Por Antonio Caballero

¿Un niño guerrillero?

Esta foto la publicó el periódico El Colombiano el 12 de febrero pasado en su primera página, bajo el título “Farc lidera el reclutamiento” y con la firma “cortesía ejército”. El pie de foto informa que en esa fecha “se conmemora el Día Internacional Contra el Reclutamiento de Menores”, para mí completamente desconocido.

2015/03/02

Por Antonio Caballero


El Colombiano

Esta foto la publicó el periódico El Colombiano el 12 de febrero pasado en su primera página, bajo el título “Farc lidera el reclutamiento” y con la firma “cortesía ejército”. El pie de foto informa que en esa fecha “se conmemora el Día Internacional Contra el Reclutamiento de Menores”, para mí completamente desconocido. Pero bueno: hay Día de la Madre, Día sin Carro, Día Contra el Uso Indiscriminado de Agroquímicos… Hay días para todo, tal como recomienda el Eclesiastés.

Es una buena foto, cuidadosamente encuadrada. En el fondo brillan los verdes de una vegetación espesa, recortados por una desordenada construcción de gruesos postes, vigas y tablones amarrados con cuerdas. En el medio plano, bien plantado sobre sus piernas y empuñando un fusil ametrallador, un desafiante niño guerrillero.

Pero ya dije que la firma el Ejército. Y al verlo, inevitablemente salta la duda: puede ser un montaje. Si la tomó el Ejército, eso significa que el niño fotografiado es o bien un guerrillero desmovilizado que posa para la cámara con su fusil ya descargado, o bien un niño a quien han vestido de guerrillero para tomarle la foto, como en aquella entrega de falsos guerrilleros de utilería de teatro que tiene en el exilio, por tramposo, a un ex comisionado de Paz. Si el Ejército ha matado civiles y los ha disfrazado de guerrilleros caídos en combate para engrosar las cifras de bajas enemigas, también puede haber disfrazado de guerrillero a un niño vivo: sería un “falso positivo” incruento, digamos: no hay cadáver.

Lo que entonces llama la atención es el disfraz. La cara del niño está pixelada con Photoshop para borrarla, en obediencia a la hipócrita reglamentación que permite armar a un niño con un fusil para tomarle una foto de propaganda, pero prohíbe que se le vea con nitidez la cara. El uniforme es negro: y nunca, que se sepa, han usado las Farc uniformes negros, que recuerdan los que visten los verdugos yihadistas del Estado Islámico en sus terroríficos videos publicitarios. Es negro de un negro casi luminoso de negrura. Inverosímilmente impoluto, como acabado de salir de la lavandería. También las botas que calza el niño parecen nuevecitas, con las suelas sin estrenar y vírgenes de toda mancha de barro o de polvo. Del fusil no sabría qué decir: si es propio de la guerrilla o de los militares; pero la información no sería de mucha utilidad si se tiene en cuenta que las Farc usan armamento procedente de 27 países distintos.

No queda claro, pues, si el personaje de la foto es de verdad un guerrillero. Pero ¿es un niño? La cara y el cuello no revelan nada, cubiertos por los pixeles. El brazo que asoma de la manga es el de un niño, pero el antebrazo y la mano parecen ya de adolescente. Y en todo caso, ¿hasta cuándo se es niño? Gabino, hoy comandante en jefe del eln, entró a la guerrilla a los 13 años. Pedro Pascasio Martínez, el soldado que capturó al jefe realista en la batalla de Boyacá y a quien Bolívar en persona ascendió al grado de sargento, tenía 12 años. Las Farc anunciaron en estos días su compromiso de no volver a reclutar menores de 17. El presidente se sorprendió: ¿por qué no de 18, que es la edad de votar? Según los negociadores de la guerrilla, la que fija la Convención de los Derechos del Niño es de 15. La edad legal para trabajar es también de 15. Y todavía se discute cuál debe ser la edad fijada para la imputabilidad penal de los delincuentes adolescentes.

La discusión es una muestra más del espíritu leguleyo que anima a todos los colombianos, desde los presidentes hasta los guerrilleros. Diga lo que diga la ley, el reclutamiento de niños para la guerra es una infamia. Pero su denuncia resultaría más convincente si se hiciera sin montajes fotográficos.

 

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