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Zombis, aviones y plagiarios: los sopores del 2013

Como es costumbre, Nicolas Morales opina sobre lo peor del año: de la peor portada a la embarrada del año.

2013/12/12

Por Nicolás Morales

El 2013 también fue raro en lo que toca a los libros. Si bien no hubo un diamante que hiciera brillar el panorama local, sí tuvimos, como ya es costumbre, un par de pequeñas joyas por cuenta de las editoriales independientes: Los 34 cuentos cortos y un gatopájaro de Evelio Rosero, en Destiempo; el increíble Tercer ojo de Peter Kuper, en Editorial Robot, y el libro Alfabeto imaginario de Pombo, editado por La Silueta. Y sin queja alguna aceptamos a la poderosa Alice Munro como Nobel. Y, de un modo extraño, diré también que me gustó un libro de Walter Riso. Sin embargo, estos pequeños oasis no serían interesantes si no habláramos de toda la arena que los rodea y que, cuando sopla el viento, se nos mete en la nariz y no nos deja respirar. Estos son, pues, los sopores del 2013.

 

La embarrada del año. Santillana parece ser una gran editorial que no sabe que hay ilustradores en Colombia y, por no saber que en Colombia hay magníficos ilustradores, desesperada pregunta a los amigos de los hijos de una prestigiosa autora si alguien sabe dibujar imágenes de moda. El resultado es un libro con maravillosas ilustraciones (copiadas) que termina picado y que hace el milagro de congregar a abogados y medios en un escándalo banal de fin de año.

 

La avionada del año. William Ospina entrega un manuscrito a Planeta, literalmente Pa que se acabe la vaina. Nada ilegal, aunque me pregunto qué carita hicieron en su casa editorial, Penguin Random House, quienes, según parece, pagaron un suculento anticipo por su pase. Como algunos varones ilustres de Indias, Ospina sabe hacer negocios, porque la tierra es de quien la conquista, y más aún en la franja del amarillo oro.

 

La presentación del año. Pedro Alejo Vargas, director de la Casa de Poesía Silva, hizo la presentación del libro de poemas más importante del 2013: Que la paz sea contigo, del senador Roy Barreras. Nada más refrescante para un país y sus instituciones culturales que reconciliarse con la clase política, porque en medio de tanta polarización es lindo darse cuenta de que hasta Roy tiene alma de poeta.

 

La faltoneada del año. Proexport decide abandonar a última hora algunas ferias internacionales del libro con argumentos increíbles sobre la rentabilidad y el retorno. Bolonia y Fráncfort se quedaron sin patrocinio de este ente gubernamental. Y al gremio editorial le tocará pensar si sus emprendimientos están dirigidos hacia la producción de esa cada vez más improbable categoría de “capital cultural”, o si simplemente hablamos de “capital”.

 

Los “ni fu ni fa” del año. Algunos libros no funcionaron bien este año por falta de fe, otros porque eran flojitos y otros porque, francamente, eran pésimos. Lo cierto es que, durante el 2013, muchos pasaron sin pena ni gloria. Sin embargo, nadie logró ganarles a Hot sur de Laura Restrepo y Casablanca la bella de Fernando Vallejo, pesos pesados de la literatura nacional que puede que terminen siendo vendidos por peso a las bodegas de remates del Centro y Chapinero.

 

http://2.bp.blogspot.com/-FZa0RYiub8o/UchJZDp59mI/AAAAAAAABI8/y1gxnN1xmGo/s1600/32382_427941150634776_1449554097_n.jpgLa peor portada. Ellas se están comiendo al gato tiene la portada más frita del año. Y su autor, Miguel Ángel Manrique, debe estar mordiéndole el cerebro al diseñador de Roca Editores. Queremos esta casa de edición, por eso nos entristecemos cuando el zombi hace estragos en Illustrator.

 

La carta rara del año. El Malpensante les solicita una donación a sus suscriptores. En sí, la solicitud no es un sopor, pues es un estándar en todos los emprendimientos culturales de los últimos años. Una campaña de crowdfunding pueden llegar a verse cool. Lo increíble de esta historia es que la primera revista de ensayo literario y de no ficción en Colombia tenga que limosnear recursos de a poquitos porque parece que a nadie en los grandes presupuestos de las becas, los fondos y los estímulos públicos y privados parece importarle la labor que los independientes, más aún tras haberse consolidado, siguen haciendo.

 

La pregunta (y respuesta) del año. Margarita Vidal le dice al columnista Juan Esteban Constaín en Revista Credencial: “Usted tiene 33 años y es historiador, profesor, traductor, novelista, investigador, músico y columnista. ¿A qué horas se volvió tan culto”. Y nuestro escritor cae redondito: “Es solo que descubrí que para mí no había nada mejor que aprender cosas”. Como diría el ya no tan grande Fito Páez: Juan Esteban, plis, “no te dejes caer en las tumbas de la gloria”.

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