RevistaArcadia.com

La nueva Feria del Libro

En la columna de este mes, Nicolás Morales presenta las nuevas reglas de juego para la Feria del Libro

2010/03/15

Por Nicolás Morales

Preocupadas por el declive en el porcentaje de percepción favorable que el público tiene del evento, y por unos indicadores de gestión que no abandonan la zona de las barras rojas, Corferias y la Cámara del Libro han decidido cambiar las reglas de juego buscando revitalizar esa sorprendente explosión bibliográfica que constituye nuestra Feria del Libro. Para ello convocaron a una junta de expertos que, tras analizar un sinnúmero de cuadros estadísticos y realizar algunos estudios conductuales en torno a la relación social propaganda-lucro-lectura, formularon algunas recomendaciones al comité organizador que, en este momento se están discutiendo en las reuniones. He aquí las recomendaciones de la junta:

Prohibidos los escolares. Como se hizo en la Feria de Guadalajara y de Buenos Aires, se prohibirán los ejércitos de jóvenes que, con la excusa de un baño de cultura, corren y desordenan un evento que no esta muy pensado para ellos. Recientes estudios han demostrado que, mientras más son obligados a asistir a la Feria, a estos jóvenes uniformados de saco azul o rojo menos les interesan los libros. Los profesores se desentienden y tras semanas de fungir como carceleros sueltan a estas fieras que lo último que quieren devorar es una novela de Flaubert, prefiriendo atacar las heladerías, puestos de cómics, caricaturas y plastilina del recinto ferial. Hay que entender, por Dios, que la Feria no es el escenario más propicio para que los jóvenes afinen el comportamiento que, tiempo después, habrán de tener en su excursión de grado a San Andrés.

No habrá stand sin libros. No más stands con lindos castillos en icopor donde hermosas conejitas distribuyen los últimos métodos de superación. Los stands del Acueducto, la Contraloría o la Registraduría deberán ser prohibidos, a menos de que editen una pequeña cartilla con las 100 fotos de cédula más enigmáticas en la historia del país, un librito sobre los usos sociales del Certificado de Responsabilidad Fiscal o un pasquín en torno a la implementación de sanitarios ecológicos (de esos que funcionan con lombrices), con los que estas instituciones puedan llegar a considerarse también editoriales.

No se invitará más a Ruanda ni a Bután. Corferias debería este año romper con la linda tradición de que su país invitado haga tanto el oso. Ojalá Japón haga algo mejor este año que traer 22 libros, un semiescritor y unas banderitas de colores del sol naciente. Que no pretendan mostrarle al público, como ha ocurrido en versiones pasadas del evento, el panorama de la pujante industria editorial de Albania, y que no nos digan que Francia publica de todo si, a la hora de la verdad, ni Gallimard ni Fayard ni Éditions du Seuil han puesto nunca un stand propio aquí. Consideran los expertos consultados que la figura del País Invitado no podrá seguir siendo la gran farsa ferial. Y que por el contrario, un país puede con algo de recursos mostrar las virtudes de su memoria literaria que, en el caso del Japón, si nos atenemos a Akinari, Oé, Tanizaki, Yoshimoto y Murakami, parece más que simplemente prometedora.

Que Uribe no inaugure la Feria. En grandes letras rojas los expertos han recomendado a la organización que, por una vez, no sea el presidente quien inaugure la Feria. Los impresores, muy eufóricos al comienzo, ya están hartos de aplaudir siempre que el doctor Uribe promete no gravar los libros con IVA. Este año debería invitarse, aunque suene raro, a un intelectual o un escritor que, en lugar de ratificar las inmensas ganancias de los impresores, hable de libros, de escritura y de algunos otros temas cercanos a esta feria de los impresos, digo, de los libros.

Que vengan escritores y no Chespiritos. Fin de los payasos, Walter Risos e Isabelas Santo Domingos. Si la organización ha decidido que la profesión de escritor está en vías de extinción, entonces debería, simplemente, acabarse con este evento en pro de una Feria del Chiste, las Variedades y el Entretenimiento. Pero si no es así, tómense el trabajo de leer libros decentes y hacer sus invitaciones con la dignidad que los lectores asistentes a la Feria merecen.

Por favor, no sigan haciéndonos creer que Laura Acuña es una intelectual. Que no vengan las modelos de RCN a cubrir la Feria, que por una vez los entrevistadores pronuncien bien los apellidos de los escritores, que la frase “Muy interesante” no sea el recurso de complejidad con el que nuestras divas culminan sus precarias apreciaciones literarias. Es hora de que los canales, los periódicos y las emisoras contraten a intelectuales de peso que, por primera vez, impriman algo de seriedad a las noticias relativas a la Feria. O que RCN mande, al menos, a ese filósofo de los Andes, director de un noticiero amarillista y de apellido García, para ver por dónde le subimos al cubrimiento de la gran cita lluviosa de la cultura.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.