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Las armas

Antonio Caballero se pregunta de dónde sacan las armas las guerrillas.

2010/03/15

Por Antonio Caballero

Pero ¿entonces de dónde diablos creen que sacan sus armas las guerrillas? No solo las colombianas: las del centenar de países en donde hay guerras de guerrillas, y que no suelen ser ellos mismos fabricantes de armas. Las sacan de Suecia, como estos lanzacohetes del ejército venezolano que acaban de provocar un escándalo farisaico en la prensa. Las sacan de la China, de Israel, de Rusia, de Francia, de los Estados Unidos: de los países fabricantes de armas. Si son simples fusiles, se los compran a Indumil. Vladimiro Montesinos, el factótum del presidente peruano Fujimori, les revendió a las Farc no sé ya cuántas toneladas de armas compradas no sé dónde por el gobierno del Perú. ¿De dónde venían aquellas, para el M-19, del avión que acuatizó en el río Orteguaza? Muchas las traen de los países centroamericanos cuyas guerras internas fueron alimentadas con armas de la CIA en el famoso caso “Irán-Contras” del presidente Ronald Reagan. Tailandia acaba de liberar a un traficante de armas, antiguo colega del hoy primer ministro ruso Vladimir Putin en la KGB soviética, brevemente detenido por venderles armas a las Farc. Pero no es cosa exclusiva de Tailandia: todos los países suelen dejar en libertad a los traficantes de armas, y es un milagro que alguna vez sean detenidos, así sea brevemente. El otro día un periódico echaba cuentas, y por lo visto son veintidós los países de donde proceden las armas de las guerrillas colombianas. Y deben de ser por lo menos cien los países que reciben la droga que exporta la guerrilla colombiana, o los paras, o los narcotraficantes propiamente dichos. Si el gobierno de Álvaro Uribe toma represalias contra todos ellos retirando embajadores, no es solo que Colombia se vaya a quedar diplomáticamente muy aislada en el mundo: es que el propio Uribe se va a quedar sin embajadas para pagar favores políticos con sueldos del Estado.

Ahora bien: ¿sirven de algo esas armas?Estos lanzacohetes suecos de las Farc, sin ir más lejos. ¿Han derribado con ellos algún helicóptero, o alguna avioneta de fumigación de las que usan los mercenarios a quienes la prensa llama reverentemente “contratistas”? No, que se sepa. Mientras más costosas, menos eficaces son las armas. Las Farc matan gente con artesanales minas quiebrapatas o con cilindros de gas butano. Pero con estos sofisticados lanzacohetes importados de Suecia por vía de Venezuela, y que según nos dicen estaban en su poder desde hace 14 años, no han disparado ni un tiro. O bueno: dos, que se sepa. Fallidos ambos. Uno fue en el 2002, para la primera posesión del presidente Uribe: el cohete, del que se nos dijo que iba dirigido contra el Palacio de Nariño, cayó lejísimos: en el Cartucho, y mató a unos indigentes. El otro, según acaba de revelar la revista Semana, se disparó también en un atentado contra Uribe en octubre del 2003: fue “un rocket que cayó cerca de los hangares de la base militar de Catam antes de que aterrizara” el avión presidencial. Curioso, ¿no? Tal vez no: los atentados contra Uribe han sido siempre bastante curiosos, desde que, en su primera campaña, se los organizaba Jorge Noguera, aquel “buen muchacho” a quien en premio nombró director del DAS.

Y es por eso que vuelvo a preguntar: esas armas tremendas ¿sirven para algo?Recuerdo que hace unos años un inmenso portaaviones norteamericano cañoneó un campo de refugiados palestinos en Beirut. Cada cañonazo, contaban admirados los corresponsales de guerra, abría en la tierra un hoyo del tamaño de una cancha de fútbol. Pero no murió nadie. En cambio en esos mismos días el ejército israelí dejó entrar en otro campo de refugiados, el de Sabra y Chatila, a unas cuantas docenas de falangistas libaneses, y en un abrir y cerrar de ojos mataron a tiros y a culatazos a más de tres mil personas.

Se me dirá que eso no es nada. En 1994 los hutus de Ruanda hicieron una importación de medio millón de machetes. Y mataron con ellos a ochocientos mil tutsis.

No sé quién exportó las armas.

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