Sandra Borda habla sobre los errores de comunicación del gobierno a propósito de los avances sobre justicia transicional en La Habana.
  • Sandra Borda

¿Un paso adelante, dos atrás?

"Si el interés es construir un consenso nacional alrededor del proceso de paz, el manejo de la información está marchando en la dirección exactamente opuesta a la requerida para hacer de esta una paz legitima". Sandra Borda, Columnista de Arcadia.

2015/10/23

Por Sandra Borda

Si algo quedó claro después de que se hizo público el acuerdo sobre justicia transicional el pasado mes de septiembre en La Habana, es que el gobierno Santos y su equipo negociador no tienen una estrategia de medios para difundir y tratar el tema de la paz. No hay nada: las decisiones se rigen por pura intuición, por un sentido confuso y mediocre de la oportunidad política y, en el peor de los casos, por una necesidad muy primitiva de pagarles lealtades a los medios y a los periodistas amigos.

Fíjense en la trayectoria informativa que sufrió la difusión del acuerdo. Primero, se dio a conocer un comunicado con diez puntos básicos en materia de justicia transicional. Quedaron muchas preguntas y eso implicaba, uno pensaría, que el gobierno se reservaba la capacidad de controlar la difusión de lo que viniera después, para determinar unilateralmente el ritmo de la discusión nacional y para de alguna forma establecer los temas ordenadamente y lidiar con ellos uno a uno.

Pero lo que siguió fue un enorme desorden que solo debilitó la posición gubernamental. Tal fue el caos, que llegamos a octubre sin claridad alguna de lo que significan los acuerdos: mientras para el gobierno son un punto de partida, para las Farc son un punto de llegada; no hay coincidencia en lo que significa “restricción de la libertad” ni si el secuestro hará parte o no del grupo de delitos objeto de amnistía. Hasta el fiscal tomó ventaja e hizo algo de política antiuribista usando la falta de un mensaje articulado y unánime por parte de la mesa de negociación para amenazar con enviar a Uribe a la cárcel.

¿Por qué pasó todo esto? ¿En dónde se salió de madre el asunto? Creo que el gobierno, en vez de planear una estrategia de comunicación que controlara el ritmo y la naturaleza de los mensajes y cómo se irían haciendo públicos gradualmente, decidió hacer clientelismo mediático con la información. Entonces, como por arte de magia, empezaron a aparecer unos periodistas/analistas aquí y allá que tenían más detalles que otros, empezaron a aparecer chivas que súbitamente llenaban con mucha eficiencia y detalle los huecos que había dejado el comunicado. Pero como la forma en la que obtuvieron la información no era estrictamente oficial, todo quedó hundido en una enorme y espesa nube de rumores que las Farc aprovecharon para radicalizar su posición frente a dicho acuerdo.

La seudoestrategia de medios del gobierno está profundizando las divisiones en este país y en nada está ayudando a la reconciliación. Si el interés es construir un consenso nacional alrededor del proceso de paz, el manejo de la información está marchando en la dirección exactamente opuesta a la requerida para hacer de esta una paz legitima, una paz nacional. La lógica es “a los ‘amigos de la paz’ toda la información que requieran, los otros, que se queden a oscuras”. Siendo el objetivo tratar de traer a bordo del barco del proceso a los que están fuera de él, perdónenme por la rudeza en el uso del lenguaje, pero no logro imaginarme una estrategia de comunicaciones más estúpida que esta.

Aquí hay una mezcla perversa de factores e incentivos: para empezar, en Colombia es imposible guardar un secreto. Sufrimos de una incontinencia especial que no nos permite retener información clasificada y esto siempre atenta contra la entrega gradual de un mensaje. En segundo lugar, la fuente tiene un incentivo importante para filtrar la información a un periodista amigo: una “relación especial” entre el periodista y la fuente le permite a esta última darle más forma al mensaje y controlar cómo se difunde. Al mismo tiempo, bajo la lógica del “toma y dame”, la fuente también va construyendo una relación de lealtad. Además, aunque digan que la cosa ya está pasada de moda, los periodistas siguen viviendo de la chiva y se siguen sintiendo halagados cuando una fuente los escoge para filtrar algo. Finalmente, con chivas en mano, el periodista va subiendo los peldaños de su propia carrera. Entonces, todos ganan. Mientras tanto, la opinión pública se confunde y recibe datos fragmentados –en forma de chismes– sobre un acuerdo trascendental para el futuro de este país.

Como si fuera poco, la seudoestrategia de comunicaciones que menciono tampoco está ayudando a la mesa de negociación. Es claro que las partes decidieron dar a conocer un acuerdo sin terminar para aprovechar un momento político crucial: la visita del papa a La Habana y el discurso del presidente ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Creo que las partes estuvieron en algún momento en la misma página en este tema. Sin embargo, el inicio de las filtraciones fragmentadas a los medios por parte del gobierno minó la confianza y presionó a las Farc hacia el establecimiento de su propia narrativa de lo que había sucedido. El acuerdo terminó convertido en un campo de disputa mediático y la opinión quedó con la idea de que el anuncio había sido más bien simbólico, si quieren, performativo. El episodio demostró que el ejercicio de la negociación es tan importante como el de la divulgación y que un paso que se avance en el primero, pueden ser dos pasos que se retrocedan en el segundo.

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