34 cuentos cortos y un gatopájaro de Evelio Rosero

Animales de pelo y pluma

2013/08/16

Por Alberto de Brigard

La editorial Destiempo ha recogido en un librito breve y bonito una muy desigual colección de textos de Evelio Rosero, de los cuales solo sabemos que “aparecieron en diversos medios colombianos entre 1978 y 1981”, es decir, al comienzo de la carrera del autor. Hubiera sido interesante saber un poco más sobre dónde y cuándo apareció cada uno, porque los criterios de selección o de recopilación de este particular conjunto de textos son poco evidentes. ¿Son especialmente significativos como antecedentes de algunos temas importantes para el escritor? ¿Se los considera dignos de mejor divulgación de la que les ofrecieron las publicaciones efímeras que los acogieron por primera vez? ¿Rosero les tiene un afecto especial?

La taxonomía literaria es un oficio que en el siglo XXI tiene más o menos la misma utilidad que la reparación de estufas de carbón o el remallado de medias, de manera que no tiene mucho sentido preguntarse si algunos de estos párrafos titulados son en realidad cuentos, minicuentos o gatapájaros, prevención quizás implícita en el relato que cierra la colección. Sin embargo, sí es legítimo preguntarse qué espera (o qué obtiene) cada lector de un texto etiquetado como “cuento”. En ese sentido las treinta y cinco narraciones que nos ocupan son muy disímiles. En algunos casos tenemos personajes atractivos que merecerían más espacio para que pudiéramos conocer mejor su historia o interesarnos más por sus secretos; en otros hay el esbozo de escenas o de anécdotas que tienen la fascinación de los sueños pero, como estos, carecen de contexto y parecen flotar sin llegar nunca a adquirir sustancia o un centro de gravedad; por último, hay unos pocos que son francamente fallidos, en donde es difícil encontrar algo más que elegantes juegos del lenguaje, porque, eso sí, la prosa de Rosero es siempre atractiva, refinada, lejos del desaliño que nos ataca desde tanto impreso que circula por ahí.

Algunos relatos sobresalen con ventaja en este conjunto tan heterogéneo: “Dominga Dionisiano”, con el estupendo personaje de la viuda de un matarife, quien hereda el oficio y lo ejerce con habilidades inesperadas, que desestabilizan a los habitantes de la parroquia en la que vive. El otro es un cuentazo: “El guía”, una historia que en poquísimas páginas logra ser evocativa, terrorífica, poética y conjurar con gran poder imágenes de paisajes colombianos sin amansar y conflictos que por siglos no hemos logrado resolver; como las mejores obras del género consigue ser a la vez una historia bien redondeada y desafiar la imaginación del lector, dejando abiertas numerosas posibilidades de interpretación. En otro nivel también se destaca “Declaración de tres ancianas”, tal vez porque en él se intuye la semilla de las Lilias, el magistral grupo de arpías que determinan la tragedia de Los almuerzos, una de las grandes novelas de Rosero.

El rescate del olvido de las dos primeras narraciones mencionadas, que merecen figurar en cualquier antología del cuento colombiano del siglo pasado, es suficiente justificación para agradecer la aparición de este volumen y para invitar a muchos lectores a ir a su encuentro.

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