Arriba, de izquierda a derecha: Ángela Pérez y María Belén Sáez. En el medio, en el mismo orden: Consuelo Gaitán y Beatriz González. Abajo: María Victoria de Robayo y María Claudia López. Fotos: Archivo Semana.
  • Arriba, de izquierda a derecha: Ángela Pérez y María Belén Sáez. En el medio, en el mismo orden: Consuelo Gaitán y Beatriz González. Abajo: María Victoria de Robayo y María Claudia López. Fotos: Archivo Semana.

El matriarcado de la cultura

Al menos 20 puestos de relevancia en el mundo de la cultura están en manos de mujeres. Nicolás Morales hace un análisis sobre si este panorama obedece o no a una cuestión de género.

2015/11/20

Por Nicolás Morales

¿Qué hace que la cultura sea una especialidad tan femenina, por lo menos en sus cuadros directivos? A partir de un flojito artículo de las culturales de Semana, me preguntaba ¿cómo se construyen las lógicas que explican que la cultura en Colombia sea tan matriarcal? El listado de mujeres en cargos directivos que mereció aviso en portada de la revista es contundente. Casi 14 puestos de relevancia en manos de mujeres. Sin duda, las más importantes posiciones. Hay ministras, secretarias de Cultura, directoras de festivales, curadoras, productoras, entre otras. En muchas entidades no hay decretos de mínimas cuotas. Eso sí, en el artículo hay tres olvidos imperdonables; si me lo permiten, las relaciono: Ángela Pérez, la subgerente cultural del Banco de la República; María Claudia López, la viceministra más constante en el Ministerio de Cultura de todos los tiempos, y Consuelo Gaitán, la directora de la Biblioteca Nacional.

El escrito parece un ensayo de colegio y sabe a esos salpicones dignos de las crónicas de entretenimiento. Sin embargo hay un detalle que me interesa: dos de las mujeres importantes piensan que esto del matriarcado en la cultura no es un problema de género. Me refiero a Beatriz González y Elvira Cuervo. Cito a la misma maestra Beatriz: “No creo que haya diferencias en el ejercicio de la cultura entre hombres y mujeres”. Bonito problema en el que se han metido. Y lo digo porque en el artículo intenta demostrar, en líneas generales, todo lo contrario. Marianne Ponsford habla de “talentos específicos de género”. María Belén Sáez habla de una “capacidad única de las mujeres en organizar y desarrollar proyectos” y la ministra de Cultura añade que en temas de gestión, las mujeres dan resultados positivos (¿a cambiar los hombres de las direcciones?).


Entonces, unas mujeres dicen que el género femenino sí configura diferencias en la gestión y otras, que no. Me intriga este asunto. ¿Es lo mismo ser un hombre o una mujer cuando se dirige en cultura? Primera hipótesis: si es igual ser hombre que ser mujer, entonces deberíamos encontrar más hombres o, incluso, muchos hombres como en tantos otros sectores del poder político o económico. Pero no, la lista de féminas es abrumadora y puede estar señalando algo distinto: los viejos imaginarios sobre la cultura siguen vivos; estos referidos a lo femenino como lo sensible, lo bello o la levedad, es decir la cultura en su sentido más tradicional. Sin embargo, empiezan las paradojas. La primera, sabemos que el mundo ha cambiado y particularmente el mundo de las mujeres. Muchas de las actualmente nombradas en cultura son mujeres con un alto nivel profesional. No todas, por supuesto, porque no crean que en cultura escasean las políticas de oficio. Pero son pocas. En otras palabras, hoy es más difícil nombrar cualquier mujer que maneje imaginarios tradicionales sobre la cultura con las exigencias que tienen estos cargos.

Pero hay una segunda paradoja: en todos los otros ministerios o asuntos del Estado, con muy pocas excepciones, las mujeres no logran ni siquiera una lamentable cuota del 30 %. ¿Qué hace que sea el único campo, el de la cultura, donde las mujeres logran una gran mayoría? Creo que es porque no hay competencia de género. Y la razón por lo que no la hay es porque probablemente el universo masculino sigue marcando las escogencias educativas y profesionales de hombres y mujeres. Y los oficios de la cultura siguen teniendo más mujeres, por lo menos en la cúspide de la pirámide. Hay más paradojas: muchas de estas mujeres de la cultura son de clases altas. Son tradicionalmente lo que llamamos mujeres “cultas”. Lo que no sucede con muchas mujeres de la clase política de este país. Aunque esto es harina de otro costal, creo que a veces las harinas se mezclan. Por cierto casi todas son blancas.

Ser mujer configura diferencias, es un hecho. Y estará ligado a las historias familiares, educativas, de su capital cultural, de sus lecturas y de sus imaginarios imperantes. También a sus rasgos psicológicos. Sin embargo, y hablando en concreto de estas 20 mujeres que dirigen la cultura en Colombia, ¿por qué son elegidas o aceptadas por el poder político? No lo sé, ¿acaso sí existen diferenciales que las hacen cualitativamente mejores en los cargos que los hombres? Yo creo que sí, maestra Beatriz, pero la verdad y como lo ven mis lectores, no sé probarlo.

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