La agonía del Eros Byung-Chul Han Herder $42.800 80 páginas

Amor sin drama no es amor

Santiago Arcila Rodríguez reseña 'La agonía de Eros' de Byung-Chul Han.

2014/11/19

Por Santiago Arcila Rodríguez

 

En La agonía del Eros, Byung-Chul Han, filósofo coreano formado en Alemania, emprende un análisis de la sociedad contemporánea en donde desnuda las dinámicas que tienen en crisis al amor. La novedad de su propuesta radica en dirigir la mirada sobre “la erosión del otro, que tiene lugar en todos los ámbitos de la vida y va unida a un excesivo narcisismo de la propia mismidad”. Para Han, vivimos en una sociedad cada vez más narcisista, la misma que ya ha tratado en sus libros La sociedad del cansancio y La sociedad de la transparencia: caracterizada por sujetos agotados de sí mismos, inmersos en el infierno de lo igual. Consecuencia de ello es la depresión, una enfermedad tardo-moderna típicamente narcisista, en la que predomina una relación del sujeto “exagerada y patológicamente recargada consigo mismo”. Mientras la depresión provoca un desmoronamiento del sujeto, el Eros, plantea el autor, es capaz de arrebatarlo del ahogo en la mismidad para llevarlo fuera, hacia el encuentro con el otro. Encuentro descrito como devastadoramente alegre, revitalizante y transgresor.

Para Han, la depresión solo puede entenderse al pensar la sociedad donde aparece, en este caso la sociedad de rendimiento, en la que el sujeto está en la obligación de ser exitoso. Este sujeto es un empresario de sí mismo, un emprendedor que se esfuerza en cumplir con los imperativos que la productividad le impone: tú puedes, sé libre. Abocado al discurso de la iniciativa, la motivación y el proyecto de vida, este empresario de sí olvida que en él coinciden explotador y explotado, amo y esclavo, por lo que llama la atención que se trata de sujetos cansados, neuronalmente fatigados y con una imposibilidad enorme de identificar de dónde proviene el abuso, pues se trata de un autoabuso.

A través de un análisis del capitalismo, los medios de comunicación y la pornografía, Han sostiene que el amor también se ve afectado al ser reducido a la sexualidad, que a su vez se encuentra sometida al rendimiento. En este sentido, señala que la sensualidad es un capital a aumentar, que el cuerpo en su valor de exposición equivale a una mercancía y que el otro no se puede amar sino solo consumir. El otro no es un otro legítimo, está despojado de su alteridad, aplanado y reducido a objeto sexual, a cuerpo hiperexpuesto, es cosificado, “ya no es un tú”: el amor se traduce así en una ecuación de disfrute donde solo vale si genera sentimientos agradables; ya no es “ni una acción, ni una narración, ni ningún drama, solo una emoción y una excitación sin consecuencias…”.

Un punto realmente llamativo es la relación entre política y Eros, donde Han arremete contra el estado de la política actual, deserotizada debido a la hiperproductividad que impide espacios para el nosotros: “En una sociedad del cansancio, con sujetos de rendimiento aislados en sí mismos, se atrofia la valentía” para emprender proyectos comunes. Con suficiente claridad y fuerza, Han resalta la relación profunda que existe entre la acción política, que se establece en un deseo común por otra forma de vida más justa y mejor, y el Eros, que aparece como fuente de energía para la misma protesta.

Este libro logra sumergir al lector en medio del Eros, arrancarlo de la propia mismidad, des-interiorizarlo para que asista a la invitación que la alteridad de continuo le hace. Se trata, en últimas, de un trabajo conciso y sumamente refrescante que abre nuevas rutas para pensar las formas en las que habitamos la cotidianidad. Su discurso es contundente y esclarecedor, rico en referencias al cine, el arte, la literatura… Se trata de un trabajo que intenta reerotizar la fantasía para sacarla de la crisis en la que ha caído por la hipervisibilidad de los medios que no dejan rincones de misterio a donde dirigir la imaginación. Su apuesta es en definitiva un aliento erótico para reinventar el amor en tiempos en los que la vida buena se ha disuelto bajo el predominio de la mera vida, de la pura supervivencia.

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