No es de verdad

Antonio Caballero reflexiona sobre el día sin carro en Bogotá.

2010/02/28

Por Antonio Caballero

No parece de verdad. Parece una maqueta de estudio de arquitecto, con sus arbolitos de plástico, su pavimento intacto, y ocho carros y tres buses que ni echan humo ni se le cierran a nadie y circulan veloces y tranquilos por los carriles despejados, limpios como patenas, de la autopista. Es una foto real, de un sitio real: el cruce de la autopista del Norte con la calle 153, en Bogotá. Pero no es de verdad. Es la maqueta de la felicidad automovilística que se vive en la ciudad un día al año, el Día sin Carro, cuando todos los ciudadanos —menos los altos funcionarios oficiales que disponen de camionetas blindadas a cargo del Estado, y las renuevan cada año— tienen que guardar el suyo.

 

Pero ¿y esos colores? La transparencia cristalina del aire los deja ver en toda su pureza. Porque, según la Secretaría Distrital de Ambiente, ese día disminuyó en un altísimo porcentaje la contaminación: bajaron el material particulado, el monóxido de carbono y el dióxido de azufre, y es por eso que la Alcaldía Mayor decidió cambiarle el nombre tradicional al día: no ya un negativista Día sin Carro, sino un optimista y proactivo Día del Aire Limpio. La Universidad Nacional dice que no es de verdad el dato de la Secretaría, porque los más contaminantes son los vehículos de servicio público. En fin: vuelvo a lo de los colores. La transparencia relativa del aire hace resaltar el verde brillante de la hierba, el más oscuro de los árboles con su sombra a sus pies, el gris impoluto del asfalto (ni un hueco en la autopista: ahí hay un buen trabajo de photoshop de los talleres del periódico), el rojo de los buses de Transmilenio, el blanco de un camioncito (era también el día del paro del transporte pesado de carga). Y una única manchita amarilla: un taxi. Un solo taxi, cuando la verdad es que en los Días sin Carro (perdón: del Aire Limpio) Bogotá naufraga bajo una marea amarilla de taxis. Ni una moto. Es que ya digo: no es de verdad. Hasta El Tiempo, que publica la foto en primera página y en gran formato para animar a la gente, se ve obligado a reconocer al pie que hubo “algunos trancones en horas pico”.

 

Los trancones que vivimos todos los días los bogotanos. El pico y placa, que agravó el problema, porque los 250 mil bogotanos que tenían con qué hacerlo compraron un segundo carro. Las obras, mal concebidas, mal contratadas y ya pagadas, pero mal hechas o sin terminar de hacer, cerrando y destripando calles y carreras, cegando glorietas y round points, y todas a la vez, pero poquito a poco. Y medio abandonadas, como ruinas. Falta el hueco del Metro, prometido y estudiado y proyectado y pactado e incluso pagado en parte desde hace más de cincuenta años. El Sistema Integrado de Transporte Público (SITP). El Metro, el Transmilenio integral y el Transmilenio ligero, el tren de cercanías. Los proyectos piloto, los reparcheos, las zanjas del acueducto, las alcantarillas sin tapa, los contraflujos, los semáforos, los desplazados que ofrecen frutas al pie de los semáforos, los vendedores ambulantes, los policías de tránsito, las camionetas blindadas y sin pico ni placa de los altos funcionarios públicos —el Alcalde Mayor, los alcaldes menores, los concejales, el Contralor Distrital, el Personero— y de sus escoltas, y de los contratistas y de los suyos.

 

¿Ven ustedes algo de todo eso en esta fotografía? No. Es que no es de verdad.

 

No lleva firma. El pie de foto dice solamente “archivo particular”. ¿Particular de quién? Me asalta una sospecha: ¿no habrá sido tomada desde lo alto de su helicóptero por el mismísimo señor Alcalde?

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