Marta Ruíz
  • El maestro Rafael Cassiany.

Leer, escribir

No es el arroz de auyama, ni el guandul, ni las alegrías de mijo, ni el pescado frito, ni el toque de culantro lo que más llama la atención del libro 'Cocina palenquera para el mundo', galardonado este año en Pekín con el Gourmand World Cookbook Awards.

2014/11/19

Por Marta Ruiz



Tampoco es el hecho notable de que esté escrito en dos lenguas (español y palenquero) ni que tenga los textos de puño y letra de la gente mayor de este pueblo, ni que recupere tradiciones ancestrales. Lo más impresionante es que el libro mismo sea producto de un programa de alfabetización para adultos. Porque lo más increíble es que Palenque, que se enorgullece de ser el primer pueblo libre de América, de haber sido declarado en 1995 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, tuviera todavía a por lo menos 500 personas que no sabían leer ni escribir.

La foto más bella del libro es la del maestro Rafael Cassiani gozándose el diploma que lo gradúa de primaria (que acompaña esta columna). Por si alguien no lo sabe, él es el genio musical de una tradición única, encarnada en el Sexteto Tabalá.

Cuenta Cassiani, de 80 años, que en la década de los veinte, en el Canal del Dique ardía la fiebre azucarera, y empezaron a llegar los cubanos con las marímbulas, las maracas, la timba, la clave, la guacharaca y los bongós, a cantar los sones del Sexteto Nacional de Cuba. En Palenque, empezó a darse esa fusión increíble entre el son cubano y los toques fúnebres o carnavalescos propios de los negros que huyeron de la esclavitud.

Con la gran depresión, los ingenios azucareros quebraron, se fueron, y con ellos, los cubanos y sus sextetos. Pero el son se quedó en Palenque. Un carpintero local aprendió a hacer la marímbula, con totumos hicieron las maracas y con madera nativa los bongós. Y así se creó el sexteto que perdura hasta hoy y que según Cassiani sonó bien desde el primer día, cuando su tío hizo arreglos de canciones tradicionales como Carmelina o Dámelo, mamita para adaptarlas al son. El viejo Rafa se vinculó al sexteto desde los 8 años, cuando ni siquiera sabía español, y apenas hablaba su lengua palenquera.

No faltará quien diga que la cultura palenquera es sobre todo oral, y que por tanto es irrelevante si Cassiani lee o escribe. Pero me pregunto a dónde habría llegado como músico si un hombre como él hubiese tenido una educación temprana, si hubiese escrito sus canciones de corrido. Su gran sonrisa hace pensar que el diploma de primaria no le es indiferente. Más bien parece una victoria.

Amartya Sen, el premio nobel de economía indio, dice en su libro Desarrollo y libertad que derechos básicos como aprender a leer y escribir son cruciales para la democracia, para incrementar la libertad de expresión, para crecer como individuos deliberantes; en últimas, para un desarrollo verdadero. En las zonas rurales de Colombia, el 14,5 % de los adultos no tiene acceso a este derecho. La falta de educación básica redunda directamente en la calidad de vida de la gente, y de sus decisiones políticas. No en vano en Cartagena ha sido coronado como alcalde un señor que les levanta placas a los invasores. Alguien que al parecer, ignora las lecciones básicas de la historia de su propia ciudad.

El analfabetismo es imperdonable. Y aunque no voy a criticar las becas que la Ministra de Educación está pensando en darles a estudiantes universitarios de bajos recursos, creo que erradicar este mal en el campo, es una prioridad insoslayable. Urgente. A lo mejor un mayor acceso a la educación, a la información, permite que la gente elija mejores gobernantes algún día. Gobernantes que sientan vergüenza de que a estas alturas todavía un porcentaje tan alto de su gente no pueda leer un libro ni escribir una canción de corrido.

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