Nicolás Morales

Necrológicas amarillas

"Sé que llego tarde a estos funerales, pero aquí estoy para comentar, con un poco más de distancia, un par de cosas sobre la manera en que la vida y la muerte de un gran escritor han sido presentadas por distintos actores en el país".

2014/05/23

Por Nicolás Morales

Sé que llego tarde a estos funerales. Sé que ya el país –y de hecho el continente entero– probaron en Facebook ser cuna de poetas, llorando todos la muerte del maestro por casi una semana entre recuerdos variopintos y exabruptos líricos de todos los pelajes, para luego regresar, eso sí, a las tradicionales publicaciones de videos de gaticos haciendo cosas tiernas. Sé que llego tarde a estos funerales, pero aquí estoy para comentar, con un poco más de distancia, un par de cosas sobre la manera en que la vida y la muerte de un gran escritor han sido presentadas por distintos actores en el país.

1. El perdón nacional. Está muy temprano para determinar los manejos de los homenajes que se rindieron a la memoria del Nobel en Colombia. Sin embargo, la comparación entre los tributos rendidos en México y en Colombia fue un verdadero festín para los columnistas y entretenedores mediáticos en el país. Mientras los mexicanos hacían una ceremonia de agradecimiento a un gran escritor percibido como propio, aquí, qué buenas son nuestras élites, tuvimos una ceremonia de perdón a un escritor que fue demasiado pro-Cuba y demasiado mexicano como para dejarse perdonar en vida.

2. La sociedad del espectáculo. La prensa escrita, hay que decirlo, fue, como siempre, mejor que la televisión. Revistas y periódicos tenían listos los obituarios, las perlas de archivo y las infografías que, en general, estuvieron a la altura. Pero, en lo que concierne a los noticieros, aunque era de esperarse, no deja de causar espanto el modo en que van siempre más allá de las peores expectativas: pésimos periodistas, improvisando con notas sacadas de cartillas escolares de las épocas en que García Márquez solo era el autor de Relato de un naúfrago y otras cosas por el estilo. Solo Señal Colombia hizo un buen esfuerzo, y se agradece.

3. La cero-versidad. Qué poca academia hubo en los medios de comunicación del país. Muy pocos profesores opinaron in situ sobre el asunto. Recuerdo a Piedad Bonnet, Luz Mary Giraldo y Alejandra Jaramillo. Los medios no creen en la universidad colombiana como referente. Creen tan poco en ella que ni siquiera la tienen en cuenta como una atención a toda la mucha pauta que está poniendo en prensa, en radio y en televisión.

4. Los olvidos. Me quedé echando de menos los escritos de Juan Gustavo Cobo Borda y de Manuel Hernández Benavides. El primero, logró traducirles Gabo a lectores generales de manera menos complicada, y el segundo es un gran observador de Gabo con menos ganas de ser tan correcto y bien portadito como es correcta y bien portadita cierta fauna intelectual que usualmente aparece en los medios cuando se muere alguien. Eso sí faltó hablar más de la obra y menos de la relación de su vida con su obra.

Plaza de Bolívar en Bogotá

5. A carta cabal. El asunto Cabal fue importante para comprobar la continuidad de esas voces que despreciaron al Nobel. En ese sentido, María Fernanda Cabal fue vocera de esa Colombia, ojalá minoritaria, que condenó al intelectual con el mismo grado de reflexión con que no condena al paramilitar de derecha. Aunque el país se sorprendió con el atrevimiento de esta representante elegida, habría que seguir preguntándonos cuál es ese país que habla y seguirá hablando por boca de su representante cabal.

6. Bonito. Leímos algunos bonitos artículos. Me gustó mucho el de Héctor Abad en El Espectador. Aprendí con lo que Daniel Samper Pizano publicó en El Tiempo. Y estuvo bien que la revista Semana incluyera un artículo de Dasso Saldívar, en mi opinión un biógrafo de García Márquez injustamente opacado por el oficial Gerald Martin.

7. Un millón de amigos. Odié a los “mejores amigos” de Gabo. Cada día nos tocó palidecer con este desfile de políticos, columnistas bobos y vedettes que dicen haber sido sus entrañables, como si a alguien le tuviera que importar. ¿Fue la muerte del Nobel una ocasión para que los medios pagaran uno que otro favor, ampliando las sociales para darle un champucito de popularidad a un montón de señores?

8. Gabo grande. En todo caso, fue conmovedora la reacción mundial. Sentir la piel de gallina, durante varios días, ante las páginas inmensas que los diarios internacionales dedicaron a la vida del escritor. Pienso que lo más importante, quizás, fue que desempolvamos los libros de la biblioteca para releer en silencio pasajes o pedacitos de la gran literatura de este señor recién muerto que leeremos y releeremos como visitando las ruinas monumentales de esos pueblos que, creo, no somos capaces de comprender.

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