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Seis domésticos misterios editoriales

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Sopor i piropos

Columna de Nicolas Morales

Por: Nicolás Morales
Publicado el: 2011-08-22

Los misterios editoriales han sido el pan del último siglo: el rechazo al primer manuscrito de Proust, la desaparición momentánea de Agatha Christie y las obras quemadas de Rulfo, entre otros, quedaron en la historia como grandes enigmas asociados a libros. Pues bien, esos misterios no son ajenos a la temporada editorial colombiana y por eso consignaré aquí algunos de ellos; eso sí, perdonarán lo domésticos y prosaicos que se ven a la luz de aquellos que mencioné en los primeros renglones.

 

Misterio 1: ¿Se acaba Editorial Norma? Los rumores sobre el final de la editorial del grupo Carvajal inundaron Bogotá y sus alrededores. Y aunque la palabra oficial que debemos creer habla más bien de una reestructuración y del cierre de algunas de las filiales, no estaría de más aclarar el asunto, así sea solo por honrar uno de los catálogos más importantes de Colombia. El susto, sin embargo, fue mayor y por un momento pensamos que los anticipos a cierto novelista, exdiplomático del gobierno de Uribe y actual columnista de El Espectador habían arruinado tan prestigiosa casa de edición.

 

Misterio 2: ¡Habemus editor! La librera argentina del Fondo de Cultura Económica acaba de ser nombrada editora general de la constelación editorial Santillana. Y enhorabuena. Quienes piensan que el misterio está en cómo una librera argentina se vuelve editora, están muy equivocados. Todo el mundo sabe que Andrea López tiene madera, inteligencia editorial y no le asusta el acertijo. El enigma, creo yo, está más bien en saber cómo Santillana no se desmoronó en estos años sin un editor o editora en la larga noche que siguió al periodo de Pilar Reyes.

 

Misterio 3: La Librería Nacional dice ser independiente. Felipe Ossa lanza un urgente llamado para que su megacadena de librerías sea considerada independiente. El estatus gusta pero la verdad es que, con todo respeto, no estamos seguros de que clasifique. El misterio es cómo los verdaderos libreros independientes no han iniciado el consecuente linchamiento y cómo la librería Panamericana no se ha unido a este nuevo club de los extraños independientes.

 

Misterio 4: La extraña salida del editor de Planeta. Una verdadera institución, Leonel Giraldo, abandona el otro gran pulpo español. El editor de muchos años se retira a sus cuarteles de invierno. Extraño retiro con rumores de jubilación. Giraldo fue padre de decenas de proyectos editoriales de variado calibre y, la verdad, era respetado y criticado por un gran séquito de autores, críticos y mundo editorial. Eso sí, vendió muchos libros y en él está resumida gran parte de la edición comercial en Colombia. El misterio está en el perfil tan bajo de su salida. ¿Así paga el diablo a quienes lo sirven?

 

Misterio 5. ¿Los editores de El Espectador solo leen Isabel Allende? El periódico capitalino selecciona a una gran autora para regalar su colección de obras a la familia colombiana. Se trata de la escritora Isabel “ventas” Allende. Misteriosa elección, sobre todo por el carácter innovador de su obra. En vez de comprar una pléyade de nuevos autores latinoamericanos, El Espectador prefiere jugársela con un registro de éxito tan soporífero como de mediana calidad. A ver si le consultamos más cosas a algunos integrantes de la junta editorial del periódico (Héctor Abad o Pilar Reyes). De seguir así, las próximas entregas serán los coleccionables de autobiografías, comenzando con la de Ricardo Montalbán.

 

Misterio 6: ¿La franja amarilla se toma la revista Número? Guillo González, cofundador y director de una de las revistas más estables del mundo cultural, tira la toalla. Y por supuesto se tejen toda clase de conjeturas. Lo cierto es que parece que el poeta William Ospina sería su sucesor en, espero, algo que no sea un golpe de estado del escritor a su agente literario. Los tiempos de la Revista Gaceta de Colcultura, con González, fueron extraordinarios; los primeros años de Número bajo su dirección fueron muy interesantes, pero últimamente, pienso, bostezábamos un tilín. Enhorabuena, pues. Ospina, suponemos, transferirá a la publicación esa dosis de energía y creatividad que lo caracterizan. Y, seguramente, quienes llevamos toda una vida suscritos a Número recibiremos como premio unos miniglobitos inflables que, me temo, no durarán en nuestra memoria más que unos meses, como esos globos del Bicentenario que el viento se llevó.

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1 COMENTARIOS

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Administrador

Publicado el 9/13/2011 9:46:57 PM
Buena columna, este muchacho tiene caracter !....hay una camada de Nicolases atrevidos...por ahí andaba otro Nicolás recien librado de carcel...al centro y pa dentro.