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Amor Discos

Nicolás Mendoza reseña Crepúsculo, la primera película de la saga fantástica de la escritora Stephenie Meyer

2010/07/28

Por Nicolás Mendoza

Isabella Swan es la chica nueva del colegio en un frío pueblo norteamericano. El pequeño pueblo de Fork es constantemente bañado por la luz blanca de los días nublados, está rodeado por un bosque lúgubre de pinos gigantes, y es el escenario de una serie de muertes misteriosas. Isabella es en teoría una adolescente de bajo perfil, pero brilla por una belleza suave y demoledora, que va comprendiéndose poco a poco y que nos va hipnotizando a medida que pasan los minutos. Crepúsculo es la historia del enamoramiento entre ella y Edward Cullen, un vampiro joven que va al mismo colegio. Sin prisa, la directora, Catherine Hardwicke, establece un mundo sentimental creíble, en el cual vemos a los personajes sentir lo que están diciendo y pensar sobre lo que están sintiendo antes de hablar. Las actuaciones de Kristen Stewart y Robert Pattinson (Isabella y Edward) son lo suficientemente buenas como para que veamos cómo surge entre los dos una relación que rompe cualquier barrera porque no radica en la belleza sino en la manera en que la esencia del uno complementa la del otro. Es natural que una película sobre vampiros adolescentes norteamericanos enamorados parezca tonta sobre el papel, pero Crepúsculo logra contarnos esta historia aparentemente ridícula con fuerza porque se toma en serio la relación amorosa que nos está contando.

No es casual que el romance en Crepúsculo se parezca al de Romeo y Julieta (en este caso los enamorados no provienen de familias enfrentadas pero sí de especies incompatibles, que para efectos prácticos es lo mismo). La película puede leerse también como un intrincado sistema de referencias culturales que alude libremente a mitologías de toda índole. Un amor de leyenda, vampiros y hombres lobo, fábulas indígenas, una fiesta de graduación, Amazon y Google; como en una máquina del tiempo confluyen en Crepúsculo realidades diversas que deberían ser incongruentes. La película adopta todas estas mitologías de una manera orgánica para crear una especie de realidad paralela, un mundo en el cual habitan vampiro Edward Cullen y su familia, sin dejar de ser nuestro mundo. Un mundo gris y verde en el cual conviven Debussy y Linkin Park. Cuando le explican a Isabella que ellos no se alimentan de sangre humana sino animal y que por lo tanto se consideran vampiros “vegetarianos”, queda claro que Crepúsculo no tiene escrúpulos a la hora de apoyarse en la cultura popular de nuestros días para crear su versión propia de realismo mágico.

Crepúsculo es la primera entrega de una saga fantástica de la escritora Stephenie Meyer, compuesta por cuatro libros: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Despunte del amanecer. La saga ha sido un best seller comparable al fenómeno de Harry Potter, cuyas páginas han sido ya devoradas por millones de lectores (predominantemente adolescentes del género femenino). Si bien es cierto que la película está diseñada para dejar paralizadas (o hiperactivas) niñas entre los doce y diecisiete años, es necesario aclarar que esto no significa que sea cine chatarra: Crepúsculo se apoya en una cinematografía con un sabor fresco y contemporáneo basada en cámara al hombro y excelentes actuaciones para contarnos una historia íntima rica en temas universales. El resultado es una película sólida, genuinamente entretenida, y muy, muy romántica.

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