Lucas Ospina.

Mockus, el artista

2012/07/19

Por Lucas Ospina.

La carrera artística de Antanas Mockus comenzó de manera oficial en 1993, en un encuentro nacional de artes, en la Universidad Nacional donde actuaba como rector. Mockus intentó hablar pero fue abucheado por una inmensa minoría, entonces le dio la espalda al público, se bajó los pantalones y con sus manos abrió sus nalgas. El culo del santo hizo el milagro: la grabación se filtró a un noticiero y todo el país mediático lo vio. A las pocas horas Mockus era linchado por el statu quo: el principal opinador de El Tiempo y el Rector de la Universidad de los Andes pidieron al Presidente de la República que lo destituyera, la eterna directora del Museo de Arte Moderno dijo que era “vulgar” e “innecesario” y el director del Departamento Administrativo de Seguridad clamó por un análisis siquiátrico. Mockus respondió con su renuncia, con lágrimas, pero antes le dejó a un noticiero una sonrisa y comparó su acción plástica con un análisis rayano en el formalismo: su representación “tenía el color de la paz”, “blanco”, como la piel caucásica heredada de su madre, una artista lituana.

Su obra más reciente estuvo en la Séptima Bienal de Arte de Berlín. La bienal, planteada como un cruce entre arte y política, hizo una curaduría menuda pero radical y Mockus, como político artista, resultó más real que muchos artistas políticos. A Mockus se le pidió comentar una pieza, eligió la de la mexicana Teresa Margolles, el compendio anual de 313 portadas de PM, un vespertino de Ciudad Juárez que abre siempre con la foto de un crimen narco, junto a la imagen de una chica salida de los anales infinitos del porno suave. El comentario de Mockus devino en más arte: Lazos de sangre. Instalación. La bandera de México pende sobre una piscina de ácido y baja a medida que alguien muere asesinado en ese país. Los asistentes a la bienal pueden detener su caída si donan sangre o se comprometen a menguar su consumo de cocaína.

Podría uno pensar que Mockus está, como tantos otros, en ese tránsito entre el incierto mundo de la política y el plácido retiro en el condominio de las bellas artes —Álvaro Gómez pintaba caballos, el vate Belisario Betancur tomó clases de pintura con el maestro Manzur, y César Gaviria colecciona “artistas contemporáneos”—. Injusto sería encerrar a Mockus en este bestiario. Mockus no ha tenido que usar el arte como cirugía estética para ocultar los estragos que deja la politiquería, al contrario, Mockus llega a la política desde el arte (y la filosofía), y crea un mejor mundo político.

Hay una imagen discreta, no muy difundida, que retrata al mejor Mockus artista. Se puede ver en el documental La ola verde.

Sucede en la víspera de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2010, en un set de grabación, los asesores del candidato del Partido Verde lucen perplejos. Luego de la paliza de la primera vuelta y se espera lo peor para la segunda, el tsunami de entusiasmo resultó una invención virtual. Un director de cine y un actor le dicen a Mockus cómo debe actuar ante la cámara. Hay una poltrona afrancesada donde el candidato se debe sentar a dar su discurso. Mockus se burla del mobiliario, tanto que sugiere dejar la silla vacía en cámara y añadir su discurso en off. Ante el apuro de los asesores Mockus sugiere otra opción, un columpio para balancearse al vaivén de las ideas. En otra secuencia, Mockus sugiere invitar a todos sus partidarios a votar masivamente por su rival, y así, entre todos, comprometer al nuevo gobierno con la exigencia de un mandato masivo. Nadie parece estar oyendo a Mockus. Al final, el discurso televisado muestra a un señor sentado en una silla que recita un texto con fluidez pero sin convicción. Performance frustrado. Las variaciones propuestas por Mockus lo muestran en su mejor forma, es alguien que arriesga e intuye, alguien que crea; su imagen de un trono vacío para enrostrarnos la ilusión de un rey nos invita a apostar en serio y de forma radical en la ruleta democrática.

Nadie mejor que Mockus para definirse a sí mismo: “Mi idea del artista es la de alguien que, en una celda de prisión, toma una tiza y dibuja un borde para definir su espacio; es una persona que tiene más restricciones de las que normalmente aparenta. Pero al definir esas restricciones por cuenta propia se libera a sí mismo”.

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