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Porcina

En su columna de este mes, Carlos Castillo Cardona, advierte que en la historia siempre han estado muy de malas los animales llamados puercos, marranos, cochinos y cerdos.

2010/03/15

Por Carlos Castillo Cardona

Están de malas los animales llamados puercos, marranos, cochinos y cerdos: se les ha quitado la gloria al designar la última infección viral con ese bello nombre de gripa del cerdo o influenza porcina. Los negociantes internacionales, especialmente los mercaderes de las carnes de cerdo y sus productos derivados, influyeron sobre la Organización Mundial de la Salud para que designaran esta gripa con el extraterrestre nombre de influenza A (H1N1). Lo harían, seguramente, por sus oscuras clasificaciones, esas que poco entendemos los del vulgo. Lo cierto es que esta es la última marranada (“Indecencia, acción vil y grosera” o, también, “Cosa hecha de forma sucia o chapucera”) que se les ha hecho a los cerdos. Es el colmo. Pues según nos dicen, fue un hermoso ejemplar de esta especie el que transmitió su virus, muy propio y muy porcino, a un explotador de cerdos.

A través de la historia de nuestra lengua, los nombres de puerco, marrano o cerdo se han convertido en adjetivos insultantes. Por supuesto, también son ofensivos en otros idiomas. Piénsese que en inglés se les dice pigs a los policías. Debido a que el marrano tiene cerdas, pelos duros y gruesos, es cerdudo, la palabra cerdo, en 1729, “aparece como una creación eufemística tardía, resultante de abreviar la expresión ganado de cerda, con el objeto de remplazar a puerco, y a sus sucedáneos, marrano y cochino, cuando estas se hicieron palabras de mal tono”, según Corominas.

Todos los sinónimos que este noble e inocente animal tiene han sido expresiones infames y, casi siempre, discriminatorias. En la España del siglo XIII, al “cristiano nuevo” se le dice marrano, para referirse a los moros y judíos convertidos, a causa del rechazo a la carne de ese animal, dada la prohibición de sus antiguas religiones. Marrano, para designar al cerdo, es palabra tomada del árabe, máhram “cosa prohibida”. Estos usos de la palabra seguramente se extremaron con la expulsión de los jesuitas de los territorios de la madre patria, pasando de ser una sociedad en donde reinaba la convivencia a ser un país intolerante y discriminatorio. Gloria a la Santa Inquisición. Esas actitudes negativas hacia lo diferente y diverso todavía las sufrimos en América.

Muchas son las asociaciones que se hacen con cochino, cerdo, marrano y puerco. La primera, con suciedad. ¿Quién no oyó decir al capellán de su colegio eso de que “el sexo es puerco”? Pues claro, pues puerco es alguien de “instintos o proceder innobles, indelicados o groseros”, y marrano vale por “falta de escrúpulos, delicadeza o nobleza” (Moliner).

Todos oyen lo que quieren oír, como Don Quijote con el toque de cuerno del porquero. Yo sigo pensando que la tal gripa debería seguir asociada a porcina. Finalmente, es una marranada lo que han hecho con nosotros en esta pandemia. Ante todo, no parece ser tan grave, pues la proporción de muertos por esta enfermedad es muy inferior a la de la gripa común. Con el pánico creado, han hecho que nos recluyamos en la casa, nos han obligado a lavarnos las manos hasta arrancarnos la piel, nos han impedido estrechar la diestra a los amigos o besar a la novia. Y, lo peor, nos hacen usar mordazas, mientras nuestro inefable Ministro de Seguridad Social no ha soltado el micrófono desde que apareció el primer enfermo en remotas regiones del planeta. ¿Qué tapa él hablando tanto? ¿Qué nos impiden decir a nosotros con un trapo en la boca? ¡Vaya manera de marranear!

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