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Antes de la consumación

Gonzalo Mallarino reseña Antes de la consumación de María Clemencia Sánchez. Universidad Nacional, 2008 82 páginas

2010/07/02

Por Gonzalo Mallarino

Este poemario de María Clemencia Sánchez está escrito con cuidado, con cierto cuidado intelectual, inclusive con cierto gusto culto y literario, y sin embargo no nos toca ni el corazón ni el inconsciente. ¿Por qué?

Porque María Clemencia va a tener que arriesgar mucho más, va a tener que entender que la poesía es una caída muy brutal en la hondura, en las cavidades vacías y opacas de uno mismo y de la condición humana. Allí donde ella está, está demasiado serena, demasiado cómoda, demasiado en control de la situación. Y la poesía es una desesperación, un quebrantamiento que nos cuesta lágrimas. Sombras en la frente y bajos los párpados. Y claro, también a veces risas y amorosos ademanes.

La autora es poeta, qué duda cabe. Tiene la intuición del poeta, la inclinación, la mirada, la piel llena de poros y de gotas del poeta. Pero no canta todavía porque no halla su voz, no la deja surgir desde las tripas, desde las costillas que le dan sustento, desde los líquidos que la recorren bajo su piel de mujer.

Ya no queremos más poemas a los personajes de los libros, a las lecturas que nos han conmovido; ya no queremos más lugares de artificio, creados por los poetas solo para oírse la voz a ellos mismos. Con las mismas palabras, los mismos guiños, las mismas poses, para reconocerse y admirarse unos a otros, como si estuvieran convocados en un palacio frío y agotado.

No, hay que salir de allí a, la vida, a los caminos. María Clemencia es poeta, lo reconocemos, pero tiene que ser más sincera, más verdadera, más honda. Tiene, además, que leer a los poetas de su tradición, tiene que leer más a Carranza, a Aurelio Arturo, a Mario Rivero o a Rogelio Echavarría. Tiene que volver a leer a Salinas, a Aleixandre, a Juan Ramón y a don Antonio Machado. Y a San Juan de la Cruz, y a don Jorge Manrique. Estoy seguro de que así, sin peligro de caer en anacronismo, se acercará íntimamente a la prosodia, al genio de su idioma. Esa es su tradición, no lo anglosajón, no lo extraño.

María Clemencia tiene que aventurar mucho más. Este es su segundo libro de versos, impreso en una colección importante como es la de la Universidad Nacional, pero ella está en mora con nosotros. Ya sabemos que puede escribir poemas, que los sabe confeccionar, que los puede alzar del piso casi de la nada. Pero queremos verle el corazón, los pulmones. Queremos oírla hablar de ese padre que se fue, de ese amor que podría terminarse y doblarla de dolor. Hablarnos de los momentos y los lugares de su pesadumbre y su llanto y su dicha. Lugares que son sitios de la casa o de la alcoba, o comarcas, o ámbitos psicológicos y sensitivos que son de ella y la definen.

Yo no desaconsejo leer Antes de la consumación, pero digo lo que digo. Y no solo a los lectores de esta revista, sino a ella, a la autora.

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