pero de cultura como nos gusta, lo que se dice cultura, no hicieron nada. En cambio hay que ver la señora ministra que era Consuelo Araujo. Mucha foto bonita, mucho festival vallenato, mejor dicho, lo que toca. Y es que La Cultura tiene nombre de mujer, doctor Casas, y es que no sé si usted se acuerda de ese portento de mujer que era Susana López, la esposa de Guillermo León Valencia, por allá en el sesentayqué sería eso, dedicada como vivía a estas bellas lides de las artes...

No será una intelectual
. Es que vea, ¿quién dijo que se necesita tanto? Ni tanto que queme al Santos, ni tan poco que no lo alumbre. Por eso es que más bien nos sirve una gestora que entienda bien de cultura, gestión y negocios. Una señora, que sea toda una dama pero con perrenque, ¿cierto, doctor? Eso sí, que deje bien alto el nombre del país. Pero en cambio, nos dejamos meter una intelectual por ahí y, al final, ¿qué hacen las intelectuales? Pues sí, no es por demeritar, pero las intelectuales no hacen casi nada. Una Rocío Londoño o una Adriana Urrea, por ejemplo, dígame qué haría, sí, mucha reflexión, mucha palabrita, sí, pero es que asusta un poquito, ¿no, doctor? ¿Cómo va usted y le dedica unos versos bien jalados del maestro Rafael Maya a esa señora? Y es que vea, mejor que no tenga estudios humanistas: llegan es a enredar todo, que la estructura aquí, que la metodología allá, que el papel de la cultura en el marco de una sociedaden posconflicto. Y pues, es que estamos hablando de cultura, entonces que gestione con encanto y punto.

Será una mujer recia. Alberto, y es que eso sí, nada como la autoridad de una mujer que se impone con donaire. Es que el presidente Santos está decidido a seguir la locomotora cultural de las últimas administraciones, y entonces el trend es que sea una mujer de carácter. Con las jerarquías claras. Entradora, pero que sepa mandar. Es que una ministra, no olvidemos a algunas de las últimas ministras, es una mujer seria pero de buena voluntad para lo que se llegue a necesitar y que no haya quién lo cubra.

No importará si hace o no un buen ministerio
. Porque, ¿quién se mete, dígame usted, a determinar si la funcionaria en cuestión hizo un buen ministerio? ¿Fue Araceli Morales una peor ministra que la doctora Garcés? Dígame usted, a quién le importa si María Consuelo Araújo ejecutó más recursos que Elvira Cuervo. Eso es pelea de toche y guayaba, si al final lo importante es que quedemos contentos y que nos consientan, ¿sí o no?

Vendrá del campo de la “cultura”. Porque claro, dígame usted qué no es cultura. Es que eso es lo lindo de la cultura. Ya lo dijo el filósofo francés: la cultura es todo. ¿No fue este filósofo? Ah, doctor, fue entonces ese ministro de Cultura francés el que dijo. Y bueno, entonces, si viene del sector privado, es cultura. Del vallenato, también es cultura. Del mundo asociativo humanitario, pues claro que es cultura porque si no, ¿qué más sería? Pero eso sí, cuidado si sabe mucho de literatura, o qué peligro si es especialista en teatro. Porque ahí sí, se nos pone esto muy denso y no pega con esta musiquita tan sabrosa que tenemos de fondo. Alberto, ¿par lamparazos?

Coda fuera del aire
. ¿Alguien sabe por qué nunca hay un abanico de candidatos y candidatas que vengan de esa otra cosa rara, que no se ve tan amable ni tan carismática, pero que las personas que se dedican a esas actividades crípticas también llaman “cultura”? 

 

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