RevistaArcadia.com

What’s in a name?

Antonio Caballero reflexiona sobre la relación entre identidad, nombre y lengua.

2010/03/15

Por Antonio Caballero

Los cuatro soldados colombianos muertos hace unas cuantas semanas en las remotas guerras del Medio Oriente bajo uniforme del ejército español tenían apellidos castizamente castellanos: Ospina, Castaño, Vargas, Posada. Pero sus nombres de pila eran todos en inglés: Jason, Yeison, Jefferson, John Edison. Y para un inmigrante latinoamericano en España, como lo eran todos ellos, no es fácil llevar un nombre en un idioma extranjero. Así se lo cuenta al diario El Tiempo otra inmigrante colombiana llamada Darling (de apellido Vélez) que para poder seguir llamándose así tras adoptar la nacionalidad española tuvo que librar una larga batalla burocrática contra los funcionarios del Registro Civil. Querían que lo cambiara por uno “menos extravagante”. Ella se negó en redondo: “No me podía resignar a perder mi identidad”.?¿Está la identidad en el nombre? Más exacta y literalmente: ¿en el carné de identidad? Shakespeare, por ejemplo, o al menos la Julieta de Shakespeare, creía, o quería creer, que no: que su Romeo seguiría siendo el mismo aunque no se llamara igual. Preguntaba: what’s in a name

?“¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos rosa?bajo cualquier otro nombre olería igual de bien”.?¿Sí? ¿No? Vaya uno a saber. Un gran poeta de otra lengua, Rubén Darío, pensaba por su parte que la identidad no reside en el nombre que se lleva sino en la lengua que se habla:?“¿Seremos entregados a los bárbaros ?fieros

?¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés

”.?Y a juzgar por los nombres que hoy se ponen los latinoamericanos, esos mismos que Darío llamaba “cachorros del león español”, parecería que sus temores de invasión se han hecho realidad: esos Yeisons, esas Darlings... Pero el imperio de los nombres bárbaros y fieros no se debe a un triunfo de la ideología, sino de la eufonía. Resulta que a los padres de los Johns y de los Jeffersons les sonaban más bonitos (o quizás con más posibilidades de tener éxito en la vida) esos nombres foráneos que los ya suficientemente derrotados nombres locales de, digamos, Pedro, Pablo, Chucho, Jacinto y José. Del mismo modo que a los padres de Darío les sonaba mejor para su niño el de Félix Rubén, importado de España, que ese otro autóctono de su tierra que él menciona, extravagantemente, para apuntalar su propia preferencia por la lengua castellana frente a la inglesa invasora de los Estados Unidos. Cita en su famosa oda contra Roosevelt (y sin sospechar siquiera que a tantos de sus lectores les iban a poner de nombre de pila “Rusvel” el nombre mexica del poeta Netzahualcoyotl para defender a “la América ingenua que tiene sangre indígena, / que aún reza a Jesucristo y aún habla en español”.?¿Español? ¿Cuál? ¿El catalán que hablan en Cataluña, el euskera del País Vasco, el gallego, el valenciano, el bable de León? No: el castellano. Porque los padres de los actuales Yeisons no hacen cosa distinta de la del propio Darío, que da la primacía al ruido sobre el sentido, a la música sobre la letra, a la rima y la métrica sobre el significado. En ese par de versos que acabo de transcribir hay así nada menos que tres tergiversaciones de sentido: indígena es solo la sangre de los indios, cristiano es solo el rezo de los católicos romanos, español es solo la lengua de Castilla. Pero Rubén Darío se queda tan ancho y tan campante: la cosa le sonó bien.?Pero a lo mejor le hubiera sonado igual de bien, o mejor inclusive, en el nahuátl de Netzahualcoyotl, o en el maya de sus propios ancestros centroamericanos, si los vesánicos curas católicos hispánicos de la Conquista no hubieran destruido esas lenguas: el castellano obispo Diego de Landa que quemó todos los códices mayas, o el fraile vasco Juan de Zúñiga que hizo otro tanto con los aztecas. Porque así como en un nombre no hay necesariamente una identidad, como sospechaba la Julieta de Shakespeare, tampoco la hay necesariamente en una lengua, como pretendía Rubén Darío.?O bueno: yo no sé. A lo mejor sí.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.