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Las dos gracias

Antonio Caballero, en su artículo políticamente incorrecto, habla de Letizia de Borbón y Carla Bruni, las dos Gracias que van subiendo por la escalera.

2010/03/15

Por Antonio Caballero

Iba a escribir un artículo de terror en torno a las imágenes televisadas del presidente Álvaro Uribe a punto de devorar a un periodista argentino, con los ojos de loco y las fauces abiertas. Pensé que mejor no: ese comentario requiere un experimentado ojo clínico de psiquiatra. Pero incluso en ese árido campo de las fotos de políticos es posible a veces ver cosas más gratas. Por los mismos días en que el presidente de Colombia aullaba en Roma ante las cámaras, en Madrid, también ante las cámaras, el presidente de Francia realizaba una visita de Estado acompañado de su mujer. De ahí salieron fotografías como la que ilustra esta página. A la izquierda, vestida de color corinto, Letizia de Borbón, princesa de Asturias. A la derecha, de azul noche, Carla Bruni Sarkozy, primera dama de Francia. Los enormes zapatones que se ven arriba son los del rey de España.

Podría tratarse de un estudio de zapatos, para fetichistas de pies. La revista Hola, siempre discretamente bien informada, cuenta que las dos mujeres escogen los suyos “por amor” hacia sus hombres respectivos. De tacón muy alto los de Letizia, para no parecer enana al lado de su gigantón marido. Y muy bajos en cambio los de Carla, casi planos, para no sacarle una cabeza al suyo (el cual usa, él sí, alzas en los talones para sentirse como Luis XIV). Los de Letizia, de un rosa tiza con la suela negra y lustrosa como el carbón, impoluta. Los de Carla, grises y con la suela escarlata, limpiecita también. Parece como si caminaran en el aire. O, más prosaica y probablemente, como si ninguna de las dos pisara nada distinto de una alfombra roja. Podría ser igualmente un estudio de piernas: más blancas las de Carla, más largas las de Letizia. O de modas: de Christian Dior es el vestido de la francesa, y de Felipe Varela (informa Hola) el de la española. Pero seamos brutalmente francos: se trata de un estudio de culos.

Ya sé que habrá quien diga que un artículo de culos en una revista cultural es políticamente incorrecto: una contribución a la explotación comercial del cuerpo femenino que... etcétera. Que las fotos lo son igualmente. Que son incorrectos los culos mismos de las dos bellas mujeres: no deberían andar mostrándolos por ahí. Pero no importa: los muestran sin recato, y los fotógrafos que los retratan se encargan de recordarnos los tiempos en que el arte, sin alharacas de pudibundez hipócrita, se ocupaba sobre todo de eso. Nos recuerdan el famoso Desnudo bajando una escalera de Marcel Duchamp, de un cubismo cinético y futurista, con sus sucesivas y simultáneas posiciones estáticas. O el más realista desnudo de espaldas de la Venus del espejo, de Velázquez. O la estatua de Praxiteles de la Venus calipigia, que significa “la de las bellas nalgas” y de las que se dice que fueron modeladas sobre las de Friné, la amante del artista. O un precioso grupo escultórico que hay en el Museo del Louvre, copia romana de un original griego perdido, que representa a las tres Gracias: tres mujeres desnudas y abrazadas haciendo una ronda, de manera que desde cualquier ángulo que se las mire se tiene visión frontal de un culo terso y mórbido tallado y como acariciado en mármol. Aquí el movimiento de las dos retratadas, Carla y Letizia, deja ver una curva sinuosa trazada en medio de la espalda por la costura de sus vestidos: es el típico “serpentinato” de la estatuaria helenística.

Ahora bien: estos dos culos tan bonitos, tan bien llevados, cada cual en su estilo, ¿son de verdad? ¿Son postizos? Hoy en día no es tarea fácil distinguir a primera vista (y menos en fotografía) los productos naturales de los frutos de quirófano. El caso es que están muy bien hechos los dos. Hace unos meses, comentando una fotografía juvenil de Carla Bruni desnuda, me permití hacerle algunas críticas constructivas en esta misma revista. Ahora debo decir que ha mejorado con los años, o que mejora con la ropa puesta, o que, en efecto, ha habido en su cuerpo alguna intervención —constructiva también— de la mano del hombre. Lo mismo digo de la princesa Letizia, que recientemente se sometió a una operación de la nariz y la barbilla. Si el culo que le vemos es el suyo propio, enhorabuena. Y si se lo pusieron los cirujanos plásticos, felicitaciones para ellos: les quedó muy bien puesto.

Solo un reparo. Me parece que por razones de equilibrio y armonía de la composición queda faltando una tercera figura en el grupo. La tercera Gracia del clásico trío. Se me ocurre que hubieran podido invitar a la sesión fotográfica a la reina Rania de Jordania.

O bien, ya que eran solo ellas dos, no hubiera estado mal que las hubieran tomado en la actitud del célebre doble retrato manierista de Gabriela d’Estrées y su hermana, también en el Museo del Louvre, en el que la una pellizca delicadamente el pezón de la otra. Eso sí: también hubieran puesto el grito en el cielo los fanáticos de la corrección política.

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