Nicolás Morales
  • El académico Eduardo Subirats.

Poética del desastre

El lanzamiento fallido de un libro nos acerca a las raíces del circo y de la parodia. Incluyo seis pecados capitales de los lanzamientos que detallo con algunos suculentos casos de la vida real.

2015/10/23

Por Nicolás Morales

Nada más poético que un pésimo acto literario. Es tan poderoso que con justeza arrebata el protagonismo de páginas sociales y comidillas matrimoniales. De hecho, el lanzamiento fallido de un libro nos acerca a las raíces del circo y de la parodia. En nuestro país se comentan poco los malos libros, pero una presentación, en cambio, es una presa rápida de corrillos perjudicando libros, editoriales y autores. Incluyo seis pecados capitales de los lanzamientos que detallo con algunos suculentos casos de la vida real.

El presentador talibán. Conocidos los presentadores que al no preparar adecuadamente una presentación, se inmolan en ella. En el ya reconocido Festival Entreviñetas, fuimos testigos de un surreal diálogo fallido entre el gran dibujante Joan Cornellà y un extremadamente energizado joven de apellido Marín. Este último, como no preparó la entrevista de Cornellà, trató de interpretarlo de una forma muy literal. El caso es que se dedicó a diseminar su odio por todo el planetario de Medellín. Al no redactar preguntas para el famoso caricaturista, decidió recogerlas de los incautos asistentes; pero como estas no estaban a su altura se burló de ellas –por malas– y por mal escritas. Su delirante energía lo llevó incluso a hacer afirmaciones absurdas sobre la relación del islam (todo el islam) con el caso Charlie Hebdo que espantaron a una parte de la concurrencia.

El presentador estrella que se estrella. María Jimena Duzán pasó un trago amargo en la presentación del Libro de los susurros, de Varujan Vosganian. La gran periodista dejó sembrada en la concurrencia la idea de que no leyó ni siquiera la contracarátula del libro o al menos un resumen wikipédico. Al parecer, el autor y el público le hicieron varias correcciones sobre trama, personajes y contexto. Digo, no está de más leer el libro que uno presenta.

El presentador antipático. Dicen que Tim Keppel se pasó de mala leche con Nell Leyshon, la autora de El color de la leche, en la pasada Fiesta del Libro de Medellín. Durante una mesa titulada ‘La voz de los que no tienen voz’, la autora del libro sudó la gota gorda con este escritor estadounidense radicado en Cali. Leyshon ponderó el trabajo del querido Tim; por su parte, el gringo no le hizo ninguna pregunta relevante o reveladora a la pobre Nell. Es más, al parecer fue ácido con la novela y no le encontró nada muy interesante. Digo, no está bien hablar mal de la leche del vecino para vender la propia.

El presentador exhaustivo (“ya que estamos aquí, les voy a contar todo el libro”). El periodista Sergio Ocampo, quien es un exigente narrador, presentaba el libro de Pablo Simonetti Jardín en la última Feria del Libro. Pues bien, Ocampo decidió ser un narrador tan exhaustivo que su entrevista no solo fue un largo y tedioso recorrido por la trama y un análisis profundo de la psiquis de los personajes; también se extralimitó al narrar con lujo de detalles los pormenores del desenlace de la novela. Por supuesto, al final, nadie quería comprar el libro pues ya todo estaba dicho. Digo, hay que dejar algo a la imaginación; o por lo pronto, dejar algo.

El presentador ignorante (“no vine porque quise, a mí me invitaron”). Durante la Feria del Libro de Bucaramanga, la organización tuvo una loable idea de delegar las presentaciones a personas que no fueran “los mismos de siempre”. Para Andrés Neuman, escritor ganador del Herralde, se sacaron de la manga (o del salón de clase) a un estudiante de Derecho. El aterrado presentador hizo agua desde el principio y parecía que su conocimiento sobre el autor databa de una reunión que realizaron la noche anterior. El pobre Neuman echó mano de cuanto truco tiene en su repertorio para llevar el peso de la conversación, mientras apelaba a toda clase de maniobras de resucitación cardiovascular para rescatar al peso muerto que “presentaba su libro”. Digo, está bien lanzar nuevas figuras al agua, pero no hace falta tirar a un muchacho –que hasta buen lector será– a los tiburones.

El presentador egoísta (con los otros comentaristas). En el reciente acto literario del Caro y Cuervo, los asistentes quedaron impactados con el blanqueamiento que hizo uno de los presentadores, Eduardo Subirats, a su compañero de mesa, el novelista Juan Cárdenas, y al sorprendido moderador, Álvaro Robledo. Pues bien, nuestro español decidió leer un discurso de casi media hora para después callarse y hacer cara de enojo y rematar con otros diez minutos de lora. ¡Y olé!

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