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Tema

Carlos Castillo Cardona habla de la nueva enfermedad verbal: el virus "tema".

2010/03/15

Por Carlos Castillo Cardona

Quiero advertir que no soy uno de esos que protestan por cada neologismo, galicismo o anglicismo. El lenguaje es vivo, cambiante y debe ser funcional y adaptado a los tiempos y a los cambios de la sociedad. Hecha esta salvedad quiero manifestar la molestia que me embarga cuando los vocingleros usan palabras que molestan, distorsionan y empobrecen el lenguaje. Nada más frustrante que no poder decir “coger” en la Argentina. En los estratos bajos de Colombia, en algunos estratos medios, y sigue subiendo, ha quedado proscrito el verbo poner. La gente se coloca el suéter, el computador se coloca lento y hay gente que se coloca furiosa. Dicen que poner es para las gallinas. Algunos se escandalizan cuando se dice pelo y quieren obligar a usar solo cabello.

No siempre se sabe el origen de los vocablos censurados. Algunos son virus lingüísticos. Es decir, aquellas palabras y usos encubiertos que entran en la corriente oral o escrita sin que los portadores de la palabra se den cuenta de la enfermedad verbal. Contra esta especie de microorganismos de la palabra no hay antivirales ni cura conocidos.

Me angustia el uso actual del vocablo “tema”, que proviene del latín Thema. Tiene nueve claros significados en el DRAE: tema es la proposición o texto que se toma por asunto o materia de un discurso; este mismo asunto o materia; el asunto general que en su argumento desarrolla una obra literaria; cada una de las unidades de contenido en que se divide un programa de estudios o de una oposición, o un libro de texto; cada una de las formas que, en ciertas lenguas, presenta un radical para recibir los morfemas de flexión. También el significado de tema está ligado a la música, que es el trozo pequeño de una composición, con arreglo al cual se desarrolla el resto de ella y, a veces, la composición entera; y es, también, el principal elemento de una fuga.

Pues bien, la radio, la televisión, y sus entrevistados, usualmente políticos, están infestados del virus “tema”. Este vocablo se les ha vuelto un passe partout o palabra comodín. Tal como les sucede a los niños que, por su lenguaje incipiente, usan “cosa” para nombrar todo lo que les rodea, los charlatanes públicos suplantan los contenidos por la palabra “tema”. También sienten que no dicen nada si no anteponen el vocablo a cualquier concepto o situación. Por ejemplo, el desempleo es “el tema del desempleo”, la enfermedad es “el tema de la enfermedad”, Transmilenio es “el tema de Transmilenio”, y así sucesivamente. Alcaldes, ministros y demás funcionarios están empeñados en resolver el tema del desempleo, el tema de enfermedad o el tema del transporte. Palabrería que los domina y ahoga, pues al final todos quedamos sin conseguir trabajo, enfermos y paralizados en ciudades congestionadas. Así entra la enfermedad “tema”. En medio del mal de nuestro siglo: la imagen por encima de los fenómenos.

He oído cinco veces la palabra tema, entreverada en un discurso de tres frases de un ministro. ¿Ha contado usted las veces que se dice tema en uno de esos programas matinales de noticias? Claro que también podemos entender lo que ocurre, porque tema también es la “actitud arbitraria y no razonada en que alguien se obstina contra algo o alguien” o la “idea fija que suelen tener los dementes”. Finalmente, tomar tema es obstinarse en algo, u oponerse caprichosamente a alguien. Se empobrece el habla por la falta de lectura. Al final, solo queda cada loco con su tema.

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