Nicolás Morales

Manual para fallar un buen premio literario

"Estos realities locales –algunos ya fallados y otros por fallarse– nos dejan enseñanzas que he querido atrevidamente resumir en este manual para organizadores de concursos literarios. El propósito es puro y cristalino: mejorar la selección de nuestros campeones y hacerlos, cómo dijera, incuestionables".

2014/06/20

Por Nicolás Morales

Qué temporada tan sorpresiva de premios. Cada día nos abruma la información de los nuevos valores literarios recompensados en sendos concursos. Estos realities locales –algunos ya fallados y otros por fallarse– nos dejan enseñanzas que he querido atrevidamente resumir en este manual para organizadores de concursos literarios. El propósito es puro y cristalino: mejorar la selección de nuestros campeones y hacerlos, cómo dijera, incuestionables.

No acudirás a preseleccionadores estándar.
Si vas a organizar un concurso, verifica que los 50 jurados lean algo más que la gaceta de novedades de Planeta y de Santillana. Y si no puedes cambiarlos, oblígalos a que incluyan –para despistar– a un Juan Cárdenas con una novela como Los estratos, injustamente ignorada, o alguna otra novela publicada por la pordebajeada editorial independiente de tu sobrino, quizás demasiado mal influenciado por toda esa nueva literatura anglosajona, pero aún así persistente. Todo esto con el único fin de aparentar que eres democrático y que no solo lees las grandes casas de edición. Lo harás para que crean que todo anda bien y que eres pluralista, no importa si al final sabes que el premio se irá a una de las grandes casas de la otrora madre patria.

No confundirás los géneros.
No pondrás en la selección final de un concurso de novelas la biografía de un gran personaje (así sea un gramático). Aunque estemos confundidos con esta posmodernidad escritural, invitarás a un profesor de literatura de una universidad de rango medio y él te hará la división de géneros y desechará lo que no entra ni con fórceps en la selección.

No dejarás que los rumores invadan las redes.
No permitirás que se diga que premiaste la única novela de Planeta para equilibrar las cuatro de Santillana. Ni que premiaron a Evelio Rosero con esta novela para saldar cuentas por no haberlo hecho hace años con su mejor novela, Los ejércitos. Ahora, si te siguen molestando, pon un otrosí y cambia las bases del concurso. Trasforma el nombre de Premio Nacional de Novela a Premio Nacional del Novelista.

No le darás cien mil dólares (de nuestros impuestos) a Paraguay.
No crearás un concurso para premiar un género en desuso, como el cuento. Y si vas a premiar un libro de cuentos de Belice o de Paraguay, ahorrarás el dinero de tus contribuyentes y les darás solo diez mil dólares. Ahora, si los cuentos son mexicanos o argentinos, subirás el monto al doble. Y si es colombiano, lo darás casi completico. En todo caso, no te gastarás todo ese dineral para premiar un libro de cuentos publicado en la Patagonia y, más bien, podrás utilizar parte de ese enigmático presupuesto en sacar adelante el plan de publicaciones de cinco o seis editoriales independientes. Ahora, si lo que quieres es quedar bien con Mercedes, harás otras cosas más útiles, como un busto de nuestro único nobel en algún parque recreativo, o en alguna plazoleta de comidas.

No entregarás premios a escritores demasiado populares (y menos aún si es el último premio).
Si diriges el premio de una editorial prestigiosa que acaba de ser reabsorbida, no premiarás a un escritor de best sellers y guiones de pelis de éxito. Dirán que lo único que quieres hacer es aparentar que el barco no se está hundiendo para mejorar la negociación con la editorial que te compra. Escogerás a otro novelista, más oscuro pero mucho mejor recibido por la crítica literaria. Eso es guardar las formas. Y de paso, salvas la reputación de algunos de los escritores antes premiados. Ahora, si insistes en premiar al guionista, dirás constantemente para legitimar el premio que “es un novelista que está en los corazones de los colombianos”. Fácil, ¿no?

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