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25 años de Martirio

José Alejandro Cepeda reseña 25 años-En directo, un disco que reune las canciones más representativas de Martirio

2010/03/16

Por José Alejandro Cepeda

Detrás de unas gafas negras, peinetas geométricas e imponentes trajes, comenzó a esconderse hace 25 años una mujer nacida en Huelva llamada Maribel Quiñones, dejando salir a flote un personaje que con alma punk desafiaba a los puristas y la tradición de la copla española, cantándola como si hubiera encontrado el cruce de caminos maldito donde se reúnen el flamenco, el blues y el tango. Pero detrás de esas gafas, las peinetas y los trajes, no sólo se esconde la Martirio que irrumpió en los años setenta con el grupo Jarcha y luego en la escena underground de Madrid en los ochenta, de la mano de Kiko Veneno junto a Raimundo y Rafael Amador de los legendarios Pata Negra, sino parte de la historia de esa España ardiente que vivió la transición y que aquí encuentra una celebración por su supervivencia.

Hace un cuarto de siglo España vivía una de las épocas más creativas de su historia, donde músicos, actores, cineastas y artistas plásticos estaban dispuestos a acabar con el fantasma del franquismo, que había encerrado a la nación durante cuatro décadas. Se trataba de despertarla de su letargo, nada menos que en un contexto de democracia y reconocimiento europeo. Por esos días la alteración de los relatos, el humor negro y la experimentación eran bienvenidos, en una suerte de extravagancia que mezclaba la inocencia con lo trascendente. Esta Martirio, como si fuese un personaje de Almodóvar salido de la gran pantalla, comenzó a desclasificar la copla y el sentido folclórico que había estado atado al nacionalismo español de derecha –algo parecido a lo que le sucedió al merengue dominicano durante la cruenta dictadura de Trujillo–, otorgándole no sólo turbulencia y polémica, sino vínculos al jazz, el bolero y al repertorio hispanoamericano. Martirio logró mediante el disfraz sacar a su otra yo, la Maribel que no podía fluir durante la vieja España, y la que aún viniendo de sus entrañas era capaz de presentarla al mundo tradicional y profunda, audaz y moderna.

Con una carrera solista iniciada en tiempos de la movida madrileña, una docena de discos y múltiples colaboraciones (Chavela Vargas, Simón Díaz, Compay Segundo, Chano Domínguez, Lila Downs u Ojos de Brujo), Martirio ofrece en 25 años En directo no un grandes éxitos, sino un registro de lo esencial que la identifica por medio de las canciones que más ha cantado y obtenido un estilo propio. Acompañada por Raúl Rodríguez en la guitarra (su propio hijo y, hay que decirlo, no se respira nepotismo) y Jesús Lavilla en el piano, este audio grabado en vivo en Barcelona en octubre de 2008 permite revivir temas de la etapa con Veneno como El productor; Estoy mala, de su álbum debut; versiones dramáticas de clásicos latinoamericanos como Volver; sevillanas como Las mil calorías y visitas al fado como María la portuguesa. No falta La bien pagá ni coplas como Mi marío, hechas para desconcertar desde el escenario.

A 25 años de Martirio, éste disco hace justicia al personaje que creó Maribel y a una generación que luchó en medio de los excesos por mantenerse vigente y fuera del olvido, como aquel gran Antonio Vega que hace poco murió y en Colombia se desconoce. Un poco a la manera en que El Cigala y Bebo Valdez le han devuelto la desnudez a la música hispanoamericana. Tiene razón ella cuando afirma, “cuanto más elemental es el acompañamiento de la voz, más se expresa el corazón: más rito, más reto”.

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