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Tirano

Carlos Castillo Cardona, luego de ver el desarrollo reciente de nuestra política , decidió elegir la palabra tirano para este mes.

2010/03/15

Por Carlos Castillo Cardona

¿Qué otra palabra de estos días nos puede tentar más para escribir? Todos saben por qué. Tirano viene del griego týrannos y pasó al latín tyrannus, y finalmente llegó a nuestras lenguas romances y a las anglosajonas. Originalmente, el sentido no era exactamente el mismo que le damos en nuestros días. Según Asimov, en su libro sobre los griegos, dice que ante la insatisfacción popular por las oligarquías el pueblo buscaba líderes, algunas veces sacados de los mismos nobles, que fueran capaces de armarlo y guiarlo en una rebelión contra sus gobernantes. Usualmente, el líder quedaba como único gobernante. La palabra týrannos equivale a lo que hoy llamaríamos “dictador”, que no necesariamente tenía el carácter de vicioso y cruel, tenía el significado de la persona que gobernaba sin haber heredado el poder. Asimov nos da varios ejemplos de tiranos que eran líderes bondadosos y amables y casi todos protegieron las artes y de las ciencias.

Cuán diversa es la concepción del tirano en nuestros días. Según María Moliner, el vocablo se aplica al “gobernante que impone su voluntad a sus súbditos sin sujeción a la razón ni a la justicia y, a veces, con crueldad”. Una palabra asociada es “déspota”. También, por extensión se dice de aquella persona que somete a su voluntad, poder o capricho a otros.

La tiranía se refiere a la cualidad o comportamiento de tirano, al gobierno tiránico, al abuso que se comete sometiendo a alguien a un poder o una voluntad despótica y, también, al dominio irresistible que ejerce un vicio o pasión sobre alguien. Me imagino que muchas de estas explicaciones sobran para muchos lectores perspicaces que han visto el desarrollo de nuestra política reciente.

Como puede suponerse, no todas las formas para llegar a ser un tirano son las mismas. La vida y la historia de los griegos nos aportan muchas luces. Vale la pena recordar a Gordias, un campesino en cuya carreta de bueyes se posó un águila. Esto, según el oráculo, quería decir que el carretero sería rey. Y, como sí lo fue, Gordias le ofrendó su carreta a Zeus y la ató con un complicado y enrevesado nudo. Como bien sabemos, la premonición decía que el que desatara ese nudo dominaría el Asia. Después de muchos fracasos llegó alguien más vivo y arrogante, y con su espada cortó el nudo gordiano. No es que Alejandro sea comparable con lo que tenemos ahora, pero con la espada o con otros medios turbios, se ha roto el nudo de nuestra constitución, la legalidad y el orden del Estado de derecho. Lo malo de ello es que la tiranía, en este caso no es amable ni es bondadosa.

Entre nosotros, son posibles el avasallamiento, la dictadura, el despotismo, la autocracia o el absolutismo, la intolerancia y el avasallamiento, con todas las consecuencias que con esas formas de gobierno se tienen. Solo se trata de hacerlo una vez, y de ahí en adelante todo es fácil. Quién iba a pensar que “trabajar, trabajar y trabajar” se iba a convertir en “dictar, dictar y dictar”. Dictar es decirle a otro lo que debe hacer o decir, como en los consejos comunitarios. O, decir o leer algo delante de una persona para que lo vaya escribiendo, como en el caso de dictar los textos del plebiscito, así se equivoquen en la redacción. Dictar también se refiere a inspirar una facultad intelectual o un sentimiento, como por ejemplo, “lo que dicta el sentido común”. Es evidente que no es nuestro caso. Aquí “el vencedor dicta sus condiciones al vencido”.

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