Un enigma

Antonio Caballero reflexiona sobre la manipulación de imágenes, a propósito del retrato que se emitió de Osama Bin Laden.

2011/05/24

Por Antonio Caballero

La manipulación de las imágenes es tan antigua como la existencia de las imágenes mismas. Uno piensa en las fotografías de Trotski en la revolución borradas de los libros por orden de Stalin en los años treinta. Pero lo cierto es que lo mismo sucedía hace cuatro mil años con las estatuas del faraón hereje Akenatón, en el antiguo Egipto. Y hace dos mil, a las de los emperadores de Roma su sucesor les cambiaba la cabeza por la suya propia. Y también en imágenes no visuales, sino verbales o musicales, se ha hecho esa trampa. En un himno a Afrodita se ponía el nombre de María Auxiliadora. Hace unos días, cuando la boda real inglesa, el cantante Elton John estuvo a punto de reciclar por segunda vez para la novia una canción que originalmente había compuesto para Marilyn Monroe y había adaptado después para los funerales de la princesa Diana. Si no repitió el truco fue solo porque esta vez la muchacha no era rubia.

 

También hace pocos días circuló por internet un tosco montaje fotográfico del presunto cadáver del recién cazado Osama bin Laden con la cara despedazada de un balazo, y varios periódicos y televisiones del mundo lo publicaron, creyéndolo una foto auténtica. ¿Por qué no iba a serlo? Hace siglos se rinde culto al Santo Sudario de Turín, del que se dice que amortajó a Cristo muerto y reproduce sus rasgos, aunque según una datación con carbono catorce se trata de una falsificación fabricada en la Edad Media. Pero puede ser a la vez las dos cosas: un original milagroso digno de veneración y un habilísimo fraude digno de admiración. Porque nunca sabemos con certeza cuáles imágenes son genuinas y cuáles han sido manipuladas en Fotoshop: fotos de actrices eternamente bellas como Amparo Grisales o de políticos perpetuamente jóvenes como Silvio Berlusconi, o de pájaros marinos falsamente embadurnados con el petróleo de las mareas negras.

 

O miren estas dos de aquí arriba. No es un montaje sin firma, como el del cadáver de la televisión. Es un cartel del FBI distribuido hace año y medio en los aeropuertos del mundo por la Oficina de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado de los Estados Unidos encabezando la lista de los criminales por los cuales se ofrecían recompensas, como en el Salvaje Oeste de las películas. En este caso, 25 millones de dólares. Es otra vez Bin Laden, o más exactamente el retrato imaginario de cómo se vería en enero de 2010 en caso de que le hubiera dado por quitarse el turbante para viajar de incógnito disfrazado de dirigente comunista español: de Gaspar Llamazares, jefe del partido Izquierda Unida, que es quien figura en la fotografía de la derecha, tomada de uno de sus posters electorales. Exactamente el mismo pelo rizado y gris, idéntica la larga arruga horizontal que le cruza la frente. Aunque los labios no son los mismos, la barba sí, descuidada y sucia. Pues es cosa sabida que todos los subversivos tienen barba: frondosa como la de Marx o rala como la del Che Guevara, en perilla de punta como la de Lenin o larga y enredada como la del Bin Laden verdadero. Y en cambio ¿quién ha visto a un presidente de los Estados Unidos dejarse la barba desde el asesinato de Abraham Lincoln?

(Bueno: los ha habido. Pero nadie va a acordarse de Rutherford B. Hayes o de James Garfield a estas horas de la vida).

 

El montaje salió en los periódicos, y al verlo Llamazares protestó indignado. El Departamento de Estado pidió disculpas y lo descolgó de internet, alegando que había sido hecho de manera inconsulta por un artista del FBI mezclando fragmentos de imágenes tomadas de Google para su retrato robot. “En Izquierda Unida no creemos en las casualidades”, replicó Llamazares, y anunció que demandaría ante la justicia al gobierno norteamericano por el abuso contra su buen nombre, o, más exactamente, contra su buena imagen. Porque, dijo, “estoy seguro de que Bin Laden no corre peligro, pero yo sí”.

 

Y eso plantea un enigma: ¿y si fuera Gaspar Llamazares el hombre matado a tiros por los norteamericanos en Abbotabad, cuyo cadáver fue arrojado clandestinamente al mar y del cual no quieren mostrar fotografías?

Que las muestren. O si no, que muestren a Gaspar Llamazares uniformado de naranja y con capucha, preso en Guantánamo.

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