Antonio Caballero
  • Viviendas de interés prioritario

Lucha de clases

Estos asfixiantes cubículos para pigmeos que se ven en construcción aquí, todavía inconclusos y ya rotos los ladrillos de las delgadas paredes, son VIP.

2014/11/19

Por Antonio Caballero

 

Una sigla que, como sucede a menudo con las palabras, ha cambiado diametralmente su significado: hasta hace poco se refería a los ricos y privilegiados (Very Important People),que disponían de salón reservado en los aeropuertos, palco especial en los espectáculos y limusinas en la puerta. Ahora se refiere a los pobres más pobres, a quienes el Estado Providencia les da la limosna de un parvo techo y unos subsidios para pagar los servicios de agua y luz: son Viviendas de Interés Prioritario.


Viviendas de Interés Prioritario.


El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, que en tres años de desgobierno ha dejado prometidas o a medio empezar numerosas obras públicas faraónicas, del metro subterráneo al tranvía eléctrico, del reciclaje de las basuras a los cables aéreos, no quiere dejar pasar el último año de su satrapía municipal sin haberlo adornado con una última gran empresa revolucionaria: dicho en sus propias palabras, “acabar con la estratificación social en Colombia, que es un sistema de castas antidemocrático, antirrepublicano y antihumano”. Estas tapias de ladrillo hueco sin terminar, que más parecen ruinas que cimientos, son el embrión de esa utopía.

Como las vip no están todavía construidas, sino solamente anunciadas (Petro es así…), yo también me he tomado la libertad de ilustrar este artículo con unas vip ficticias: no las de “les beaux quartiers” que sueña Petro, sino unas de las afueras: en lontananza se vislumbran hileras de eucaliptos sabaneros. Las de verdad verdad no serán exactamente así. Petro ha prometido que serán edificadas en barrios de estrato 6 de la ciudad, hasta ahora exclusivos y excluyentes, donde viven los ricos: en el parque de la 93, en el parque El Virrey, en los aledaños del Centro Andino de la calle 82. Para empezar, el programa es modesto: solo 372 viviendas (con 365 garajes), en bloques de cuatro a siete pisos cuyo diseño coreano, dice el director de Metrovivienda encargado del proyecto, dependerá de la arquitectura de la zona: “La idea es que la gente no diferencie entre la vivienda de un rico y una vip”. Y agrega el alcalde Petro: “La arquitectura para personas víctimas de la violencia debe ser de la misma calidad, estética y belleza que la del estrato 6”. Porque el proyecto está destinado a los más pobres: los millones de víctimas expoliadas de todo que han dejado en este país 50 años de guerra, de las cuales 600.000 se han refugiado en Bogotá. De entre ellas, para empezar, el alcalde escoge a 372 familias: no es mucho, pero algo es algo.

Pero lo que apenas es algo para unos, es demasiado para otros. Y así el anuncio del alcalde ha desatado una polémica con todos los ingredientes de la lucha de clases como a él le gusta. Populismo demagógico por parte del alcalde Petro y clasismo oligárquico de quienes ven amenazados sus privilegios: el primero de todos, el de vivir lejos de los pobres. Una limosnera cargada con un bebé, unos desplazados con letrero de cartón, un par de saltimbanquis en los semáforos, vaya y pase: no es cosa de llegar a los rigores de la “limpieza social”. ¿Pero pobres viviendo en la casa de uno? Ni pensarlo. Aumentarían los robos, los niños tendrían que ir siempre con guardaespaldas, caerían los precios de la finca raíz. Lo de la integración y la equidad y todo eso que peroran los gobiernos está muy bien. Pero hasta cierto punto: todavía hay clases.

Y además es gente que no tiene educación. Quemarían las tablas del parquet para cocinar en un fogón en el piso, como allá en sus ranchos. No. Definitivamente, no.

No hay que olvidar, sin embargo, que no estamos hablando de una realidad tangible, sino de un anuncio del alcalde Gustavo Petro. Él sabe destruir, pero no sabe hacer. De modo que no hay que preocuparse. No habrá vip en el estrato 6, salvo de los de antes: Very Important People. Y los únicos pobres visibles serán las niñeras y los escoltas de los niños. La lucha de clases queda otra vez pospuesta para más adelante.

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